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Merecerlo todo

  • Federico Ling Sanz

Federico A. Ling Sanz Cerrada

Se dice que una de las características principales de la generación “Millenial” (es decir, aquellos que nacieron aproximadamente entre los años de 1980 y 2000) es que creen merecerlo todo. La generación “Y” como también se le conoce a este grupo de personas, goza de un alto nivel de tolerancia y confianza en sí mismos, pero también son profundamente narcisistas y creen merecerlo todo. Y pues nada, se me vino a la mente esta característica porque creo que es un mal que nos aqueja profundamente a todos. La sociedad global, sin importar país, condición o nacionalidad, goza de un terrible sentido de merecimiento que está acabando con las fronteras de lo permisible y nos está llevando a la ruina. Me explico a continuación.

En mi opinión personal, nuestra sociedad profundamente occidentalizada y que ha copiado muchas conductas de los Estados Unidos, es una sociedad en donde varios grupos, no solamente los “Millenials” creen merecerlo todo. En inglés el término que utilizan es “entitlement”, es decir, que por el simple hecho de ser, deben recibir. Lo que sea: beneficios, trabajos, buenos sueldos, condiciones favorables, etcétera. Y no estamos diciendo que no exista el deber institucional de garantizar ciertas cosas para todos los ciudadanos, como por ejemplo el derecho a la libertad de expresión, de asociación, de nacionalidad, de creencias religiosas, etcétera. Pero esos son derechos y por supuesto que todos tenemos acceso a ello; pero yo hablo de las cosas intangibles que muchas veces no se ven. Lo que trato de decir es que pertenecemos a una generación y a una sociedad que cree que merece cosas o posiciones sin tener que hacer un esfuerzo para hacerse acreedor a ello. Y la línea es difícil de dibujar. Por ejemplo, todos tenemos derecho a un trabajo digno y que nos pague adecuadamente, pero de allí en fuera, el resto del reconocimiento tendrá que venir de nuestro esfuerzo y de nuestros resultados.

Pienso en todos aquellos inconformes que están manifestándose en la Ciudad de México por una cantidad inexplicable de razones (otras lo son legítimas). Pero en muchas ocasiones los sindicatos quieren prebendas y privilegios a cambio de nada; a costa de no cerrar las vialidades o los aeropuertos. Los maestros no quieren evaluación para que su trabajo no esté ligado al desempeño. Entiendo la preocupación que todos tenemos de nuestro trabajo y de nuestras condiciones laborales, pero por otro lado, no podemos exigir aquello que no estamos dispuestos a dar. Es decir, si no hacemos un esfuerzo propio y ponemos lo que está de nuestra parte, entonces no somos merecedores de nada. El problema es confundir privilegios con derechos.

Pero todos tenemos que ser conscientes de esto y actuar de acuerdo a nuestra ética personal. Tenemos que dejar de pensar que el gobierno arreglará todos nuestros problemas y debemos pensar en cómo nosotros podemos cambiar un poco nuestra realidad. No es necesario que el gobierno haga grandes cambios, pero sí es necesario que cada uno se comporte conforme a la ética profesional, personal y social. El sentido de merecer debe conllevar un esfuerzo. Por supuesto que si alguien merece recibir algo, ya sea un salario, una promoción, un reconocimiento o algo por el estilo, entonces que se le conceda, pero que esté tomado en cuenta con base en el esfuerzo que hizo para ganar aquello. Lo que no es permitido es merecer cosas “de a gratis”, porque justamente esta condición nos acabará de arruinar como sociedad. Si alguien quiere más ejemplos, que vea lo que pasa cuando un padre le concede todo a los hijos: se vuelven inútiles después.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información