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Mando Único: los mitos de la seguridad / Pedro Peñaloza

  • Pedro Peñaloza

La historia de las luchas por el poder sigue estando casi totalmente oculta. El saber no entra en ello: eso no debe saberse.

Michel Foucault

Primer mito. Unificar a la Policía garantiza la seguridad de los habitantes. La lógica simplista y engañosa radica en expandir la idea de que la Policía garantiza tranquilidad y seguridad a los parroquianos. No es nueva ni mucho menos original esta forma de mirar la realidad. El origen está anclado con una exigencia de las sociedades del control, a saber, el Estado requiere de un grupo armado fiel e incondicional que reprima a los “rebeldes”.

Segundo mito. Seguridad Pública igual a orden público. La clase política dominante está plagada de ignorancia, por supuesto proveniente del desinterés y del cinismo de una atmosfera de privilegios. Confundir orden con seguridad no tiene perdón, aunque los teóricos de lo superfluo se esmeren en tratar de hacernos creer que la violencia del Estado es seguridad. Sin embargo, se omite decir que la seguridad de los habitantes no se ubica en el número de policías que tiene a su alrededor, sino en los satisfactores que se pueden obtener para mejorar las condiciones de vida. Eso sí, el orden es empuñar las armas, los códigos punitivos y la cárcel. Parece ser que esta distancia conceptual entre seguridad y orden no la alcanzan a comprender ni los gobernantes ni sus caros asesores.

Tercer mito. Los gobernadores tienen la capacidad de dirigir a la Policía y los presidentes municipales no. Como consecuencia de una construcción lineal de la seguridad, pero con evidentes intenciones políticas, los inquilinos transitorios de Los Pinos y de Bucareli han esparcido una opereta que coloca la supremacía de las policías estatales sobre las municipales. Evidentemente observar así la distancia o cercanía entre los cuerpos policíacos conduce a un maniqueísmo absurdo e insostenible ¿acaso las policías estatales de Jalisco son mejores que las de la zona conurbada? o ¿las de Nuevo León resultan más eficaces que las de Monterrey y otros municipios conurbados? La lista es larga. ¿Quién puede asegurar que los policías estatales están mejor capacitados y certificados que los municipales, si del total de agentes sometidos a los exámenes de control de confianza, 55 por ciento de los reprobados fueron estatales? Como se ve, el torbellino de dogmas se quiere imponer a martillazos.

Cuarto mito. Las 32 policías estatales del futuro Mando Único no pactarán con la delincuencia organizada. Este discurso es absurdo e irreal, puesto que supondría que la delincuencia organizada y en especial el narcotráfico serán bloqueados y eventualmente eliminados con la centralización policíaca. En realidad, sin subterfugios demagógicos, habría que subrayar que el escenario posible es que solo se cambien y se encarezcan las interlocuciones, es decir, pasar de los acuerdos del narcotráfico con presidentes municipales a los convenios con los gobernadores o en el mejor de los casos con el jefe policíaco estatal. Dicho en lenguaje sencillo: aumentar la cuota de negociación.

Quinto mito. Todas las policías municipales son corruptas y vulnerables. La premisa que subyace en esta frase determinista es que todos los cuerpos policiales estatales son honrados. La ausencia de matices es grosera. Ni una ni otra premisa son verdaderas.

Sexto mito. Las policías estatales serán formadas con criterios militares. Los múltiples conflictos de distinta índole que se presentan en los municipios, que no están vinculados a delitos federales, como pueden ser, violencia intrafamiliar o robos moleculares, no podrán ser atendidos por esa “moderna” Policía estatal. Sus prioridades serán otras.

pedropenaloza@yahoo.com / Twitter: @pedro_penaloz