imagotipo

México 2016, en lo económico / Agenda Ciudadana / Rebecca Arenas

  • Rebecca Arenas

De octubre a la fecha, ha venido apareciendo diversas proyecciones de empresas estudiosas de mercado, sobre el panorama económico en 2016, apuntando los principales retos que enfrentará México, en el marco de un contexto internacional incierto, caracterizado por un débil crecimiento económico global en todas las regiones del mundo, con excepción de Estados Unidos que, se asegura, recuperará tasas del orden de 3.0 por ciento.

De acuerdo con las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, en 2016-2018, México registraría un comportamiento más favorable que el de otras economías emergentes en indicadores macroeconómicos como crecimiento del PIB, inflación, exportaciones y déficit de cuenta corriente, no así en el caso de las finanzas públicas (déficit fiscal y deuda pública), lo que sin duda constituye un foco rojo, que no podemos perder de vista.

En ese marco, los diferentes analistas coinciden en señalar: una modesta expansión del PIB (2.5 por ciento en 2016) inferior a la tasa “natural” de crecimiento de la economía (3.0 por ciento), derivada de un debilitamiento del sector industrial, de la permanencia de malas expectativas de consumidores y empresarios que incidirían en la inversión productiva, y del impacto de los recortes al gasto público en 2015-2016.

A ello se sumaría una menor dinámica del comercio exterior, que ya empezó a verse desde julio pasado, con una escasa respuesta al incremento del tipo de cambio.

Otro reto será mantener la congruencia entre tipo de cambio-inflación-tasas de interés en un entorno de alta volatilidad financiera internacional, y del ya impostergable incremento de las tasas por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, en lo que serán piezas clave, la estrategia y oportunidad de la política monetaria del Banco de México, sobre todo para afrontar las presiones inflacionarias.

Pero sin lugar a dudas, el mayor reto para el próximo año será el manejo de las finanzas públicas, en particular, para subsanar las deficiencias del paquete fiscal propuesto por el Ejecutivo, más algunas que podrían salir de la discusión en el Legislativo, y que en esencia ponen en duda la reducción del déficit del sector público planteada para el año que entra, de 0.5 puntos porcentuales del PIB en el balance económico.

Dicha disminución se basaría en un incremento sustancial de los ingresos tributarios (1.7 puntos del PIB), que compensarían parcialmente la contracción de los petroleros (2.1 puntos del PIB), y en un ajuste del gasto programable (1.8 puntos del PIB, de los que 0.7 correspondería al gasto corriente y 1.1 al gasto de capital).

Sin embargo, ni el aumento de los ingresos –sin cambios al sistema impositivo y con un modesto crecimiento de la economía— ni la reducción del gasto operativo, parecen factibles. Por ello los gurús de la SHCP están proponiendo ajustes de más de 15 por ciento en términos reales en 10 secretarías de Estado (algunas particularmente sensibles como Sagarpa, SCT y Segob, y otras en las que es muy complejo reducir el gasto), de entre 10 y 15 por ciento en seis (entre las que destaca la PGR); y de 1.0 a 10 por ciento en otras siete dependencias. Solo en el caso de Sedatu se propone un incremento real del gasto y éste se deriva de cambios de adscripción de áreas de Sedesol a esa secretaría.

Al escenario anterior, habría que agregar la reducción planteada en el gasto en desarrollo social, en el que solo aumenta el correspondiente a las pensiones de los empleados públicos. Con lo que, el combate a la pobreza ha quedado para efectos prácticos como una asignatura pendiente.

A pesar de todo ello, el balance primario (ingresos menos gastos sin intereses) será deficitario en 0.5 por ciento del PIB, lo que se traducirá en un incremento adicional de la deuda pública y en la necesidad de mayores ajustes en el futuro.

El dudoso realismo del paquete fiscal 2016, ha llevado a extender la austeridad hasta 2017-2018, ya en plena efervescencia electoral por la renovación de la presidencia. No será un escenario terso en lo político, porque tampoco lo será en lo social.

Hoy por hoy, las encuestas muestran que un 87 por ciento de la población no confía en el manejo gubernamental de nuestra economía. (www.structura.com.mx/gea) El reto es enorme.

rayarenas@mail.com