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México en el contexto del crimen

  • Javier Oliva Posada

Londres. La diversificación de las expresiones criminales en el país, son proporcionales a la dejadez social y al maltrecho paso de las instituciones que de forma directa e inequívoca, debieran atender para evitar su negativa expansión. De nuevo hemos asistido a una larga lista de eventos, convocatorias, propuestas y discursos para condenar sea la muy grave eliminación de periodistas o la inadmisible acción asesina en contra de elementos de las Fuerzas Armadas. ¿Qué pasaría en otro país en estas mismas situaciones? ¿Cómo respondería la sociedad o la parte más consciente de ella?

Ya no digamos de los líderes políticos o de cualquier otro segmento medianamente organizado. Tal parece que lo que afecta a la nación no les afecta en su muy personal e inmediata agenda de compromisos. Si observamos cómo nos perciben en el mundo, nos daremos cuenta de que no solo tenemos una imagen deteriorada como estructura colectiva, sino también como gobierno, con muy limitados recursos para retomar el paso del desarrollo y la estabilidad. De las pocas instituciones con las que aún contamos, en cambio, está sí que tienen una buena imagen y referencia en el exterior.

En el contexto de las constantes agresiones de crimínales contra los integrantes del Ejército Mexicano, de la Fuerza Aérea Mexicana y de la Marina Armada de México, es escamoteo e incluso cuestionamiento a sus labores de apoyo a la seguridad pública, muy lejos de amainar, se han recrudecido. Las razones, si las hubiera, carecen del análisis documentado y comparativo respecto de lo que sucede en otras partes del mundo.

E incluso, de Latinoamérica. Basta con abrir cualquier página internacional de los diarios o en los sitios de Internet para constatar la forma en que son apreciadas y percibidas tanto por gobiernos como por organismos multilaterales. Por ejemplo, allí está que en octubre del próximo año, México será la sede de la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, luego de que en abril pasado, también las Fuerzas Armadas de México fueran el anfitrión de la Conferencia de Seguridad de Centroamérica.

Así las cosas, los actores políticos en nuestro país debieran tomar en serio la grave situación por la que pasan varias zonas de la República, como consecuencia directa de la ausencia de un auténtico compromiso con la nación. Y es en esas vastas regiones, en donde las Fuerzas Armadas acuden al rescate, primero de la población y luego, de las instituciones. Si nos atenemos a las tesis jurisprudenciales de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de abril de 2000, a propósito de la posibilidad de usar a las Fuerzas Armadas en contra del crimen organizado, llevamos pues, poco más de 17 años en esa indefinición jurídica y sobre todo, de inacción del poder civil para en definitiva acometer y solucionar las crisis estructural de las policías locales, en primera
instancia.

Por supuesto, con el transcurso de tantos años, los efectos del deterioro en las condiciones de la seguridad pública, aumenta en la misma proporción de la dejadez de áreas sustanciales del Estado mexicano, como es el Congreso de la Unión, aunque no solo este, desde luego. Por esto es determinante asumir con toda gravedad la pendiente en la descomposición social, para revertirla a la brevedad. Tengo la impresión, de que el tiempo ya se terminó. De ninguna forma puede lucrarse con este asunto para las elecciones de 2018.
javierolivaposada@gmail.com