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México líquido

  • Betty Zanolli

  • Betty Zanolli Fabila

Ha muerto Zygmunt Bauman, y cada vez que muere un intelectual crítico, un sentimiento de orfandad sobrecoge al alma, mientras el ser humano pierde su propio sentido, presa de la insensibilidad que lo cauteriza emocionalmente y aniquila en su compromiso moral con la sociedad. Y me pregunto ¿cómo habría calificado Bauman a nuestro país? Sin duda alguna, como una Nación líquida que se nos desvanece entre las manos.

Hemos perdido el sentido de Patria. No tenemos identidad nacional. El Estado ha sido desmantelado. La Justicia social no existe. No hay valores morales de los que asirnos. La lucha descarnada por el poder y dinero carece de freno. Las promesas de campaña de los aspirantes a cargos de representación popular, comprendida la Presidencia de la República, están olvidadas. No hay ideologías ni compromisos: los partidos se han fusionado, atentos sus corifeos a obtener todo tipo de prebendas a costa de un pueblo cada vez más sacrificado y carente de memoria. Destrozamos nuestra Constitución Federal hasta transformarla en su fantasmagórica antípoda y con ella las grandes conquistas sociales. Seguridad social y estabilidad laboral viven sus estertores. El respeto hacia las instituciones es entelequia pues sus encargados las han despedazado hasta el colapso, y nulo es el respeto del Gobierno hacia los ciudadanos ¡qué decir de las mafias partidistas! Desnaturalizamos a la democracia. Entre más pretendemos defender los derechos humanos, más contribuimos a su debacle.No hay derecho que valga y si una voz osa alzarse, el sistema se blinda para acallarla. Toda defensa es a modo o según el interés del poder en turno. No hay solidaridad, y la indignación social solo repunta y manifiesta -contaminada por los grupos de poder- en casos extremos, como en el repudio al gasolinazo. Vivimos la baumaniana “banalización de lo éticamente incorrecto”, permitiendo que la corrupción corroa nuestras entrañas, aunque estemos conscientes de que nos destruirá sin piedad.

Sí, México se nos diluye: territorio, recursos, patrimonio, todo él. Tal y como hemos devastado al régimen de Derecho y permitido que el sistema de justicia se haya pervertido al servicio del poder. Se nos licúa con la soberanía y la dignidad que un día nos distinguió en el concierto de naciones, permitiendo que amenazas externas como Trump mantengan en vilo a la sociedad. Se nos hunde como nuestra moneda y petróleo, mientras se engrosan las arcas de quienes se han apoderado del destino nacional y de la voluntad popular. Se precipita como el anhelo de vivir en paz, mientras la criminalidad derrama la sangre del pueblo -cada vez más con mayor fuerza- en todos los confines de la República.Y así hasta el infinito, mientras desaparece la luz de la esperanza por reconstruir a México. Tanto nos hemos permitido, que edificarlo nuevamente será tarea titánica para la que se requiere la fuerza de una sociedad unida, valerosa y amante de su Patria de la que carecemos, porque nosotros mismos estamos atrapados en la vorágine de licuefacción que agobia a nuestra Nación. No porque se nos terminó la “gallina de los huevos de oro” o nos gobiernan “puercos y cochinos” o “tepocatas, alimañas y víboras prietas” -conforme al pedestre y pobre nivel de los discursos políticos-, sino porque nunca pudimos ni quisimos madurar, indiferentes y pasivos, limitados -como evocara Bauman- a contemplar la miseria humana, haciéndonos cómplices de la tragedia.
bettyzanolli@gmail.com                   @BettyZanolli