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México, ciudad privilegiada (I) / Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

Chava Flores seguramente se contorsiona en su reposo mortuorio viendo cómo se desvanece su nostálgicamente descrito Distrito Federal, si bien estoy cierto que la actualidad le daría pie para incluso mejores parodias de la vida capitalina. Me encantaría por ejemplo escuchar su descripción de las calles de su entrañable ciudad desgarradas por la introducción de fibra óptica o tuberías de gas natural, que después de rellenar las horadaciones, quedan plagadas de jorobas y hoyancos propios de una senda de terracería. Quizá podría hacer una buena frase para hacer notar que una ciudad bien “constituida” es la que cuenta con una buena construcción de concreto en sus vías públicas y no tanto con una Constitución que, en rigor, poco aporta al nivel material de vida de sus habitantes. Quizá resulte en realidad más una fuente de conflictos políticos que de eficacia gubernativa.

Un primer dato que muestra las posibles tensiones entre el Gobierno de la Ciudad de México y el resto del país es la discusión que se dio con motivo de la conformación de la Asamblea  Constituyente que deberá emitir la Constitución local y en la cual participarán diputados designados por el Presidente de la República y el Congreso Federal además de los electos popularmente. Ello tiene plena justificación precisamente por la condición de “capitalidad” de que disfruta la Ciudad de México. Sus habitantes cuentan con muchas ventajas precisamente por vivir en la capital que es sede de los Poderes federales y en la que deben tener peso las fuerzas políticas nacionales y no solo las que disponen de predominio local. La capital es de todo México y no pueden verla los partidos locales dominantes como si fuera su patrimonio.

Debo aclarar que pese a mi origen provinciano me siento parte de la Ciudad de México en la que estudié mi carrera y tuve la mayor parte de mi desarrollo profesional. La amo entrañablemente. Como a muchos que a ella llegamos llenos de expectativas, me abrió las puertas acogedoras y me ofreció grandes oportunidades. Nunca me sentí en ella como ciudadano de segunda; jamás me pareció que mi condición estuviera disminuida con respecto a mis coterráneos que permanecieron en Veracruz. Por el contrario, en muchos sentidos me consideraba un privilegiado por poder contar con las ventajas propias de una ciudad vibrante y cosmopolita que ofrecía inigualables opciones de desarrollo.

La capital mexicana nunca ha sido de segunda. La manera como se prevé la formación del Constituyente tiene mucho sentido en cuanto al equilibrio que debe preservarse en el papel que cumplirá la Ciudad de México en la realidad nacional. Su propia población, y digo esto con conocimiento de causa puesto que he formado parte de ella, no tiene por qué tomar decisiones soberanas que puedan afectar a todo el país por el desproporcionado peso que tiene la capital en las cuestiones nacionales.

Por esa descomunal influencia de la capital es muy injusto que se diga que sus habitantes han tenido un tratamiento disminuido respecto del que reciben los de los estados, cuando es precisamente al revés. Para demostrarlo basta acudir a las cifras contenidas en el dictamen elaborado en la Cámara de Diputados, en el cual se señala que el hasta ahora Distrito Federal ocupa el primer lugar entre las entidades del país en infraestructura académica y de investigaciones, en inversión en ciencia, tecnología e innovación, en productividad científica e innovadora así como en tecnologías de la información y comunicaciones.
eandrade@oem.com.mx