imagotipo

Mente Sana

  • Tomás López

  • Tomás López

Una tarea nada sencilla dentro del trabajo de salud mental, es analizar los mitos del amor, puesto que ocasiona que disfrutemos al máximo el amor romántico sin sacrificios, con mayor
libertad y respeto.

Así pues entremos en materia:

Mito 1: “Es para siempre”. El amor se siente tan bien que quisiéramos que fuera eterno. Pero las personas crecen, maduran (a veces), cambian, siguen su propio camino y no necesariamente será compatible con el de su pareja.

Cada relación tiene su propio ciclo y aunque sea por poco tiempo, también puede enriquecer tu vida.

Así que disfrútalo mientras dure y agradece la oportunidad de vivir esa experiencia junto a otra persona.

Mito 2: “Si no es perfecto, entonces no es amor”. El amor no es un acto de magia que automáticamente componga la vida de dos personas: hay que conocerse, aprender a dar y a recibir, a discutir los problemas con respeto y a negociar su solución de forma equitativa y afectuosa. Nada es perfecto, pero la recompensa por esforzarse en tener una buena relación vale mucho la pena. Por cierto, una de las tareas más difíciles, es aceptar al otro con su problemática historia, que incluye errores, vicios, enfermedades, estilos de ser y reaccionar ante los conflictos.

Mito 3: “El amor todo lo puede”. Este mito nos lleva a pensar que nuestro amor puede conseguir que nuestra pareja “cambie para bien”. En primera, lo ideal es querer a las personas por lo que son, no por lo que podrían ser. En segunda, si necesitas que tu pareja cambie porque no te trata con respeto o es una persona autodestructiva, tienes que ser consciente de que eso no depende de ti, sino de tu pareja: aunque pudieras ser una influencia positiva, mejorar su vida no es tu responsabilidad. Y la decisión de hacerlo será siempre suya solamente.

Mito 4: “Si me cela es porque me quiere”. Este es uno de los mitos más peligrosos, pues muchas veces ayuda a justificar conductas violentas disfrazándolas de amor. Los celos tienen que ver más con la inseguridad de tu pareja que con el amor, y parten de la idea de que le perteneces, como si fueras un objeto y no una persona. ¡No permitas que limite tu forma de vestir, tu círculo de amistades o relaciones familiares bajo esta excusa! ¡No le hagas al cuento! Prueba vivir tus relaciones de otra manera. Te darás cuenta de que al rechazar estos mitos el amor no deja de ser increíble y emocionante: simplemente podrás vivirlo sin sacrificios ni angustias innecesarias, quizá incluso mejor que como en los cuentos o las películas. Tú mereces relaciones plenas y felices.

Además, si no sabes poner límites, lo más seguro es que cambies al amor por codependencia.

Y es que la sensación de bienestar, placer, relajación, las alucinaciones, las palpitaciones, la necesidad de consumirlo y hasta la abstinencia no solo son sensaciones experimentadas por personas codependientes a las drogas, los enamorados también pueden sentirlas de manera mucho más frecuente de lo
que imaginas.

Y es que en el enamoramiento se producen sustancias como las endorfinas y encefalinas, las cuales producen los mismos efectos que el opio.

Mientras los sentidos son la puerta, las feromonas son la invitación a que el amor inicie.

En la guerra química, hormonal y eléctrica, las feromonas, sustancias que secretamos en axilas y entrepiernas, son quienes encabezan la batalla, pues son ellas las causantes de nuestro aroma.

En un estudio de la Escuela de Estudios Superiores de Acatlán, de la UNAM, señala que estas sustancias son detectadas por el órgano vomeronasal, ubicado en la nariz. En esta etapa, de inmediato se dispara una señal eléctrica al cerebro, que llega al tálamo, núcleo que participa en dos grupos de sensaciones: discriminativas y afectivas.

Durante este metabolismo bioquímico, el cerebro actúa y comienza a liberar neurotransmisores, como feniletilamina, la cual promueve el impulso genético de la
reproducción.

Ya que ésta inunda el cerebro, aparecen la dopamina, la norepinefrina y la serotonina, y continúa hasta la oxitocina.

Cada sustancia tiene su función: la dopamina, se encarga de generar un estado de felicidad; la norepinefrina provoca la sensación de mariposas en el estómago y la dilatación de pupilas; la serotonina produce exaltación y euforia; y la oxitocina está relacionada con lo sexual y las conductas maternal y paternal.

O sea, si realizáramos una resonancia magnética del cerebro de una persona durante la primera oleada de amor, observaríamos zonas bloqueadas como la del habla, la de la visión periférica y la del oído. No escuchamos bien, no vemos bien, no hablamos ni caminamos bien,  parece broma, pero no lo es.

A su vez, las endorfinas y encefalinas también se producen en esta etapa; estos neurotransmisores se originan en el sistema nervioso central y son los responsables de modular el dolor, temperatura corporal, hambre y funciones reproductivas.

Así es que brindan tranquilidad biológica interna, y hacen sentir unas ganas enormes de reír. Por ello nos dicen: “se ve que estás enamorado”. Y es que no podemos ocultar el amor.

Lealtad y fidelidad. Actitudes relacionadas con intelecto, no instintivas. El enamoramiento es un fenómeno humano con bases biológicas, incrustado en el material genético, por tanto, no tienen relación con el corazón.
Ese sí es el mito romántico.

Los cisnes, las ballenas, los lobos, pingüinos y algunos ratones se mantienen con una sola pareja toda su vida gracias a que tienen una hormona denominada de la fidelidad. Sin embargo, a los humanos, la naturaleza nos lo dejó a nuestro juicio, detalla el estudio de la UNAM.

“Para nosotros, la lealtad con los amigos y la fidelidad con la pareja es un evento superior que se genera en la corteza cerebral, en el mismo lugar que se crean el juicio y la toma de decisiones” añade.

Aunque hormonas, la oxitocina en la mujer y la vasopresina en varones, estimulan el deseo de estar juntos, éste es un constante sube y baja.

El deseo de vivir en pareja, casarse o mantenerse juntos por años es una elección del intelecto, no es una acción biológica. El amor intelectual es más fuerte ya que no está cimentado en instintos, sino en la razón, concluyó el mencionado estudio de la FES Acatlán.

Por cierto ojo: la pasión caduca con el tiempo.

La pasión tiene caducidad, ésta puede durar entre cuatro y siete años debido a que la atracción bioquímica se agota. No se podría vivir enamorado toda la vida, es muy agotador.
MEDIO METRO PARA ENAMORARSE

Las relaciones que se establecen vía internet, práctica común y actual, no pasan por esta etapa biológica, ya que se requiere una distancia máxima de 50 metros para enamorarse.
MUJERES ENFERMAS DE AMOR

En el siglo XIX, psicólogos y psiquiatras prescribían medicamentos para curar el amor, e internaban a las mujeres en instituciones mentales por padecer un estado histérico amoroso…

tomaslopezo@yahoo.com.mx