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México, ciudad privilegiada II / Dr. Eduardo Andrade Sánchez

  • Eduardo Andrade

Esta colaboración concluye la serie de temas capitalinos, pero antes, unas palabras sobre el tema del día: la recaptura del señor Guzmán —como se refiere el New York Times al célebre capo apodado “El Chapo”— no deja de ser un acierto de las autoridades nacionales, con independencia de que su fuga derivara de una grave falla que también les es atribuible; por lo que resulta mezquino restar méritos a una acción que prueba la solidez institucional del Estado mexicano.

En cuanto a las ventajas de habitar en la Ciudad de México, retomo las cifras dadas por los diputados en su dictamen sobre la Reforma del DF, según el cual aquella tiene el más alto promedio de escolaridad en el país: 10.8 años, superior a la media nacional de nueve; el mejor índice de analfabetismo en 1.8 por ciento, a diferencia de la media nacional del seis por ciento. En los primeros seis meses de 2015 atrajo el 22.8 por ciento del total de la inversión extranjera directa, mientras que el promedio de las 31 entidades federativas restantes fue del 2.5 por ciento; ello está relacionado con la ventaja comparativa que representar concentrar el 16.7 por ciento del Producto Interno Bruto de la Nación. La gente del Distrito Federal tiene la más alta esperanza de vida del país junto con Nuevo León, que es de 76 años. Todo esto en un espacio menor al uno por ciento del territorio nacional.

A esos datos habría que añadir que en la capital operan las mejores y más equipadas instituciones de salud, cuenta con los mejores museos, magníficas salas de conciertos, las mayores expresiones culturales y de espectáculos. Es también el centro de las comunicaciones aéreas nacionales e internacionales.

De manera que quien nace o habita en la Ciudad de México tiene la posibilidad de vivir más tiempo, alcanzar un mayor nivel educativo, conseguir más fácilmente un trabajo, contar con mejor atención médica y presenciar los mejores espectáculos. En el colmo de la argumentación sofistica el dictamen sostiene que todo eso se ha logrado pese a las inequidades que sus habitantes han enfrentado, con una actitud que los presenta como sufridos y heroicos, cuando es precisamente al revés, pues aprovecha el gran desequilibrio que la favorece por su condición de capital de todos los mexicanos y de centro históricamente consagrado de la actividad económica y cultural de la Nación. Como si eso fuera poco, las reformas constitucionales refuerzan una asimetría que en el debate senatorial expuso con acierto el senador Ruffo Appel, consistente en que disfrutará de un apoyo federal, que no tienen los Estados, para financiar sus servicios educativos y de salud. Para rematar, contará con cantidades extras para un “fondo de capitalidad” que seguramente se justifica por ser orgullo de todos los mexicanos, pero que no quieran los diputados jugarnos el dedo en la boca —ya que conocen las ventajas descritas— afirmando la falacia de que los capitalinos han padecido un trato injustamente desigual.

Quienes hemos habitado en la Ciudad de México hemos tenido centenarios privilegios. Sus ciudadanos siempre han sido de primera, jamás marginados o disminuidos. Bien que ejerzan derechos políticos respecto de su vida comunitaria, pero que no pretendan deslegitimar la representación de los poderes que ahí tienen su sede y que les conceden grandes ventajas sobre el resto del país, en el órgano que habrá de redactar su Constitución. Los poderes federales válidamente ejercerán esa función. Su papel es crucial para garantizar que siga siendo patrimonio de todos los mexicanos y destino de sus sueños y aspiraciones.

eandrade@oem.com.mx