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Medios alternos de solución de controversias Caso, Ciudad de México / Una Tras Otra / Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

La semana pasada, el Presidente del Tribunal Superior de la ciudad capital, Edgar Elías Azar, manifestaba una honda preocupación. En los diferentes juzgados, dependientes de esa entidad, 25 mil expedientes de solicitud de divorcio se amontonaban, esperando sentencia.

A la vez que expresaba tal inquietud, por el incremento (aunque no dijo con precisión el porcentaje), vino a mi mente la complicación, tanto social como administrativa para resolver tales casos.

No me voy a meter, por supuesto, a dar alguna receta del cómo, para salvar tales matrimonios. Seguramente con las nuevas disposiciones legales habrá pláticas de avenimiento y otras maneras de encontrar respuestas.

Mi aportación se refiere única y llanamente al mundanal de papel que tendrá que correr para determinar las peticiones hechas por los demandantes de la ciudad. Veamos.

Muchos países, como China, Italia, Francia; Argentina, Chile, han dado en hacer uso de una mecánica que ya empieza a hacer historia en distintos Estados del país y en la SCJN. Quizá Puebla fue uno de los primeros en ponerlo en práctica. Del análisis de tales casos, derivan muchas conjeturas, como lo saben quienes han sido beneficiarios de tales novedades jurídicas.

Una premisa es la principal aportación de estos medios: ganar, ganar. Pareciera una quimera, el hecho de pensar que en una controversia, las partes (usualmente confrontadas) pudieran resultar satisfechas del resultado de sus demandas. Ver para creer, pero es cierto.

Sin que sea yo experto en el tema, una buena parte de la solución de lo que plantea el Magistrado Azar, puede ser el incremento de estas opciones, con diversos desenlaces positivos. Veamos.

Si bien los litigantes, en principio, se oponían por la posibilidad de perder clientela, los mismos resultados han hecho que ellos tengan sus honorarios, como si hubieran llevado un litigio normal.

Consecuencia de lo visto puede ser:

Las partes en conflicto resultarán beneficiadas si se someten a ese mecanismo que lo lleva un profesional bien calificado y entrenado. El mediador hace eso: mediar, no interviene a favor de alguna de las partes. Eso provoca que, quienes están luchando por ganar, vean que no hay alguien que intente atacarlos (como en el caso de un Agente del Ministerio Público o un Fiscal).

En segunda, el mediador no permite que se interfiera en el correcto o interesado planteamiento del asunto. Al mediar, ayuda a que el pleito no afecte a las partes.

Muchos casos se podrían arreglar como las famosas 25 mil solicitudes de divorcio. Y no para allí. También pueden ser beneficiadas, ramas como la mercantil, civil, laboral y, hasta penal, con limitantes.

Me tocó presenciar algún conflicto de más de 30 años, laboral, resolverse en tan sólo cuatro meses. Y, ese es otro de los atractivos, se puede ganar mucho tiempo.

Volviendo al caso de los litigantes, otra de las opciones, para desahogar el cúmulo de expedientes, pudieran ser despachos de particulares quienes, certificados, llevaran a cabo tales avenimientos, con consecuencias jurídicas. Esto tampoco es novedad, ya han corrido versiones para poder lograrse.

Para los ortodoxos, una similitud, pueden ser los diáconos católicos, seglares, quienes auxilian en diversas partes del rito, hasta suministrar la comunión, otrora sólo exclusivamente por sacerdotes, consagrados.

Lo verdaderamente importante del tema es el resultado. En un juzgado normal, alguien gana, alguien pierde. Aquí, los resultados son diferentes y, rápidos.
jaimealcantara2005@hotmail.com