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Merkel y el muro

  • Raúl Carrancá y Rivas

En su reciente visita a México la canciller alemana, Angela Merkel, dijo que “hay que luchar contra las causas que mueven a las personas a abandonar sus hogares, hay que crear al menos la perspectiva de que va a mejorar la vida de la gente y por supuesto de los jóvenes”. Agregó que “la migración ilegal es otra de las caras del crimen organizado y no son los muros los que nos hacen exitosos, sino las sociedades abiertas que construyen valores comunes”. Palabras contundentes y claras pronunciadas en el reciente panel “Alemania y México”. Es de recordar, al respecto, que Alemania es un socio comercial muy importante para México, y que nos tiende definitivamente la mano frente a las arbitrariedades de Trump. Educación y migración destacan en las anteriores declaraciones, siendo la migración ilegal carne de cañón para el narcotráfico.

Ahora bien, sin perder de vista que millones de norteamericanos son consumidores adictos a la droga que ilegalmente cruza la frontera de México con Estados Unidos, dependientes como mercado de ella, es decir, que representan una lacra social en el vecino país del norte, el problema de la migración ilegal va más allá de esto. Se trata en rigor de gente desesperada por la falta de trabajo y sin recursos de educación, de defensas valorativas, de tal suerte que los problemas de educación y migración van de la mano.

Es muy claro por qué la gente busca salir de su país, abandonarlo: porque está inconforme, porque no cuenta con los suficientes medios materiales y morales, espirituales para progresar. Y en el vecino país el “sueño americano” lo abarca casi todo, hasta llegar a un consumismo desbordado que afecta lo substancial del ser humano.

Por otra parte es excepcional que la lideresa de un país como Alemania nos apoye en las circunstancias actuales. Claro, ella sabe de los dolores y angustias que generó el terrible muro que encadenó a la Alemania de la postguerra, y ésta es quizá una de las razones de su apoyo. En resumen, Merkel consolida una sólida relación diplomática y le abre una puerta de comprensión y solidaridad a México, lo que es simbólico y revelador.

La canciller, no hay que olvidarlo, se ha opuesto con singular firmeza a la política internacional arbitraria e inhumana de Trump. Ella es una voz de gran importancia en Europa y en el mundo y tras su palabra han ido dirigentes políticos de primera línea. Voz poderosa que en síntesis dice que no estamos solos en el rechazo categórico al norteamericano.

Además, Alemania personifica un pensamiento político, jurídico y humanista que se ha plasmado en la histórica Constitución de Weimar de 1919, o sea, Constitución que junto con la nuestra de 1917 dio origen al constitucionalismo social; y aunque la norteamericana es de 1787 aquellas la aventajan y superan en la consagración de los derechos sociales donde los Derechos Humanos son la columna vertebral.

Así que Trump, ante las palabras de Merkel se ha topado con un valladar infranqueable que lo define como un ignorante de la historia y un arbitrario que desprecia los derechos fundamentales del hombre. ¿Con qué cara, entonces, puede hablar de autonomía, igualdad y libertad, pilares por cierto de la Constitución de su país que ha jurado respetar y defender?

¿Con qué cara se atreve a defender las condiciones económicas y de acceso al bienestar de millones de norteamericanos, contexto indispensable para una vida digna? Merkel, a mi juicio, lo ha desnudado y exhibido por medio de una fina inteligencia política. Como dijera Goethe: “la luz de la razón derriba la ignorancia y la hipocresía”.

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