imagotipo

Mauricio Góngora, o el triunfo de la legitimidad / Sin Gafete / Isabel Arvide

  • Isabel Arvide

Los protagonistas de la elección interna, uno detrás de otro, me han dicho entre compungidos y asombrados: Es que no iba a ser el candidato.

Esta negación repetida es lo que mejor califica el ungimiento de Mauricio Góngora como candidato priísta al Gobierno de Quintana Roo.

No es, no podía haber sido nunca, el candidato de los intereses establecidos.

Por eso su triunfo alegra tanto, tan profundamente.

A lo largo de los meses previos al destape, que fueron infinitamente desgastantes para la vida política local, Mauricio sonreía. Tomaba aire, sonreía, estaba en lo suyo, cada día. Mientras a su alrededor se ensalzaba al que sí iba a ser, al elegido, al que tenía el futuro en sus manos. Y los demás, públicamente presentes, tiraban patadas debajo de la mesa, se indignaban, estiraban las señales inútilmente.

Quienes han participado en una elección abierta del PRI saben que no hay etapa más devastadora. En Quintana Roo estuvo presente, además, el protagonismo extremo de José Luis “Chanito” Toledo. No había inauguración, baile o reunión en que no estuviese presente, son sus reflectores y el inmenso sequito. Todo, absolutamente todo, indicaba que era dueño de la pelota, el campo de beisbol, el aguador y las porras.

Bola cantada, pues.

Mauricio es un hombre que viene, literal, de abajo. De la realidad de millones de mexicanos que solamente cuentan con su trabajo, con el esfuerzo continuado para encontrar su lugar en la vida. Ningún padrinazgo, ningún patrocinio, ningún compadrazgo.

Yo supe de él, la primera vez, hace un sexenio, porque Félix González me dijo que era su amigo de niños, de “jugar canicas” juntos y que en su Gobierno no había tenido ningún puesto de primer nivel.

Hasta en eso Mauricio ha estado lejos del amparo de algún cuate. El senador, exgobernador, pieza importante en el mapa del Estado, Félix, se abstuvo de pronunciarse a su favor… o cómo hubiese aportado tanto, en contra de “Chanito”. Tan escrita estaba la historia.

Mauricio había sido un pundoroso secretario de finanzas, accesible a diferencia de la pesadilla que era tratar con su antecesor, Freddy Marrufo, con un perfil intencionalmente técnico.

Tan solo la realidad de una deuda pública enorme tendría que haberlo hecho, en automático, el hombre con mayor posibilidad de ser candidato. No fue así.

Había querido ser presidente municipal desde la elección anterior, cuando la negociación de Félix con Carlos Joaquín, frente a la candidatura de Roberto Borge, le entregó el gobierno de Solidaridad. No se pudo, lo entendió, se disciplinó en el más viejo estilo… y esperó, con una inmensa paciencia.

Cuando llegó a esa posición, después de una campaña sin derroches, demostró en cada programa de Gobierno que buscaba construir una sociedad donde cada uno de los habitantes tuviese igual peso en el momento de las decisiones. Complicado gobernar para quienes conforman una sociedad dinámica, moderna, exigente, muy libre. Para quienes viven en Playa del Carmen, su cabecera que concentra casi la totalidad de los habitantes, con sus propios valores.

No solamente lo logró, sino que recibió reconocimientos internacionales por sus políticas incluyentes. Consiguió que la seguridad fuese norma en época de infinita llegada de visitantes. Playa es un ejemplo mundial de convivencia pacífica y plena de permeabilidad social.

Incorporó por igual a mujeres que a viejitos a la vida productiva, trabajó para quienes menos tienen sin demagogia. Trabajó, trabajó, trabajó y siguió trabajando mientras otro se llevaba todos los reflectores.

¿Por qué es el candidato del PRI, el que seguramente va a ganar la elección? Porque la realidad no se puede negar por decreto. Porque en sus inicios el PRI fue el partido político del pueblo, donde aquellos con talento, imaginación, trabajo, perseverancia podían llegar al poder sin riqueza ni padrinazgo. Porque existe justicia poética. Porque todos los astros de la política se alinearon a su favor.

Mauricio es uno de los mejores seres humanos que he conocido en más de cuatro décadas de estar frente al poder político. Es un marido, un padre, un hijo excepcional y amoroso. Un ser humano en el que se puede confiar plenamente. Y es, también, el único con capacidad de conseguir, como dijo Manlio Fabio Beltrones en su protesta, que el país le devuelva a Quintana Roo lo mucho que le ha dado…

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx