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Mercaderes del escarnio / Numerados

  • Camilo Kawage

  • Camilo Kawage Vera

1.- “Ninguno de los que estamos aquí estudiamos para perseguir delincuentes. Nuestra idea, nuestra profesión es otra, y se está desnaturalizando”. Fue la menos grave de las sentencias del general secretario de la Defensa Nacional en un mensaje cáustico y a profundidad que emitió para reflejar el ánimo de justificada insatisfacción en que se encuentran las Fuerzas Armadas del país al ajustarse 10 años de lo que formalmente se reconoce como su salida a las calles a combatir el crimen, que es tarea policiaca. El alto mando militar aprovechó una ceremonia en la fábrica de vestuario y equipo del Ejército para dirigirse al país a través de los reporteros de la fuente de la Defensa, en un tono desusado en su contundencia y sonoridad.

2.- Los mexicanos quieren que estemos en los cuarteles. Yo soy el primero en levantar las dos manos para que volvamos a nuestras tareas constitucionales, dijo el divisionario, al afirmar que la seguridad interior no es jurisdicción directa del Ejército, sino de la Secretaría de Gobernación, que debería insistir al Legislativo para aprobar la legislación por tanto tiempo pendiente en la materia y reclamó al Judicial la puerta revolvente por la que salen en automático los delincuentes que las Fuerzas Armadas capturan, a altísimo costo, no pocas veces de su propia vida. Debió hacer un nuevo recordatorio a los gobiernos estatales sobre la capacitación policiaca, siempre reprobada.

3.- Lo que no fue desusado fue la claridad, la precisión y la severidad con la que habló el general Cienfuegos. Expresó el sentir de todos los mexicanos –salvo las voces de sobra conocidas- respecto a la tarea que desempeñan las Fuerzas Armadas en esa función específica, en la que amén de perseguir criminales y erradicar el veneno del narcotráfico, tienen que afrontar a las autoridades legalmente encargadas de hacerlo; a otras instancias del gobierno, a los valedores de delincuentes y a los vividores de la inestabilidad.

4.- Las voces que conocemos de sobra son las de publicistas que medran de la subversión tras el parapeto del periodismo; las que engordan sus haberes con el escarnio de las Fuerzas Armadas vestido de hondos reportajes de investigación; las que en contubernio con agrupaciones de defensa de derechos humanos retuercen y alimentan el desprecio a todo lo que de noble y generoso tenemos en el Heroico Ejército Mexicano, para perturbar aún más la paz y la serenidad públicas; las que en el más cobarde abuso de la ignorancia, atascan medios sociales para abonar al odio hacia el poder constituido; son las voces que comercian con la injusticia, que desprecian la vida, y que hacen apología del crimen, a las que conviene el vilipendio de las Fuerzas Armadas.

5.- Tiene toda razón el general Cienfuegos cuando habla del enorme desgaste de los soldados, si antes de atravesar sierras, peñas, cañadas, montañas, cavernas y drenajes para atrapar peligrosos criminales deben pasar la aduana de los derechos humanos –el más injusto tamiz y el más oscuro rincón de la arbitrariedad-; el filtro predispuesto de una opinión pública presa de la codicia y la mezquindad; y la amenaza de ser sometidos a un jurado que ya sentenció en su contra por violar las libertades de los asesinos. Ante esos enemigos, prefieren incumplir las órdenes y ser castigados por desobediencia. Quién no.

6.- El respeto, el prestigio, la garantía de las Fuerzas Armadas de tierra, mar y aire merecen toda la gratitud del pueblo del que provienen, al que se deben y por el que prendan su vida. No se trata de cuarteles o montañas: es el honor de la República.
camilo@kawage.com