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Mejorar la condición de las mujeres rurales, un reto mayor / Graciela Ortiz González

  • Graciela Ortiz

El pasado jueves 15 de octubre se conmemoró, a nivel mundial, el “Día de la Mujer Rural”, celebración impulsada desde 1995 por un grupo de organizaciones no gubernamentales durante la Cuarta Conferencia Internacional de la ONU Sobre las Mujeres, realizada en Beijing.

El propósito central de esa celebración es el de reconocer, y desde luego apoyar, impulsar y mejorar la función y contribución que hacen las mujeres que viven en comunidades rurales, especialmente las de raíz indígena, al desarrollo agrícola y rural, y que impacta en la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural, con el trabajo que desempeñan en su entorno familiar y comunitario.

La importancia de la acción de las mujeres rurales puede entenderse mejor al conocer y examinar algunos datos que aportan distintas organizaciones e instituciones del mundo: un estudio de la ONU realizado en el año 2014 estima que de las personas que padecen de hambre crónica en nuestro planeta, el 60 por ciento son mujeres y niñas.

La FAO, en estudios similares, revela que la cuarta parte de la población mundial está constituida por mujeres rurales y que en los países en desarrollo, entre los que se cuenta México, las mujeres rurales aportan alrededor del 43 por ciento de la mano de obra agrícola.

En México, el INEGI encontró que en el año 2014 la población que habita en comunidades rurales, estimando como tales a las que tienen menos de dos mil 500 habitantes, totalizaba 27.8 millones de personas, de las cuales 14.1 millones, poco más de la mitad, eran mujeres.

El 35.4 por ciento de las mujeres rurales no contaba con servicios de salud, y de las que pudieron hacer uso de esos servicios, el 61 por ciento fueron atendidas en el Seguro Popular, el 13 por ciento en el IMSS y el dos por ciento en el ISSSTE.

Se ha reducido la tasa de fecundidad en las zonas rurales, al pasar de 3.92 hijos por mujer en 1997, a 2.8 en 2014; pero el 16.7 por ciento de las jóvenes mujeres rurales de entre 15 y 19 años de edad ya tiene al menos un hijo, mientras que en ese rango de edad en las zonas urbanas el porcentaje es de 10.4.

En lo que respecta a educación, hay tres veces más mujeres analfabetas en las zonas rurales que en las urbanas; casi el siete por ciento de niñas de seis a 14 años no asistía a la escuela en 2010 y casi el 65 por ciento de las mujeres mayores de 15 años, en las zonas rurales, no tenía la educación básica completa en el año 2011, según datos del INEGI.

Del total de las mujeres residentes en localidades rurales mayores de 15 años de edad, el 17.4 por ciento declaró haber padecido violencia emocional, 13 por ciento violencia económica, 4.1 por ciento violencia física y 2.8 por ciento violencia sexual.

Sin embargo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de las Mujeres, las mujeres rurales ocupadas suman, en 2015, más de tres millones de personas, es decir, el 16 por ciento del total de la población femenina ocupada en el país.

Es evidente que los datos anteriores contrastan con la importancia de la participación en las actividades económicas, en la conservación y fortaleza de la unidad familiar, en el mejoramiento de sus comunidades, donde se involucran mayoritariamente las mujeres.

En esa dirección, debemos reconocer que en el paquete presupuestal para el próximo año, que el Ejecutivo federal envió al Congreso de la Unión, se haya propuesto un programa específico para alentar e impulsar proyectos productivos en zonas rurales, que estén mejor organizados y que les permitan tener mejores condiciones de vida.

Con el impulso del Gobierno, es importante incorporar en esa tarea a las organizaciones de la sociedad civil, que representan un riquísimo recurso humano que tiene sensibilidad, entusiasmo y responsabilidad que no solo complementan, sino incrementan las posibilidades de respuesta y solución a muchas condiciones y situaciones que requieren resolverse en las distintas regiones geográficas del país.

La igualdad económica, política y social de la mujer por la que se ha luchado tanto y desde hace tanto, tiene en la problemática de las mujeres rurales uno de sus mayores retos, y hay que enfrentarlo cuanto antes.
* Senadora de la República por el Estado de Chihuahua, presidenta de la Comisión de Estudios Legislativos del Senado, LXIII Legislatura.

graciela.ortiz.glez@gog.org.mx

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