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Marasmo criminal al alza

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

Contra todas las promesas de bienestar y de crecimiento económico que fueron ofrecidas de modo reiterado por las administraciones de Gobierno de los últimos cinco sexenios y, en particular, por la actual, la frustración e impotencia ciudadanas frente a las cada vez más descaradas y descarnadas; impunidad, corrupción e inequidad total en la distribución de la riqueza están escalando de forma alarmante la irascibilidad y el coraje de los ciudadanos que, inermes, son día a día víctimas de la inseguridad que se abate sobre la sociedad en pleno, mientras la criminalidad campea sin freno en todos los confines de la República, comprendidos los estados que hasta hace muy poco se creían los más seguros del territorio nacional, como en el caso de Yucatán. De esta manera, de uno y otro lado la violencia sigue al alza manifestándose en formas cada vez más cruentas, mientras la fe ciudadana en el Gobierno y en el sistema de justicia yace quebrantada, prácticamente herida de muerte.

¡Y cómo no estarlo, si septiembre es ahora el nuevo mes más negro en lo que va del sexenio por cuanto al número de homicidios: 1974, cifra que ha superado la que se tuvo en diciembre de 2012 de 1,726, y ¡vaya usted, señor lector, a saber cuál es la cifra verdadera! Ello, a pesar de que a finales de agosto el presidente de la República había dado indicaciones al Gabinete de Seguridad para que, junto a las autoridades locales, se pusiera “en marcha una estrategia de atención integral a los 50 municipios que concentran el 42 por ciento de los homicidios dolosos que hoy se están cometiendo en el país”. ¿Sólo 50? Lamentablemente no es así, ojalá lo fuera. Sin embargo, el repunte de la criminalidad es generalizado, más allá del alza homicida en 23 estados de la República en los últimos meses, en septiembre se ha alcanzado también el mayor número de robos y lesiones dolosas en lo que va de 2016. Ello, sin contar que a finales de 2015 los 10 municipios con mayor número de homicidios fueron: Acapulco, Tijuana, Culiacán, Ecatepec, Ciudad Juárez, Chilpancingo, Guadalajara, Iztapalapa, Zapopan y Ciudad Nezahualcóyotl. Crímenes que lo mismo ciegan la vida del ciudadano común, que derivan de los “ajustes de cuentas” entre grupos de la delincuencia organizada (por más que diga el jefe de Gobierno de la Ciudad de México que aquí no la hay) y cada vez con mayor frecuencia a servidores del poder Judicial como ocurrió con el magistrado Vicente Antonio Bermúdez en el Estado de México, a tal grado que el propio Consejo de la Judicatura Federal pondera disponer de 70 camionetas blindadas para la protección de magistrados y jueces. ¿Con ello se evitarán nuevas tragedias? ¡Claro que no, si tan solo a nivel federal estamos hablando de un millar de funcionarios!

Lo trágico es que la galopante violencia que tiene postrada a la Nación es producto de la crisis política, económica y social que está haciendo añicos a nuestro México mientras el Gobierno no acierta a instrumentar mecanismos que permitan revertir las tendencias depobreza, corrupción y criminalidad que nos están pulverizando en todos los órdenes. A este punto ¿qué hacen los partidos políticos? Luchar por la perpetuación e incremento de sus prerrogativas y concentrarse en la cada vez más próxima contienda para elegir candidatos a la Presidencia sin mediar ideología alguna ni credo político que no sea el poder en sí mismo. ¿Y los diputados y senadores? Legislar al margen de la soberanía popular -mancillando y desnaturalizando a la Constitución Política en vísperas de su centenario- y legitimar la sangría económica y despojo de todo tipo de derechos al pueblo de México –comenzando por sus propios, cínicos y ofensivos incrementos salariales-, al grado de promover un incremento millonario inédito por concepto de pago de deuda externa superior al 51 por ciento del presupuesto de egresos y sobrevalorar al dólar en contra de toda lógica política económica. Ante tal marasmo, presuntas fugas de altos funcionarios como la del gobernador de Veracruz resultan por demás absurdas. ¿Quién las puede creer? Y el colmo: ahora el propio presidente de la República reconoce que “se aceleró” al invitar a Trump, parece mentira que tenga mejor visión política y diplomática Vicente Fernández que él.

Sí, con profundo pesar la ciudadanía advierte que la esperanza de un verdadero cambio está cada vez más lejana. Una y otra vez constata que llegue quien llegue al poder, sea del partido que sea, es el pueblo el único sacrificado. La pregunta final: ¿cuánto más podrá resistir antes de estallar nuestro México profundo?
bettyzanolli@gmail.com        @BettyZanolli