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Megalopolitanos, restringidos y afligidos | Punto de referencia | Daniel Aceves Villagrán

  • Daniel Aceves Villagrán

través del tiempo la propensión de los seres humanos ha sido concentrarse en zonas geográficas donde los recursos disponibles o su posición privilegiada representen una ventaja para el desarrollo y el crecimiento de estos asentamientos, fenómeno que ha dado paso a que en los últimos años se haya acuñado el concepto de megalópolis, para hacer referencia a la unión de varias áreas metropolitanas de grandes dimensiones que por su crecimiento, expansión y cercanía entre ellas, las lleva entre otros ámbitos, a la convergencia e interacción social, económica y política, de tal suerte que esta configuración tiene efectos positivos, toda vez que acelera, por ejemplo, la socialización que vitalizan a las ciudades, a la par, generan también severas dificultades para sus pobladores, como es la contaminación ambiental, ya que al ser áreas en donde el consumo de energía es por grandes cantidades, propician muy altos niveles de contaminantes, originando con ello, entre otras causas, mayor dependencia al transporte terrestre. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire es un importante riesgo para la salud de las personas, sin distingo si se presenta en países desarrollados o en vías de desarrollo, debido a la morbilidad que deriva en accidentes cardiovasculares, cánceres de pulmón, neuropatías crónicas y agudas, por lo que la contaminación ambiental representa uno de los problemas de mayor importancia para las agendas a nivel mundial. En los últimos días los “megalopolitanos”, habitantes de la zona abarcada por seis entidades federativas y atendidas desde 2013 por la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), hemos padecido los efectos derivados de la contingencia ambiental, que se establece al rebasar en el aire los índices promedio de ozono, dióxido de azufre y de nitrógeno, monóxido de carbono y partículas menores a 10 micrómetros; lo anterior ha llevado a las autoridades a anunciar “nuevas medidas” ambientales, que no hace más que presagiar que se volverán a cometer los mismos errores del pasado, como sucedió con un Reglamento de Tránsito articulado de forma deficiente. Uno de los ejes centrales para la planificación y puesta en marcha de estas iniciativas es ponderar la salud pública, porque los altos niveles de contaminación ocasionan problemas económicos y sociales de alto impacto. La estrategia a seguir tiene que cimentarse en políticas de desarrollo del territorio y el correcto uso de suelo, que regule la desenfrenada expansión de la megalópolis y así equilibre la densidad poblacional de la zona; además de promover, fomentar y adoptar tecnologías limpias, con incentivos para la adquisición de vehículos híbridos o eléctricos, el retiro parcial de la circulación de vehículos contaminantes, que no necesariamente son los de uso particular, priorizar transporte urbano no contaminante y de circulación continua, es decir, sin que hagan “base” dentro de las áreas metropolitanas, no acotar la circulación vial, toda vez que los congestionamientos aumentan la emisión de gases contaminantes, mejorar la eficiencia energética de los centros de trabajo, mejorar los combustibles para menor emisión de gases contaminantes, hacer rentable la generación y uso de energías renovables como la solar, asimismo promover y mejorar el manejo de desechos para procesamiento y conversión en energías, así como la adecuada separación para reciclado de materiales. Medidas como la del doble Hoy no Circula impactan a millones de habitantes del Valle de México, desequilibran horarios, actividades y generan molestias, reconocemos la necesidad de implementar acciones que contribuyan a reducir los altos niveles de contaminación atmosférica, sin embargo, desigualitarias restricciones para la circulación vial, no son opción.

danielacevesv@yahoo.com.mx

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