imagotipo

Minerva Margarita Villarreal | Letras al minuto | Sonia Silva-Rosas

  • Letras al minuto: Sonia Silva Rosas

Premio Nacional de poesía Aguascalientes 2016

Cuando Dios creó en arcilla al primer ser humano,

le pintó los ojos, los labios y el sexo…

Después le escribió el nombre a cada uno

por temor a que se le olvidara

Cuerpo, papel en el que Dios y tiempo escriben. En él se registran las angustias, las ausencias y los dolores; la lucha de todos los días, la búsqueda y la pérdida; la tristeza del abandono y la felicidad del encuentro. La piel se abre al pincel, dedo de Dios que traza lo presente y lo pasado, y con él la bitácora de la memoria se abre… El cuerpo, carne que se entrega, que se ofrenda en el ritual del deseo, cuerpo que se acaricia, se muerde, se reclama. Papel al fin, que se arruga en las manos del tiempo y que Dios sostiene en su mano izquierda, ese lado del corazón en el que forma el cuerpo de cada ser.

Para Minerva Margarita Villarreal (Montemorelos, Nuevo León, 1957), el cuerpo es pieza determinante dentro de su trabajo poético. Su poesía dibuja un doble cuerpo: el cuerpo del poema y, dentro de él, ese segundo cuerpo, el que ella habita: paisaje dentro del paisaje.

En la vastedad de ese primer paisaje, la referencia al cuerpo se invoca de diversas maneras y aparece mutilado, marchito, en franco desafío ante la muerte y como prisión. Pero tratemos por ahora el cuerpo de los amantes, su cartografía del deseo es exacta y su transgresión, decisiva.

El erotismo es una de las principales características en la poesía de Minerva Margarita Villarreal, es el sello que la distingue, y a partir de semejante impronta la cartografía toma forma y con ella la poética del cuerpo. Todo ello más allá de la entrega y el placer, de la posesión y la pérdida, del amor y el odio, de la libertad y el encadenamiento. El cuerpo es recipiente y revelación de los sentimientos que guarda y alimenta el ser humano, especialmente el cuerpo femenino.

En sus poemas, Minerva traza poco a poco su cartografía en el cuerpo deseado, lo presenta como un manjar que se esmera en preparar para después deleitarse en él, para disfrutar de su textura y de su sabor. El juego de la mirada es insuficiente para traspasar esa carne que se le entrega, también son insuficientes las manos para poseerla; necesario es despertar cada uno de los sentidos; la carne exige, incluso, beberla:

En “Cuarteto para cuerpos del desear”, Mauricio Montiel Figueras pregunta si tiene el deseo un cuerpo tangible y contesta: no, el deseo carece de cuerpo. Y ante esta carencia se emprende una antigua búsqueda que culmina cuando el que desea devela al otro, a ese otro que hará solo suyo, con la mirada. Entonces, en esa revelación primera de los ojos, se opera el milagro, el deseo ha encontrado un cuerpo o, mejor, el otro se ha vuelto la encarnación del deseo. Esta encarnación exige un segundo paso, la desnudez, el contacto con el cuerpo deseado; entonces ese cuerpo se sumerge en la transgresión y el olvido aleja de sí la idea de su individualidad para gozar del placer en la contradictoria desposesión-posesión, pues en la batalla de la entrega se pierde pero se gana, los cuerpos se desafían, deciden transgredir lo prohibido y violar tabúes y normas establecidas; y durante la transgresión los cuerpos contemplan la revelación de la carne pues, como afirma George Bataille, “lo que el acto de amor y sacrificio revelan es la carne”.

Minerva invoca al amor como un punto de encuentro con el otro, ese otro, como afirma Octavio Paz en La llama doble, que tiene cuerpo, rostro y nombre en la realidad. “Hay una pregunta que se hacen todos los enamorados: ¿Quién eres? Pregunta sin respuesta. Por eso la poesía traza un puente entre el ver y el creer. Por ese puente la imaginación cobra cuerpo y los cuerpos se vuelven imágenes”. En ese sentido, la poética corporal planteada por  Villarreal cumple el papel de traductora de imágenes, aunque no debe omitirse la importancia que tiene el significado del amor dentro de esta traducción pues, a partir de él, a partir del amor, se logra reunir ese conjunto de condiciones y cualidades antitéticas que, como afirma Paz, lo distinguen de otras pasiones: atracción/elección, libertad/sumisión, fidelidad/traición y alma/cuerpo.

La atracción es primordial en los poemas de Villarreal. A partir de la atracción, el deseo llega por oleadas, nunca de golpe, es como permanecer en el umbral, contemplar sólo el cuerpo amado, el dulce juego del me ves pero no me tocas; desnudar con la mirada la carne y abrir los sentidos al placer, así, lentamente; y después, ya en el disfrute de la entrega, recorrer con la lengua cada rincón de la piel, morderla, ensalivarla, jugar al anonimato y abrir las puertas de la fantasía al oleaje exquisito del erotismo, de la pasión amorosa, temblar ante ella y conquistar la noche de ese cuerpo que se ama. Sí, la  noche, madre de todas la pasiones que existen en el ser humano. En el preámbulo de la noche se pretende la entrega del corazón y no solo la de la carne, que desata necesidades.

/arm