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México en el norte

  • Federico Ling Sanz

Federicio Ling Sanz Cerrada

Durante la semana que termina se llevó a cabo el encuentro entre los presidentes Barack Obama, Enrique Peña Nieto y el Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau en Ottawa. Como cada determinado tiempo, los mandatarios de los tres países que conformamos el bloque de América del Norte se reunieron para discutir el futuro de la región. Pero bueno, hay que tratar de hacer un análisis minucioso de las cosas, porque puede llegar a ser muy fácil confundirse. Vamos por partes: en primer lugar, mi opinión es que México tiene que acabar de asumir su lugar en América del Norte. Aunque culturalmente pertenece a Latinoamérica, en términos comerciales y de integración tiene que mirar al norte. No solamente porque forma parte del bloque, sino porque le conviene; ya sea por “destino manifiesto” o por la razón que sea, nuestro país comparte una frontera de casi dos mil kilómetros con la nación más poderosa del mundo y hay muchos millones de mexicanos que viven en dicha nación. Como dato curioso (y confirmatorio de esta situación), Los Ángeles es la segunda ciudad del mundo con más mexicanos, después del antiguo Distrito Federal y su zona conurbada. Esto tendría que decirnos un poco de lo importante que resulta la relación bilateral para nosotros.

Pero México no acaba de aceptar su vocación norteamericana. Pareciera que somos dos países divididos, entre los que quieren integrarse al norte y los que reniegan de ello. Estados Unidos siempre ha generado opiniones encontradas en el país y en la clase política mexicana. Incluso me atrevo a decir que resulta políticamente rentable “pegarle a los gringos”. Es decir, denostarlos, alejarnos, y de ser posible romper con ellos porque son unos “violadores sistemáticos de la soberanía mexicana”. Pero en mi opinión, nada más falso que eso; de una vez por todas tenemos que darnos cuenta del potencial que tenemos al integrarnos al norte y ser parte del bloque. Ya se dijo en la reunión que Norteamérica es la región más próspera del mundo. La pregunta es: ¿queremos estar en ella? La respuesta es sí. Al menos, si queremos que nos vaya bien, tenemos que ver al norte.

Pero algo pasa en nuestro país y con nuestro gobierno, que tuvieron que irse seis largos años antes que un Presidente de México hiciera una visita de Estado a Canadá. O peor aún, como han dicho otros colegas columnistas, algo no se ha acabado de entender bien en el gobierno, cuando hemos privilegiado más la relación con China u otros países europeos que con Estados Unidos. Y luego nos preguntamos porqué nuestro Presidente no participa activamente de la relación que tienen Barack Obama y Justin Trudeau. La respuesta es simple: somos nosotros mismos los que nos hemos aislado terriblemente.

Pero también esto tendría que servir como una señal de alerta para el gobierno de México: algo sucede cuando nos dejan fuera de la “fiesta”, cuando la gente del país se fija más en un video gracioso que en los acuerdos alcanzados, cuando parece importar más la imagen y la frivolidad que la realidad y el fondo del asunto. El problema es que esto se tiene que corregir en casa. El gobierno de nuestro país tiene que empezar a cambiar la narrativa (y la realidad) de las cosas y darse cuenta que la imagen que se percibe de él no es positiva. Y empezando por allí se debe actuar antes que sea demasiado tarde. La reunión norteamericana creo que deja dos lecciones claras para nosotros: una de forma y una de fondo. Y ambas son igualmente importantes.
www.federicoling.com y @fedeling

*Maestro en Análisis Político y Medios de Información