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Más fiascos de Política Exterior

  • Alejandro Díaz

  • Alejandro Díaz

Después de la criticada invitación al candidato Trump a Los Pinos se creyó que no podría pasar algo peor en las relaciones internacionales de México, pero recientemente no solo sucedió un caso aún más grave, sino dos. Se decidió una moción que generó críticas y presiones, pero el intento de corrección en verdad sí fue grave.

Todos los días hábiles, distintos organismos internacionales reúnen a los representantes de los países integrantes para tomar resoluciones, algunas trascendentes, otras declarativas. Para llegar a ellas, los países defienden sus políticas de Estado. Mientras “las potencias muestran su músculo”, la mayoría de países intentan encontrar un consenso que incluya los distintos intereses.

México ha tenido por décadas una política responsable y consistente en materia internacional que le ha ganado un amplio reconocimiento. Ha logrado mantenerse independiente de todas las potencias al buscar la cercanía del resto de los países, alcanzando un liderazgo que debe cuidar.

El doble tropiezo del actual Gobierno ante la UNESCO (iniciales en inglés del organismo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) va en contra de ese liderazgo. En vez de decidir abstenerse devotar en una resolución declarativa que enfrentó a Estados Unidos e Israel.

Sin entrar al fondo del asunto, la decisión más sabia -y la que México tradicionalmente ha adoptado- es no enfrentar a estos países (ni a los activos “lobbies” judíos) sin alejarse del consenso internacional. Pero en la votación sobre la denominación de unos lugares sacros en Jerusalén oriental no se hizo así: México estuvo entre los 24 que la apoyaron frente los 6 que estuvieron en contra de la resolución adversa a las aspiraciones israelíes. Como no influyó v en el resultado de la votación no se resaltó que 26 países se abstuvieron (entre ellos la mayoría de los latinoamericanos) y dos no se presentaron a la votación, pero que muestran un disenso.

Pareció que México se unió a la mayoría de países que sí votaron, hasta que intervino la comunidad judía mexicana. Éstas le recordaron al Presidente y a la secretaria de Relaciones Exteriores la conversación mantenida en el viaje al sepelio de Shimon Peres unas semanas atrás y la oferta mexicana de apoyar la opinión israelí.

Apenas se dio la reclamación, la Secretaría de Relaciones Exteriores ordenó la destitución del Representante Permanente de México ante la UNESCO como queriendo significar que el problema había sido que no había seguido instrucciones. Pero inmediatamente incurrió en algo peor.

En contra de procedimientos de los organismos internacionales la secretaria Ruiz Massieu solicitó infructuosamente cambiar el sentido del voto mexicano a “abstención” en esa resolución. El Gobierno mexicano no solo mostró desconocimiento de los procedimientos sino también que no existe una clara política internacional. Si la secretaria (y sus asesores) hubieran seguido la tradicional política exterior mexicana de abstenerse en esos casos, le habrían ahorrado a México -y al Gobierno en su conjunto- estos fiascos mayúsculos.

daaiadpd@hotmail.com