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Mestizos

  • Pablo Marentes

Pablo Marentes

Mestizo es lo mezclado, sean cosas, o seres vivos.  Si el adjetivo se aplica a las personas, significa que alguien nació de padre y madre de distinta raigambre, en especial específicamente que desciende de madre blanca y padre indio o de madre india y padre blanco. Así lo reconoce la definición de mestizo en la última edición del Diccionario de la Academia Española de la Lengua.

Es el caso de la enorme mayoría de los seres humanos que pueblan el territorio de la República Mexicana y de esto no escapa una buena parte de la población de los estados. Gonzalo Guerrero se enamora de una mujer maya y da origen a la primera descendencia mestiza a la primera familia mezclada en el sureste del actual territorio nacional mexicano.

Y quien dice “la sangre” también dice cualquier otro factor constitutivo: el idioma. El Estado actual, el estado contemporáneo resulta de la mezcla de sangres, lenguajes y culturas, es decir: el conjunto de valores o bienes culturales que crece, se enriquece por tradición y herencia.

Ortega y Gasset en una acertada síntesis señala que “… el Estado consiste en la mezcla de sangres y lenguas.”  El Estado es la superación de toda sociedad natural.  El Estado surge mestizo y plurilingüe.” Creo que así lo señala en alguna parte Ortega en “La Rebelión de las masas”.

México es plurilingüe. El territorio al que llegaron los españoles y comenzaron a explorar en 1521, estaba habitado por 60 naciones, que la antropología bautizó como Mesoamérica.  León Portilla las denomina culturas originales y las agrupa a las culturas que se desarrollaron en Mesopotamia, Egipto, Grecia o China.

León Portilla explica que “en cada país latinoamericano, después de sufrir los siglos de invasiones y conquistas de españoles y portugueses, resultaron naciones con sociedades mayoritariamente mestizas, esto es, la mezcla de europeos y amerindios, e incluso africanos así como de otros orígenes”.

El historiador mexicano explica que se trata de más de 300 millones de hablantes de español y unos 170 millones de hablantes de portugués, los cuales suman 470 millones de personas con afinidades culturales y lingüísticas; pero también conformada por alrededor de 50 millones de descendientes de las culturas originarias, de cientos de etnias.

Según el enfoque del historiador, la crisis económica mundial es producto de considerar como exitoso solo un modelo de desarrollo, a pesar de las enormes fallas que ha demostrado tener, al tiempo de considerar la diversidad cultural como obsoletas, inoperantes y hasta como estorbos del mal llamado “desarrollo económico” según la óptica de los brillantes financieros de Wall Street y de los especuladores de bienes raíces a gran escala.

En una búsqueda frenética por un enriquecimiento material, mismo que los medios de comunicación masiva presentan como la máxima y única aspiración humana, el resultado está a la vista: una deshumanización aparejada a una injusta y brutal concentración de la riqueza.

A pesar de ello, ninguna tiranía ha sido ni será capaz de erradicar a las culturas originarias, que por fortuna logran mantener su identidad y sentido de orientación.

Quien intente hacerlo ignora que no solo no es posible, sino que estaría atentando contra sí mismo.