imagotipo

México no es Estado teocrático

  • Rosamaría Villarello

La vida civil y en particular los derechos humanos en México no pueden regirse por lo que permita “Dios” o sus representantes en la Tierra.

Si bien la práctica mayoritaria de una religión impuesta, la Católica, desde hace más de 500 años se volvió en usos y costumbres avalados implícitamente por los Gobiernos, el Estado ha dado pasos fundamentalespara ir avanzando en separar, aunque con muchos trabajos y retrasos, los credos de esa y otras religiones de la vida secular.

El salto más importante en lo que va de este siglo XXI, es la iniciativa presentada por el presidente Peña para modificar el artículo 4 constitucional y el Código Civil Federal para garantizar el “matrimonio igualitario” en todo el país; ello representa abrir un tema que si bien ya tenía un antecedente en la hoy Ciudad de México, al volverse federal tendrá que respetarse obligatoriamente en todo el país.

Así se destapó un asunto que es prohibitivo en varias religiones y que hoy ya se han manifestado en contra diversos ministros de la fe, parte de sus congregaciones y hasta partidos políticos.

Por fin se acepta que no se puede discriminar a nadie por género o preferencias sexuales ya formalizar una unión al reconocer la igualdad de sus derechos. Si una pareja decide casarse o no, ya dependerá de ella y no porque un Gobierno se lo permita y reconozca.

México no es un Estado teocrático para regirse por lo establecido en las religiones practicantes y no deben influir en las decisiones constitucionales como la que nos ocupa. Si bien se deben aceptar todas las opiniones y se abran a debate cualesquiera iniciativas, no tienen porqué cruzarse con los derechos de los mexicanos.

En muchos de los países llamados teocráticos se rigen por algún libro sagrado y sus Constituciones están supeditadas a los dogmas que les marque. Son los más radicales o fundamentalistas, cuya vida cotidiana de sus habitantes debe estar supeditada a la supuesta palabra de Dios.

Hay otros en que proviniendo su existencia y la formación de su Estado a sus leyes sacras, sus Gobiernos se configuran por mayorías partidistas de una religión o alguna corriente en particular, y por lo regular sus gobernantes deben provenir de ella.

También hay Estados que se proclaman oficialmente de tal o cual religión y aún así derivan políticas públicas que se establecen sin intervenir en la vida civil; Solo como un solo ejemplo, el del recientemente electo alcalde de Londres, de religión musulmana, que juró obedecer las leyes del Estado Anglicano (Gran Bretaña) sobre El Corán. Y es quizá una de las naciones más tolerantes en la vida de sus habitantes.

México no se encuentra en ninguno de esos u otros casos; ya le ha costado mucho llegar a mantener una línea -aunque muchas veces maquillada- de separación con la Iglesia, por lo que con esta iniciativa de matrimonio igualitario debe mantenerse por encima de creencias o fanatismos. La tolerancia y el reconocimiento de los derechos humanos ya no se definen por ser de “derechas o izquierdas”, sino como “un acto civilizatorio”, como bien lo apuntó un distinguido miembro de la comunidad homosexual.