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¿Migrantes? ¡Peregrinos!

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

Enrique VIII se irritó cuando en 1534 el Papa Clemente VII no le concedió de inmediato el permiso para divorciarse de la española Catalina de Aragón. Decidió entonces fundar la Iglesia de Inglaterra. Normativamente, nada cambió. Ambas iglesias era iguales. El cambio consistió en que, en vez del Papa,  sería Enrique VIII el gran jefe de la Iglesia en Inglaterra.

Nada cambió, excepto que en 1535 Thomas Cromwell fue nombrado, por el voluminoso, el sicalíptico Enrique, Vicario General: este Cromwell haría en Inglaterra las veces de Cristo. Las antiguas normas católicas continuaron vigentes. Continuaron las arbitrariedades. Para enfrentarlas, los fieles de un pequeño pueblo inglés llamado Scooby, se constituyeron en 1607 en una “Congregación-de-Protestantes”.

Hostilizados y perseguidos en Inglaterra, la congregación decidió salir de Inglaterra. Se les conoce desde entonces como protestantes o separatistas. Otros grupos los emularon. Se les identificó como Puritanos.

Otro grupo de Separatistas decidió trasladarse a Ámsterdam para escapar del asedio de la Iglesia Anglicana. Las amenazas continuaron. Doce años después deciden adquirir un barco que los llevara al Nuevo Mundo.  Compran dos: el Speedwell the 60 toneladas y el Mayflower de 180.  Zarpan. Al Speedwell le entraba agua. Deciden no emplearlo. Finalmente el 6 de septiembre se aglomeran en el Mayflower. En él llegan a Cape Cod el 9 de noviembre de 1620. Anclaron en lo que hoy es el Puerto de Province Town en Massachusetts. Allí, el 11 de noviembre 41 hombres pasajeros firman el Mayflower Compact –el Acuerdo Consolidado—que dio origen a un Cuerpo Político Civil. Es un breviario de disposiciones jurídicas concebido para el bienestar de la comunidad. Después de firmarlo, los hombres bajaron a reconocer el terreno y las mujeres se quedaron a bordo para cuidar de los menores y lavar la ropa. La tradición señala que los Peregrinos –The Pilgrims— soportaron el viaje por su infrangible convicción de que eran un grupo elegido por Dios.

Al comienzo del invierno ya había construido algunas casas de troncos de árbol: log cabins. Pero escasearon los alimentos. Los habitantes originales del lugar, the indians…the injuns, se acercaron y ayudaron a los Peregrinos a celebrar la cosecha escasa, enriquecida por el aporte de ellos los “naturales” del lugar. Ese es el origen del Día de Gracias, que la población estadunidense celebra cada año el último jueves de cada noviembre, desde entonces.

Los peregrinos no son considerados como inmigrantes.  Son iluminados por la gracia divina para fundar una sociedad ejemplar. Los descendientes de los esclavos negros, o los originarios de cualquier otro país de Europa Occidental – italianos, alemanes, irlandeses, franceses, suizos–, si son vistos como inmigrantes. También los que llegaron de México. Y de Centro y Sudamérica.

Hay cinco grupos de linaje europeo y africano: Alemanes, Afroamericanos e Irlandeses. Mexicanos hay casi 33 millones. De estos, unos 25 millones son recientes. Son aquellos cuyos familiares viven en México. Son los que asoman sus dedos y sus labios por entre los barrotes y las rejas de la barda que los separa, pronto a convertirse en muro. Multiplicados esos millones por cinco familiares que se acercan a la reja, constituyen una población afectada sentimentalmente de unos 120 millones de personas: el total estimado de la población mexicana actual. Esto es para preocupar a cualquier cuerdo. Agreguemos al agravio sentimental, la lesiones económicas y existenciales inminentes: las deportaciones masivas y el impuesto a las remesas anunciados por quien hoy toma posesión de su encargo en las escalinatas del Capitolio: un lugar que mañana estará rodeado por una gélida atmósfera, y un cielo gris, pletórico de incertidumbres universales.