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Más pobres y más inseguros

  • Benjamín González Roaro

Indudablemente, el mayor fracaso para un Gobierno es no haber resuelto aquellos problemas relacionados con el bienestar de los ciudadanos; en este caso, el de sus condiciones de vida y la seguridad.

Apenas el pasado mes de marzo, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) presentó su “Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2016”. Uno de sus resultados más preocupantes es que, en el año 2014, la pobreza aumentó de 45.5 a 46.2 por ciento, esto se traduce en un incremento de dos millones más de pobres.

Otro dato dramático, es que siete de cada 10 personas indígenas se encuentran en pobreza y de éstas, tres de cada 10 en situación extrema. Por si fuera poco, el 45.9 por ciento de los adultos mayores de 65 años también se ubica en pobreza: 37.4 en una condición moderada y el 8.5 en extrema.

Sin embargo, lo verdaderamente inexplicable es que dicho Informe haya detectado un total de cinco mil 491 programas y acciones de desarrollo social: 233 de carácter federal dos mil 528 estatales y dos mil 730 a nivel municipal.

Así es, existen miles de programas y recursos, pero algo no está funcionado. Ante esto, lo único evidente es el nivel de descoordinación, desarticulación, corrupción y opacidad que existe entre niveles de Gobierno para el manejo de esos recursos destinados a la política social.

A la pobreza no se le puede hacer frente de manera coyuntural y con fines políticos. En este caso me refiero a la actual campaña electoral del PRI -particularmente en el Estado de México-, en donde vemos un completo derroche de recursos a través de despensas, tarjetas o monederos electrónicos, ferias de servicios, jornadas de salud, etc.

Una vez concluidos los procesos electorales, los pobres volverán a quedar en el olvido, con la única certeza de que en los próximos tres o seis años, nuevamente serán tomados en cuenta para entregarles diversos apoyos a cambio de su voto.

El segundo tema que me interesa destacar es el de la inseguridad: todo México, sin excepción, es cada día más inseguro y peligroso.

A principios de este 2017, en la “Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana”, el INEGI sostuvo que la población se siente insegura en cajeros automáticos, transporte público, bancos, calles que transitan, mercados, carreteras, parques o centros recreativos, automóvil y centros comerciales. Frente a esto, lo único que cabe preguntar es ¿entonces en qué lugar vamos a estar seguros?

Hace apenas tres semanas, a través de la misma encuesta, pero correspondiente a marzo, nos enteramos que el municipio de Ecatepec es el más inseguro del país, le sigue Villahermosa, Chilpancingo y la zona norte de la Ciudad de México (Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza e Iztacalco). Y, a nivel nacional, el 72.9 por ciento de la población adulta considera que vivir en su ciudad es inseguro.

En materia de seguridad, el Gobierno federal también ha fracasado rotundamente. El Estado de México, particularmente Ecatepec, es el mejor ejemplo de que para el PRI los ciudadanos solo representan votos y no más.

Afortunadamente -y guardada toda proporción- tenemos la experiencia de la reciente elección presidencial en Francia, en donde la sociedad expresó su contundente rechazo a la ineficacia de los partidos tradicionales. Ojalá que los partidos políticos de México aprendieran la lección.