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Mexicanos sin reflejos / Una tras otra / Jaime Alcántara

  • Jaime Alcántara

Con el mejor de los deseos para que Fernando Moreno Peña se recupere bien y a la brevedad.

De veras que los mexicanos somos bien aguantadores.
Alguna vez, conviviendo con unos argentinos, me comentaron que solo conocían dos países con un nacionalismo exacerbado: México y Estados Unidos.

Lo real es que eso no es tan cierto. Tiempos se han ido, cuando decíamos a ronco pecho: como México no hay dos.

Hace muchos años, por allá del 2006, el Terminator (ahora reloaded), Arnold Schwarzenegger, dijo en una conferencia con empresarios: “Es muy difícil para cierta gente, especialmente para los mexicanos, integrarse a la cultura estadunidense”. Eso fue lo suave. Lo cierto es que no perdía oportunidad de demostrar su xenofobia, no obstante ser emigrado. Él es austriaco, de nacimiento.

Aunque parezca increíble, no hubo reacción de nosotros, de la raza de bronce: fuerte e impenetrable a los insultos y a las vejaciones. Jamás, que se haya sabido, se conformó algún grupo u opinión para boicotear los torpes churros que filmaba. Menos ahora, con la memoria endeble, cuando vuelve por sus fueros de seudoactor. En aquellos tiempos, no pasó más allá de algunas declaraciones de censura (increíble) de norteamericanos defendiendo nuestra causa. ¿Ahora? Mmhhhh.

Uno más, aunque esto es un tanto impreciso. Se dice que alguna vez el fabricante de ropa Tommy Hilfiger comentó: De haber sabido que mi marca la iban a usar afroamericanos, latinos, judíos y asiáticos, no la hubiera hecho tan buena.

Vale aquí que, por lo nebuloso de la probable cita, nadie haya hecho algo. Aunque, para el mundo entero, el asunto del simple rumor muchas veces penetra más que una verdad.

En la actualidad, con lo de Donald Trump, tampoco se ha visto una gran actitud de rechazo, no obstante el papel que en estos tiempos juegan las redes sociales. Y, porque el sujeto de marras ha sido reiterativo. No escapa a los televidentes y a aquellos usuarios del Face y del Twitter, además, algunas aberraciones cuando sus guaruras ultrajaron a reporteros y ciudadanos mexicanos que intentaron decirle sus verdades.

En un principio, casi todos vimos, leímos o escuchamos a la representante del producto Miss Universo, en México, que es propiedad de aquel, decir que (palabras más/menos) en tanto no fuera racista con las concursantes, aquí no había pasado nada. ¡Ah, bueno!

No fue, sino hasta después de sopesar el tamaño de la agresión, cuando algunas empresas que tenían que ver con sus negocios, rompieran relaciones con él.

En cuanto a lo comentado por los argentinos, el asunto es la distancia que hay entre los nacionalismos de los vecinos y el nuestro.

Si un producto está afectando a los primos, ellos apoyarán una campaña para que sus conciudadanos eviten consumirlo o, incluso, como el asunto del atún, del jitomate, del acero, llegaron hasta los tribunales para impedir su venta en los mercados normales.

El café, en algún tiempo, se encareció por una serie de factores climáticos. Aquellos que tenían que ver con el producto portaban unos pines que decían: Don’t drink coffee.

Afortunadamente, para nosotros, ese tipo de personajes cometen muchos errores. Así, no es necesario que Hillary Clinton investigue para que sepamos que el hombre del cabello que presume como peluquín tenga posibles nexos con la mafia.

Así que, al parecer, Dios nos sigue protegiendo. Qué haríamos si este malvado llegara e hiciera alguna de las trapacerías que, seguramente, tendrá pensado para dar rienda suelta a sus traumas.
jaimealcantara2005@hotmail.com