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México enfermo

  • Federico Ling Sanz

  • Federico Ling Sanz Cerrada

Opuesta a la salud, la enfermedad puede serlo de diversos tipos. Puede haber enfermedad física, mental, emocional, social, etcétera. La enfermedad puede serlo también grave o leve, aguda o crónica. Por ejemplo, un resfriado no pondría en peligro de muerte al promedio de las personas, pero hay otras cosas mucho más complejas que podrían amenazar su vida. Ahora bien, hay enfermedades crónicas o agudas, es decir, el periodo de duración y las causas son distintas. Pero creo que lo peor de todo son aquellas enfermedades que no se notan, no se sienten, pero van destruyendo el cuerpo poco a poco. Veamos algunos ejemplos: la diabetes y la hipertensión. Uno no se da cuenta que todos esos postres que se comió, los refrescos y el azúcar que ingirió, o quizá el sobrepeso con que vamos por la vida, puede desencadenar en algo tan terrible como la diabetes. ¿Quién pensaría que la diabetes puede matar a la gente? Cuando la glucosa está un poco alta en nuestro organismo, pues quizá nos sentimos mal, pero en general (a menos que sea un episodio grave), la diabetes o la hipertensión son enfermedades que están aletargadas en nosotros, y que nos merman poco a poco. Cuando llega el momento en que le tienen que cortar la pierna a algún diabético, ¿cómo encontrar al culpable? ¿en qué momento sucedió eso?

Pues así como no hay respuesta cierta, sino una serie de eventos concatenados que dieron origen a esta enfermedad y a la gravedad de la situación, así también pasa en nuestro país. La enfermedad que nos está destruyendo es la violencia, la inseguridad y el crimen (organizado y cotidiano). Las planas de los periódicos, la radio y la televisión solamente reportan el clima de extrema violencia que estamos viviendo en el país. Las cosas se están saliendo de control: robos, extorsiones, asesinatos y secuestros son el pan de todos los días y el flagelo de nuestra sociedad. La enfermedad está manifestándose. El mal lo vemos y lo sentimos en todo momento. Nos carcome desde dentro.

Pero lo más importante de todo es preguntarnos: ¿cuándo pasó esto? ¿por qué llegamos a este punto? Como en el caso de la diabetes, no hay un momento en que esto haya sucedido; la causa no es única y directa, sino que hay una serie de eventos que nos fueron creando las condiciones para que el país se volviera un polvorín. Pero si me aventuro a pensar un poco, en mi opinión la causa del mal crónico es la corrupción. La falta del estado de derecho en México. Esas pequeñas cosas que hacemos todos los días, y que asumimos como propias de nuestra cultura y nuestra sociedad. Esos pequeños actos, desde no poner atención a los detalles en nuestro trabajo, en nuestro deber, hasta los grandes actos de corrupción escandalosa donde la gente se roba millones de dólares y nadie hace, ni dice, ni pasa nada.

La corrupción cotidiana es el factor que predispone a nuestro país a la enfermedad de la violencia. Es el detonante perfecto de una condición que va creciendo y se hace latente, en la medida en que nos vamos destruyendo poco a poco. Porque el que es corrupto en lo poco, también lo es en lo mucho. Y la corrupción y la deshonestidad generan violencia, crimen y delitos. Una es consecuencia de la otra. Es el correlativo. La semana pasada decía que la violencia está generada en la desigualdad: ese caldo de cultivo que hace fértil la descomposición a la que hemos llegado actualmente. La corrupción –si fuese cultural– también es nuestra.

www.federicoling.com y @fedeling

* Maestro en Análisis Político y Medios de Información