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Miguel León-Portilla

  • Arte y Academia: Ana María Longgi

Miguel León-Portilla, nuestro muy noble y leal historiador, cronista, investigador, lingüista, antropólogo, etnólogo y filósofo, considera que el mejor regalo que él puede recibir por y para siempre sería: “aceptarnos plenamente como un México pluriétnico y pluricultural”, aseveró, luego de obsequiar a esta reportera el privilegio de una charla, a pesar de que el doctor León Portilla -Ciudad de México, 22 de febrero de 1926, -está siendo atendido en su domicilio de un problema de salud. Así que sus sonrisas, sumadas a sus reflexiones, conformaron una de sus tan acostumbradas respuestas de plenitud, conocimiento y sabiduría que con tanta perseverancia nos entrega cotidianamente mediante las valiosas herramientas profesionales de sus imprescindibles libros, publicaciones, cátedras y conferencias. Muchísimas gracias.

cuando el planteamiento fue analizado por el historiador, su respuesta como siempre fue clara y concisa. Ya que aquella mañana, la pregunta se concretó simplemente así: doctor Miguel León-Portilla, En el caso de que las etnias de México, lograran su autonomía, ¿cuáles serían los resultados? ¿Se prestaría a confusiones? Ya que los funcionarios a quienes les tocó estudiar esta posibilidad desde 1995, no lograron, al parecer, llegar al acuerdo ideal y esperado en aquellos acuerdos establecidos en San Andrés Larráinzar. ¿Cómo se deben entender los conceptos y propósitos de una Autonomía dentro de los espacios sociales? ¿Y de qué manera se debe comprender los ejercicios de una soberanía dentro de una nación?… Y la respuesta del intelectual se estructuró así:

“Creo que se confunde soberanía con autonomía. Porque autonomía, es la capacidad y derecho de una comunidad de administrar lo que es interno para su propio bien; la posibilidad de tener representantes en las Cámaras. La soberanía en cambio, dimana del pueblo y se ejerce mediante un Poder Ejecutivo, uno Legislativo y otro Judicial. Por ejemplo, la Universidad Nacional Autónoma de México, es autónoma, pero no soberana. No creo que el actual rector ni ningún otro, quiera ser emperador, rey o presidente de la UNAM. México unido tiene que incluir a los pueblos indígenas, que constituyen el elemento fundamental de la mexicanidad, ya que hasta la fecha son los que llevan la mayor carga, o la peor carga.

“Por otra parte, considero, que la mayor parte de los que estamos aquí, hemos sido seres privilegiados, pero tenemos que compartir con los hermanos indígenas. Yo los invito a ello. El mejor homenaje que yo sentiría recibir en mi vida de estudio y de trabajo, sería ese justamente: El aceptarnos como un México pluriétnico y pluricultural”, subrayó con énfasis el filósofo.

ANTE UN auditorio repleto, el humanista resaltó el camino trazado por sus fundadores y auguró larga vida al Instituto Nacional de Antropología e Historia, dado el compromiso de toda su comunidad.

ANTE UN auditorio repleto, el humanista resaltó el camino trazado por sus fundadores y auguró larga vida al Instituto Nacional de Antropología e Historia, dado el compromiso de toda su comunidad.

Nacimiento post-revolucionario

De su impresionante biografía, se ha desprendido que don Miguel León-Portilla nació dentro de una Ciudad de México muy diferente en belleza y perfiles urbanos, el 22 de febrero de 1926. Y que las calles que lo abrazaron fueron Cedro y Sor Juana Inés de la Cruz, en la colonia Santa María la Rivera. Sus padres fueron, don Miguel León Ortiz, dedicado a la administración de casas y empresas, y Doña Luisa, dedicada a las labores del hogar; empero, como las actividades laborales de don Miguel León, no solventaban plenamente las necesidades domésticas, fue necesario mudarse de casa varias veces, razón por la cual los movimientos familiares representaron retos, para Miguel León-Portilla, el mayor de tres hermanos con María Luisa y Jorge. Afiliándose a los parentescos de los León Portilla, personalidades como Manuel Gutiérrez Nájera, iniciador del movimiento modernista de México y don Manuel Gamio, padre de la antropología mexicana, por parte de su madre y padre, respectivamente. Por otra parte a los León-Portilla, les tocó vivir los años posteriores a la Revolución Mexicana, como las persecuciones por el conflicto religioso entre 1923 y 1926.  Agregándose a aquellas dificultades los cierres de varias escuelas -una de ellas el Colegio México donde Miguel L. P. asistía-. Por todo esto y más, la familia se organizó, para que en su propio hogar, se diera continuidad de estudios a estudiantes, colaborando en el proyecto una prima que se comprometió a atender tercero y cuarto grados de primaria. Y curiosamente, una discusión con su prima, motivó que el joven Miguel, se interesara vivamente en el estudio de la historia de Baja California. En esa ocasión, su prima afirmaba que ninguna California pertenecía a México, y al contradecirla, por asegurar todo lo contrario, le costó un severo regaño.

CLASE UP del la escultura del homenajeado historiador Don Miguel León Portilla, quien posó hace muchos años para el escultor Sergio Peraza.

CLASE UP del la escultura del homenajeado historiador Don Miguel León Portilla, quien posó hace muchos años para el escultor Sergio Peraza.

-Manuel Gamio y el padre Garibay

Con el apoyo de fuentes informativas universitarias, fuimos concretando que la enseñanza primaria y secundaria de don Miguel fue respaldada intelectualmente por su tío Manuel Gamio y el padre Ángel María Garibay. Con su tío Manuel Gamio mantuvo una estrecha relación durante su estancia en la Universidad, con quien estuvo en contacto por correspondencia. Manuel Gamio le solicitó varias veces material para publicarlo en la revista América Indígena. Cuando regresó a México en 1953, con 27 años, lo primero que hizo fue visitar a Gamio, quien en ese momento era el director del Instituto Indigenista interamericano. Gamio le ofreció trabajo de inmediato en el Instituto, donde se hizo cargo de los índices de América Indígena y del Boletín Indigenista. Aunque tenía la opción de realizar el trabajo en su casa, León Portilla prefirió hacerlo en el Instituto, para tener contacto directo con el mundo indígena.

Otro aspecto igualmente interesante es que comenzó a leer algunos trabajos del padre Garibay en la revista Obside, así como su poesía de la Altiplanicie y épica Náhuatl. De esta manera descubrió la poesía, la flor y el canto. Su entusiasmo lo llevó a escribir una obra de teatro que tituló “Quetzalcóatl, el drama del hombre en el tiempo”. Y cuando Manuel Gamio leyó Quetzalcóatl, le prometió presentarlo con el padre Ángel María Garibay, amigo de él. Y lo que ocurría es que Miguel León Portilla, deseaba que el padre Garibay leyera su obra, además de solicitarle dirigir su tesis de doctorado sobre la filosofía náhuatl.

Ahora bien, de acuerdo a lo relatado, por fuentes muy cercanas al antropólogo, como los elaborados en la muy consultada Revista Digital Universitaria, el primer contacto que León-Portilla tuvo con el padre Garibay, fue por vía telefónica, medio por el que consiguió una cita. Cuando tuvo una plática más formal, el padre Garibay le preguntó si sabía náhuatl, y al responderle que “no”, el padre Garibay externó para él los conceptos siguientes: “Amigo mío, bien sé que hay quien habla de la filosofía platónica, sin saber una palabra del griego; y, de la filosofía kantiana, sin conocer alemán. Pero la seriedad de un doctorado pide algo muy distinto. Tiene usted que saber náhuatl. De otra manera, o niega lo que no conoce, o hará una preciosa novela de fantasías, como hacen muchos, a base de datos incoherentes y vagos…”. Y así inició su aprendizaje de la lengua náhuatl, siendo su maestro el padre Ángel María Garibay. Ocurriendo de esta manera el prodigio: Porque al poco tiempo y sin mayores preámbulos, aprendió a la perfección esta lengua, presentando su tesis doctoral con el título: “La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes”, fechada en agosto de 1956, siendo acreedora al “Summa cum laude”. Esta tesis fue publicada por la UNAM en 1959 y, en ediciones revisadas y ampliadas, en 1966, 1979, 1982, 1986 y 1996. Ha sido publicada en otros idiomas, como el ruso, por la Academia de Ciencias de la URSS, en 1961; inglés, por la Oklahoma University Press, en 1963, 1970, 1971, 1975, 1978, 1980 y 1985; alemán, en Colonia en 1979 y francés, en París, en 1982.

-La visión de los vencidos

Otra obra de suma importancia, creada por Miguel León Portilla, es “La Visión de los Vencidos”, la más leída y divulgada de su autoría. Su idea surgió a partir de la lectura que hizo a algunos textos en los que aparece el punto de vista indígena, acerca de lo que fue la invasión española, así como el acceso a pinturas de códices, como el Florentino, el Atlas de Durón y el Códice Tellariano Remense, todos ellos relativos a la Conquista. Aunque se contaba con los relatos en español de Cortés, Bernal Díaz del Castillo, los Tapia, el Conquistador Anónimo y Fray Francisco Aguilar. Lo curioso, es que no se tenía la perspectiva indígena. Lo que más obsesionó a León Portilla fue lo que José Vasconcelos escribió en el prólogo de su Breve Historia de México, en el sentido de que los indios no tuvieron conciencia de lo que les ocurrió.

Mientras que con brillante responsabilidad analítica, en el primer capítulo de la Visión de los Vencidos, León Portilla muestra que los indígenas tenían conocimiento de la llegada de los españoles, aún antes de que esto sucediera, como consta en el escrito de los Informantes Indígenas, a raíz del choque violento con los españoles. Enfatiza en su obra la importancia de divulgar la perspectiva y el testimonio de los que vivieron, pensaron y sintieron aquella invasión: Los vencidos. En el primer capítulo de “La Visión de los Vencidos”, León Portilla muestra que los indígenas tenían conocimiento de la llegada de los españoles, aun antes de que esto sucediera, como consta en el escrito de los Informantes Indígenas de Sahagún, contenido al principio del libro XII del Códice Florentino. Este texto fue transcrito en el primer capítulo de la citada gran obra, con una versión absolutamente directa del náhuatl, aportada por el padre Garibay: El primer presagio funesto, se anunció en el cielo antes de la llegada de los españoles. Dibujándose algo parecido a una espiga de fuego. Algo comparable a una llama, a una como luz auroral. Algo así como si estuviera goteando… Como si estuviera llorando o punzando el cielo. En total fueron 8 presagios funestos, como el octavo, que “mostraba a la gente una especie de hombres deformes o personas monstruosas de dos cabezas, pero con un solo cuerpo. Y que solamente hasta después de que Motecuhzoma veía aquellas apariciones celestes; éstas desaparecían.

¿Y qué más explicar de los 90 hermosos años de vida de Miguel León-Portilla? Muchísimo. Pero a la vez imposible de describirlos en grados de importancia e intensidad, dentro de este espacio. En 1961, apareció “Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares”, obra en la que reconstruye la vida y la historia de los mexicas, a partir de códices, crónicas y cantares en náhuatl. En 1967, el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, publicó, “Trece poetas del mundo azteca”, obra que relaciona conjuntos de poemas y cantares, con sus correspondientes autores. Y el año de 1964, fue muy importante para nuestro historiador, ya que en el Congreso Internacional de Americanistas, que se inauguró en Barcelona, España, conoció a Ascención Hernández Triviño, también historiadora. El 3 de mayo de 1965, se casaron en el Real Monasterio de Guadalupe de Extremadura, en cuya sacristía se encuentran cuadros de Zurbarán. Miguel León Portilla es miembro de las Academias de la Lengua y de la Historia, de la Real Academia de las Artes y Letras de Extremadura; la Academia de Historia; El Colegio Nacional; la Americana Anthopological Association; la Societé des Americanistes de París y de la American Historical Association y Miembro Honorario del Seminario de Cultura Mexicana.

Ha recibido no solo incontables galardones nacionales internacionales, sino incluso un cúmulo impresionante de doctorados honoris causa de las Universidades más importantes y especiales del mundo entero… Y con la elaboración de un texto tan afectuoso de nuestra parte, aunque inevitablemente insuficiente, nos despedimos como es costumbre:

Con un beso… Y hasta la próxima charla

anamarialongi@gmail.com