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México espera y necesita mucho más del gasto gubernamental

  • Alejo Martínez

Quizá el más severo problema que enfrenta México y el que mayor trascendencia tendría si lográramos superarlo, es el del deficiente y corrupto funcionamiento de nuestros aparatos gubernamentales. Para poder saltar del Tercer al Primer Mundo, un requisito imprescindible radica precisamente en poder contar con gobiernos que funcionen con honestidad y eficiencia, y que por tanto, gocen de la confianza bien ganada de su sociedad. Ese tendría que ser nuestro objetivo prioritario. Recordemos la llamada “Ley de Gerschenkron”, de acuerdo con la cual entre más temprano sea el arranque para incorporarse al desarrollo, menos intervención del Estado es requerida y entre más tarde se presente tal arranque mayor será la necesidad de que el Estado intervenga.

En México desafiamos y violamos principios básicos de la economía. La célebre tesis formulada por el economista más destacado del siglo XX de que en etapa de recesión un incremento en el gasto público podría generar un favorable efecto multiplicador sobre el conjunto de la economía de un país, la hemos puesto aquí en práctica sin lograr el resultado deseado. Ante los muy precarios niveles de crecimiento del PIB, a pesar de los elevados precios a los que estuvimos exportando nuestro petróleo hasta julio de 2014, desde su inicio el actual régimen de Gobierno decidió incrementar la deuda pública con el propósito de aumentar ese precario ritmo de crecimiento.

De acuerdo con los datos aportados por el Dr. Juan Ernesto Pardinas, “Entre diciembre de 2012 y junio de 2015, la deuda solo del Gobierno federal pasó de 26.9 por ciento del PIB al 32.7 por ciento. En esos tres años, el crecimiento acumulado apenas llegó al 3.9 por ciento. La deuda del Gobierno federal creció 50 por ciento más rápido que la economía”. El aparato gubernamental utiliza con enorme deficiencia sus recursos. Si bien el Gobierno federal es un pésimo administrador, los gobiernos estatales y municipales han demostrado tener un desempeño, a pesar de lo increíble que pudiera parecer, todavía peor.

Desde 1992, cuando se inició un proceso de descentralización del gasto federal, pero con mayor énfasis desde 1998, cuando comenzó el transformador proceso político del presidencialismo al “feuderalismo”, nunca los estados y municipios habían recibido tantos recursos. Disfrutaron además de la más prolongada y favorable época de elevados precios petroleros que les fueron repartidos con generosidad y sin embargo nunca se habían endeudado también tanto. No obstante, ese cuantioso e incrementado gasto estatal y municipal, los resultados en cuanto a crecimiento económico y bienestar de la población han sido verdaderamente lamentables. ¿Cómo desperdiciamos tanta bonanza?

Una explicación, entre otras, radica precisamente en esa descentralización del gasto federal que ha tenido como consecuencia una todavía peor administración y supervisión de los recursos. Pero el Congreso opera en favor de la prevaleciente “feuderalización” y es posible que hasta decidan incrementar el proyecto de presupuesto enviado por el Ejecutivo, en el cual, en plena época de limitaciones y recortes, se contempla un aumento real de 8.5 por ciento en el Ramo 28 de las Participaciones Federales a fin de que suba 53 mil 475 mdp con respecto a 2015 para alcanzar 679 mil 350 mdp en 2016. Se trata del renglón que las entidades federativas han ejercido con considerable dispendio y absoluta libertad. A ello habría que agregar un monto todavía superior proveniente del Ramo 33 de Aportaciones y del Ramo 23 de Gasto Federalizado.

Si bien el declarado objetivo de formular un Presupuesto Base Cero es una meta sumamente difícil de alcanzar, en nuestras circunstancias de desplome del ingreso petrolero, era de esperarse al menos un esfuerzo mayor de racionalización, en especial en los organismos autónomos y en los partidos políticos, del hasta ahora muy mal aprovechado gasto público.

amartinezv@derecho.unam.mx

@AlejoMVendrell

El presupuesto “feuderalizado” ha dilapidado recursos y trabado nuestro crecimiento.