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Mirando hacia 2016 | Sonidos del alma | Francisco José Bernal

  • Sonidos del alma: Francisco José Bernal

Con optimismo razonable, iluminado por la esperanza y la misericordia, sigamos caminando sobre el tiempo; cada paso hacia adelante, nuestro presente se transforma en irrecuperable pasado.

Quedó para argumento de la historia el año de 2015, de un nuevo siglo y nuevo milenio.

El diagnóstico del mundo actual tiene maravillosos retos: convertir los problemas en soluciones y los proyectos en propósitos cumplidos. La prioridad de la humanidad es nuestro planeta y su evidente malestar; ante ello dejar morir nuestra conciencia será lo peor que nos pueda pasar.

Desde los dirigentes del poder político, así como los del poder económico del mundo hasta el habitante más humilde, están comprometidos con urgencia de cambiar hábitos y costumbres para transformar la abulia y la irresponsabilidad en inteligentes acciones. Ya no es momento de deliberar sino de actuar. Las instituciones científicas deberán abrirnos los ojos; las políticas y sociales conducir permanentes acciones para evitar más daños al medio ambiente y a la biodiversidad.

El mundo ya está dañado, su recuperación será en años, más si la conciencia universal no prevalece por encima de los intereses mezquinos de las potencias políticas y económicas, este planeta, joya de la Creación y de la cuna del Hijo de Dios, verterá el agua de los mares sobre la tierra y el oxígeno desaparecerá bajo las sombras de la muerte.

Ante este panorama, el amor y el respeto a la naturaleza será el único camino para enfrentar los problemas de nuestro tiempo y los del futuro.

El delirio por el poder y el fanatismo de las religiones han sido causas históricas de los conflictos, y hoy, más que nunca, la desigualdad de las civilizaciones, el hambre, la miseria, y la migración frente a la impiedad.

Mirando al mundo en el amanecer del 2016, con el silencio de la aurora, pidamos a Dios su intervención; que su Reino se haga presente en la tierra para poner orden.

Los errores humanos jamás superarán a su misericordia.

EPÍLOGO

A un costado de nuestras realidades, decidamos ser felices sin olvidar el amor y la compasión para los que sufren.

Recordemos que el Hijo de Dios, al nacer, nos enseñó la humildad, y 33 años después, al morir en la cruz, el amor y el perdón. Esperemos que Él le conceda al mundo otra oportunidad.

Lo que es imposible para el hombre, siempre será posible para Dios. 

frankmireb@gmail.com

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