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Migraciones haitianas en México

  • Rosamaría Villarello

  • Rosamaría Villarello Reza

Haití nuevamente vuelve a ser el país más devastado por el huracán “Matthew”. Aunque las cifras son fluctuantes, los desastres vistos en esta isla antillana dan credibilidad a la suma de mil muertos y de 65 mil damnificados, con los heridos y desaparecidos.

Esta nueva desgracia está influyendo en el no retorno de miles de haitianos que trabajaban en Brasil en la construcción de la infraestructura para las Olimpíadas y que con sus escasos ingresos han preferido cruzar prácticamente todo el continente para llegar a Estados Unidos, vía México. Menos están llegando desde la Isla.

Según El Colegio de la Frontera Norte en los últimos tres meses han pasado por territorio nacional más de 8 mil 500 haitianos, de los cuales las tres cuartas partes han ingresado ya a Estados Unidos y restan alrededor de 2 mil 500 en la frontera, más los que se sigan acumulando, con permisos para permanecer en México por cierto tiempo.

Existe el temor de que un triunfo del candidato republicano Trump, les cierre la posibilidad de alcanzar el famoso “sueño americano” con su política antiinmigrante y racista. Por ello el impacto es mayor en las fronteras sur y norte de México, ya que los haitianos transitan por Tapachula y se tienen que esperar principalmente en Tijuana y Mexicali.

Estos datos matizan un tanto la versión de que hay más del doble esperando en refugios, a que las autoridades norteamericanas les den el permiso de ingresar. Pero no por ello el asunto es menor, puesto que los Gobiernos federal y locales comienzan a ser rebasados por la situación que implica atender a un número tan alto de migrantes, más otro 20 por ciento proveniente de Medio Oriente, Asia y África, sin contar al más grande de Latinoamérica.

De acuerdo a Naciones Unidas y al Gobierno mexicano, alrededor de 400 mil están ingresando anualmente a México, circunstancia que nos acerca a los países europeos que están recibiendo cotidianamente a cientos de refugiados de las zonas de mayores conflictos armados.

Así es que México tiene la responsabilidad social y la carga económica que no estaba contemplado enfrentar, inclusive contando con la ayuda de organizaciones de la sociedad civil y religiosas, que con una gran solidaridad humana están participando sobre todo en apoyo a familias, mujeres y niños. La acusación que se hace al Gobierno federal de no atender suficientemente a los haitianosno tiene mucho sustento por esa misma desproporción en el número con respecto al “normal” general, pero ha comenzado a tener tintes políticos internos y externos.

Con Haití, México siempre ha sido muy solidario –hay que recordar el numeroso grupo de asilados políticos durante el régimen de los Duvalier- y en el proceso democrático, así como el mismo apoyo que dio en 2010 durante el anterior huracán y el que está proporcionado por el de la semana pasada.

Muchos de los haitianos seguramente de una forma u otra se quedarán en México, como sucede con otras nacionalidades, por lo que seguramente formarán, como ya han comenzado a hacerlo, comunidades que están creando verdaderas colonias. Así funcionan todos los procesos sociales y culturales.