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Mazahuas

  • Bazar de la cultura: Juan Amael Vizzuette Olvera

Los prodigios mazahuas en el Museo Franz Mayer

“Desafío a su mejor maestro a que iguale esta creación mazahua”, les dijo un empresario mexicano a los ejecutivos de una famosa corporación bávara, mientras les mostraba una pieza de arte popular. La perfección de aquel trabajo convenció a los exigentes directivos europeos. Actualmente, la exposición “Arte-objeto mazahua”, del Museo Franz Mayer permite apreciar el talento y el esfuerzo de esa comunidad.

El director del Franz Mayer, Héctor Rivero Borrell, define al bordado mazahua como un arte vivo. No se trata de un arte detenido en formas del pasado. Cuando se aplica al arte-objeto, se adapta a los requerimientos del mundo urbano actual.

MUNDOS EN MINIATURA

“Lo primero que me atrajo de sus bordados fue lo elegante y complejo de sus formas, así como el sentido innato que tienen para combinar forma y color (…) crean piezas de una armonía extraordinaria”, explica la curadora de la muestra, Isabel Quijano León, en el catálogo que edita el Museo Franz Mayer.

Muchos mexicanos no están conscientes de que los artistas mazahuas comparten un rasgo esencial con los de Japón, China y Corea: su sensibilidad hacia la naturaleza, fuente de formas y símbolos. Las aves silvestres y de corral, la flora y la fauna, todo lo que perciben los sentidos se estiliza en los bordados para crear mundos en
miniatura.

“La estética mazahua es barroca, sea en bandas horizontales simétricas, sea sobre superficies rectangulares en aparente asimetría; todo espacio blanco será llenado por otro elemento en perfecta armonía. Los diseños textiles reflejan significados de su rica cosmovisión”, comenta la coordinadora Marta Turok Wallace.

La maestra bordadora Angélica Reyes Martínez, asistió al recorrido de prensa ataviada con el atuendo actual de la mujer mazahua, porque la tradición se transforma: blusa blanquísima con holanes de encaje, falda bordada con grecas rojinegras, un amplio mandil rojo pálido, rebozo cruzado sobre el hombro izquierdo y un fino morral con
bordados geométricos.

La vocación mazahua por la elegancia celebra la vida a través de cada prenda, a la vez única y comunitaria. La mujer mazahua expresa su individualidad y su pertenencia a una cultura que valora la identidad colectiva.

Los atavíos urbanos, fabricados en serie, rutinarios, idénticos de una ciudad a otra, de un continente a otro, palidecen ante la distinción de la visitante, llegada de San Felipe Santiago, Villa de Allende, Estado de México.

La maestra Angélica Reyes Martínez, con las suaves maneras que en la arisca ciudad se olvidaron hace mucho tiempo, dialoga serenamente con quienes se le acercan. Al dirigirse a ella, el citadino intuitivamente suaviza la voz, consciente de que se halla en presencia de una artista.

Los mazahuas observan el campo cuando realizan sus faenas. Luego, ya en sus talleres, recrean a través del bordado su experiencia. Proceden como los artistas de la antigua China, que en vez de llevarse sus instrumentos al campo, a la manera de los maestros occidentales, recorrían los paisajes, y más tarde, ya en sus estudios, los plasmaban sobre el papel. Lo esencial, para los orientales y los mazahuas, no es reproducir miméticamente a la naturaleza, sino expresar aquello que más les impresiona de ella.
EL TALENTO Y LA ARMONÍA

La voz de la maestra Angélica Reyes Martínez transmite la serenidad de quien ejercela paciencia, la exactitud y la imaginación para crear sus obras. Da la impresión de que las jornadas, tan extensas, que le dedica al arte del bordado, le permiten meditar a la manera de los místicos. Quien dialoga con ella se olvida momentáneamente del frenesí urbano. En los corredores coloniales del Museo Franz Mayer parece hallarse como en su casa, quizá porque guardan el sosiego de otros tiempos. La artista refiere que, tradicionalmente, los hombres de la comunidad también se dedicaban al bordado, pero ante las bajas ventas, tuvieron que salir a buscar oportunidades en Toluca o en la capital. Sin embargo, algunos aún permanecen en San Felipe Santiago y en sus tiempos libres, producen bordados.

También cuenta que hay niños de la comunidad que se inician en este arte, a menudo mucho menos valorado de lo que se merece. La coleccionista Ruth Lechuga, apasionada de las artes populares, fue una de las investigadoras que mejor supo apreciar el talento mazahua, y en la nueva exposición hay 12 de las piezas que reunió.

Isabel Quijano ha trabajado durante dos décadas con la comunidad mazahua. Es una de las mayores conocedoras de su arte: “Desde ese primer día, los bordados de sus mujeres me cautivaron de tal manera que, desde entonces hasta la fecha despertaron mi admiración”, declara en el catálogo.

Quijano León añade: “Lo primero que me atrajo de sus bordados fue lo elegante y complejo de sus formas, así como el sentido innato que tienen para combinar forma y color, con ello crean piezas de una armonía extraordinaria”.

La curadora advierte que las bordadoras mazahuas van más allá del punto de cruz, ya que cada cruz se entrelaza con la anterior y con la siguiente, lo que forma una trenza o espiga. Así se producen los efectos visuales que distinguen a esta comunidad.

Isabel Quijano informa que las bordadoras han conservado las técnicas tradicionales del hilvanado, el pepenado y el “lomillo”, también conocido como bordado de “dos agujas”.

Esas técnicas, explica en el catálogo la curadora de la exposición, provienen de la propia indumentaria femenil de San Felipe Santiago: “Llevan bajo su falda de satín un fondo de manta, con una cenefa bordada con punto de dos agujas en la parte inferior a la que llaman ‘ruedo’. Ésta es la pieza más significativa de su indumentaria, porque es la que les otorga su identidad y de la cual deriva su actividad artesanal”.

Isabel Quijano también advierte que son muy pocas las mazahuas que portan aún el atuendo tradicional; los hombres ya lo descartaron por completo. La discriminación fue una de las causas, otra, el cuidado que exigen las prendas artesanales y la cantidad de horas que se invierte en la confección de cada prenda.

En muchas comunidades de otros continentes, del Japón o Alemania, por ejemplo, se viste la ropa moderna para las actividades diarias, y en las ceremonias y festividades se portan las prendas tradicionales. Así se conserva el legado cultural.

Por cierto, una película francesa titulada precisamente “Las bordadoras” (2004), de Eléonore Faucher, tiene como protagonista a “Madame Melikian” (Ariane Ascaride), maestra de este arte y a una inesperada discípula. Madame Melikian trabaja para las casas de alta costura parisinas.

Quien asista a la exposición comprobará que el talento mazahua merece que se le descubra en el ámbito internacional.

Marta Turok opina que estas obras expresan la rica cosmovisión de la cultura que las crea: “Los venados en diversas posiciones, son la máxima representación que simboliza a Mazatli-Tecutli, “Señor de los Venados”, ser fundacional del pueblo mazahua”.

El planeta Venus, el astro más brillante de la noche, que desde la antigüedad intrigó a tantas culturas, es otro de los símbolos del bordado mazahua. Se le representa como una estrella de ocho puntas; la planta del maíz, la macpalxóchitl o “flor de la manita”, el viento, el agua, son otros elementos que el arte de este pueblo integra a sus piezas.

En la exposición se podrá conocer el arte-objeto que actualmente crean las bordadoras mazahuas; los interesados en iniciarse en el coleccionismo de estas piezas podrán obtener información al respecto. El día 23 de mayo habrá un encuentro de arte popular en el marco de la exposición.

La muestra permanecerá abierta hasta el 25 de junio, en Avenida Hidalgo 45, Plaza de la Santa Veracruz, Centro Histórico. El Museo Franz Mayer cumple así con su labor en el apoyo a nuestro arte popular, le toca ahora al público secundar este esfuerzo. Como lo expresan los estudiosos del arte popular mexicano, para que éste se preserve, se necesitan productores jóvenes y consumidores jóvenes.

Para mayores informas puede visitar el sitio www.franzmayer.org.mx