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María Antonieta Collins

  • María Antonieta Collins

¿Hay votantes para Sanders y Hillary?

Desde Ciudad de Guatemala

Nos hemos vuelto masoquistas. Creí que solo éramos los hispanos de los EU, pero resulta que no. Viendo los noticieros en este país, creo que se trata de una epidemia, porque hablar de Donald Trump, en donde sea, es materia de noticia, por lo menos cada semana de elecciones primarias, por lo pronto. Pensaba que con este viaje iba a descansar de verlo burlarse de alguien o por lo menos componer algún escándalo que hubiera provocado, pero me equivoqué.

Si la semana anterior había comenzado “caliente” con lo del publicista que llamaba hace veinticinco años a los periódicos y revistas para dar información de sus pasos con las mujeres famosas y que no era otro que el mismo Trump, las cosas terminaron el martes pasado con la contundente victoria, sin enemigo al frente, de las primarias donde con solo cien delegados más, pasará del status de candidato republicano “presumible” a oficial del viejo y conservador partido del elefante.

¿Ve cómo hasta yo caigo en medio del pandemónium? ¡Resulta que de lo que le iba a hablar era de otra cosa, electoral, sí, pero otra cosa, como lo es la inexplicable popularidad de Bernie Sanders con los jóvenes que le han dado un espaldarazo increíble que revitaliza peligrosamente, no solo para Hillary Clinton, su campaña. No lo entiendo.

Y no lo entiendo, porque Sanders significa un desafío incomprensible también para los analistas que saben que para ganar la candidatura de un partido a la  Presidencia de los EU, “la apariencia física es algo más que importante”.

¿Qué hace que este hombre de gesto severo, incapaz de sonreír, que señala con el dedo deformado por la artritis, encorvado, nada glamoroso, despeinado y ¡para colmo socialista en el país del capitalismo! Y que ¿Tenga las victorias que ha logrado?

Me dice un analista:

“Es parte de llegarle a los jóvenes con las promesas que en realidad él no podrá cumplir, como por ejemplo, que va a terminar con las deudas de los préstamos universitarios y que en los EU se podrá estudiar gratuitamente sin que cueste un solo centavo.”

Ja, ja. Respondo. Como millones de padres yo también cargo con la responsabilidad de los préstamos estudiantiles de mi hija menor. Y sé que lo que Sanders dice no es más que demagogia pura en busca de los votos que podría tener por otras razones Hillary Clinton.

Un maquillista amigo mío al que le tocó arreglar a Sanders en uno de los debates demócratas,  me contaba una anécdota que va con la personalidad de este político…

“Me tocó maquillarlo. Como sé que muchos hombres no solo rechazan el maquillaje por considerarlo femenino y además porque no les interesa su imagen, en cuanto tuve al señor Sanders sentado en la silla, amablemente me presenté y le di las buenas noches al tiempo que le decía que estaba para servirle y que si tenía alguna preferencia de maquillaje que por favor me lo hiciera saber. Para mi sorpresa, este hombre ni siquiera levantó la mirada de los papeles que leía para verme, y sin siquiera atender –por educación- lo que yo le preguntaba, ni me miró y dijo. No necesito nada. Me quedé “cortado” por su falta de atención. Es un cascarrabias, venía de “pocas pulgas” pero en un hombre que se encuentra haciendo campaña política, lo mínimo es decir, no gracias, o haga lo que mejor pueda”

A mí no me llamó la atención el relato. Lo que preocupa es que las matemáticas hagan un truco y en una situación hasta ahora inimaginable, Sanders le ganara a Hillary la nominación demócrata… entonces sí que “a correr se ha dicho”. Porque traduciendo uno de los últimos mensajes de Trump donde alaba a Sanders, eso significa solo una cosa: que sea Sanders y no Hillary el candidato… que así yo podre ganarle rápidamente. No hay comparación entre Trump y Sanders, quien ante el billonario magnate, sería “un pan suave para comer”.

En fin, que la pregunta que debiera hacerse cualquiera, es la misma de muchos: ¿tiene madera para enfrentar a Trump en un debate y en la elección de noviembre? Bien dice mi adorado Juan Gabriel: “lo que se ve no se pregunta”.