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Miénteme más / Juego de Palabras / Gilberto D’ Estrabau

  • Gilberto Destrabau

Es muy fácil hacerse una reputación de húngaro, pitoniso o profundo analista político si uno se dedica a profetizar en negativo. Tiene a su favor la naturaleza humana y la Segunda Ley de la Termodinámica.

Ya sabemos cómo somos, así que no hay que masoquizar describiéndonos. Por su parte, la Segunda Ley de la Termodinámica postula que es imposible extraer una cantidad de calor de un foco caliente -como nuestro sol, por ejemplo- y usarla toda ella para producir trabajo, o sea, la vida. Algo de calor siempre se pierde. Eso significa que el universo se está enfriando irremisiblemente, y que todo lo que contiene empeora y se arruina, incluyéndonos a nosotros, por supuesto. Es la más universal, y cruel, de las leyes físicas: nos conduce inexorablemente hacia el caos.

Así, el universo -una ubicación astronómica la cual, la última vez que checamos, incluía al planeta Tierra y, por ende, a nuestro México lindo y querido- se deshace por sus costuras, envejece sus recursos se agotan, se enfría. También hay una entropía -otro nombre de la Segunda Ley, pues es la medida del desorden de un sistema- en la información, la administración y, por supuesto, la política. Luego, quienquiera predique el Apocalipsis tiene a todos, hasta a Dios, de su parte.
¡Queremos mentiras!

Recuerdo un principio de sexenio, creo que fue el de Salinas, en el que los miembros del gabinete salieron a los medios a exponer con toda crudeza el verdadero estado del país: los avances de la pobreza, la crisis del campo, la asfixiante deuda exterior. Los reporteros les preguntaban sobre la carestía, los empleos, la productividad, y decían la verdad. Y esa verdad era siempre desastrosa, demoledora, insoportable.

Tanto llegó a deprimir a la gente, que moneros y columnistas, que por lo general son los primeros heraldos de la opinión pública, empezaron a publicar: “¡Ya no nos digan cómo están las cosas! ¡Queremos mentiras!”.

Avestruces, escapistas, rajones. Puede ser, pero cuando las cosas van mal, muchos preferimos no enfrentarlas. Por eso una de las leyes básicas de la política que los malos tiempos del país son los buenos tiempos de las oposiciones. Porque es el momento de, como dice el cínico consejo a novios y políticos: “prometer hasta meter; ya metido, olvidar lo prometido”.

Lo anterior es siempre verdad, como es verdad que, obediente a la SLT, el universo se enfriará, el sol se apagará y nuestro planeta terminará como una bola de barro congelado dando vueltas a lo pendejo (no es que ahora lo haga muy inteligentemente), pero se exacerba en tiempos de campañas electorales.

Ciertamente, el Gobierno puede presumir de lo mucho que se ha hecho, y de que los problemas vienen de fuera, pero esas explicaciones son fácilmente desechadas con un burlón “naturalmente, ¿qué van a decir ellos?”. Ni Demóstenes le gana a un demagogo que imagina mafias, y ofrece imposibles que acarician la imaginación.

Estamos listos para que se cumpla la SLT, porque el fin ocurrirá dentro de cientos de miles de años, pero las elecciones son dentro de tres meses. ¿Estamos listos para impedir que se empiece a acabar el país?

Buenos días. Buena suerte.
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