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María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

No es voto por Hillary… sino en contra de Trump

Desde Miami

Amanecí el miércoles viendo la televisión después de las primarias en Indiana. Me despierto con un analista que muy serio dice al auditorio: “Ahora sí que hay que preocuparse, porque por primera vez la posibilidad es grande y real: que Donald Trump sea efectivamente el próximo presidente de los Estados Unidos”.

Me quedé impávida como quedaron los miles que siguen las noticias de estas primarias. Trump, cual aplanadora, había arrasado hasta con sus rivales: dejando a todos boquiabiertos se retiraba de la contienda Ted Cruz, que con el insulto de Trump, quien afirmó que el padre de Cruz había sido aliado de Lee Harvey Oswald, el asesino de John F.Kennedy, no resistió más y se fue a su casa. Después se iría el gobernador de Ohio y quedaba el magnate al frente y como único candidato. No importaba nada: era el menos favorecido por mujeres, afroamericanos y latinos, pero ahí estaba.

Carmela Castillo, una trabajadora de origen nicaragüense pero ciudadana norteamericana, es votante registrada y sorprende por lo que dice de su filiación republicana:

“Yo no voy a votar por Hillary porque no hay bolsillo que resista más del Obamacare de los demócratas que nos ha acabado a los más pobres durante ocho años, así que voy a votar por Trump que nos va a hacer ricos a todos y no sécómo le va a hacer México para pagar el muro, pero ese será su problema, además –sigue diciendo- no sé cómo la gente sigue votando demócrata si es claro que el presidente que más gente ha deportado es Obama. Partida de hipócritas. Por eso no veo mal a Trump”.

Le explico a Carmela que votar pensando así es no tener responsabilidad por el futuro. Pero no tengo que gastar mi tiempo convenciendo a futuros votantes. Alguien más lo hace por mí.

Es una mexicana que recientemente se ha hecho ciudadana.

“A mi alrededor, en mi casa hay historias de tristeza porque muchos no tienen documentos. En mi trabajo conozco también los testimonios de jóvenes de son ‘Dreamers’ y que han obtenido por lo menos ese alto a las deportaciones que es hasta hoy la orden presidencial de Obama, pero entre todos nosotros estos son días difíciles, pensando en lo que se va a venir. ¿Con qué cabeza los hispanos, sabiendo cómo este rico que se ha hecho político, nos insulta y no les importa votar por él?”.

Las conversaciones llenan cualquier “ventanita” de café de las que abundan por todo Miami, ciertamente una ciudad de gran filiación republicana en el sur de la Florida… Lo que abundan son las opiniones.

“Ahora queda ver lo que la campana de Trump haga –dice alguien más- Quizá lo convenzan de que un presidente no puede tener la agresividad a flor de piel en su discurso, que eso, lejos de ayudar, ahuyenta votantes”.

Otra voz tercia:

“Es probable que si el discurso cambia, entonces los números ayuden a hacerle entender que, si quiere ganarle a Hillary Clinton, tiene que parar los insultos, llamar a la reconciliación dentro de su partido donde la mayoría conservadora tiene aún la boca abierta de verlo llegar sin enemigo al frente, a una convención donde creyeron que llegaría para verse derrotado, no para coronarlo esa noche como su candidato único”.

Un hombre de clase media finaliza con algo que realmente invita a la reflexión:

“Si Trump no entiende todas esas cosas, entonces se encontrara en noviembre con una gran votación en su contra. ¿Quiénes habrán votado por Hillary? Seguramente quienes digan: No voto por ella sino doy mi voto contra Donald Trump”.

Para ese resultado solo habrá que esperar para ver.