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Mireille Roccatti

  • Mireille Roccatti

Otra vez la burra al trigo

En las últimas semanas hemos vuelto a escuchar las ocurrencias por llamarles de alguna manera del ex presidente Fox, primero insultando e injuriando a Trump, seguro de que sería aplaudido por el público, pero luego recapacita, le pide perdón y lo invita a México, para luego participar en un evento en la frontera de “mini mentada de madre” a ese personaje de marras,  y posa para fotógrafos y camarógrafos realizando una seña obscena. ¿Frente a que estamos? Hay un personaje auténtico, es bipolar o es que solo él se entiende.

Lo anterior de suyo importante, palidece ante una barbaridad que plantea según parece, con toda la seriedad que le es posible. Es necesario dialogar y celebrar acuerdos con los carteles de crimen organizado. Así, nuestro expresidente, propone que el gobierno, no aclara si el gobierno federal o los estatales o en los municipios, se sienten a platicar con extorsionadores, secuestradores, traficantes de drogas para acordar, dice él, un alto al fuego y dejen de haber muertos en el combate que el Gobierno de la República ha librado los últimos diez años, contra el crimen organizado.

Al respecto, habría que recordarle, ya que parece tener poca memoria que él mismo, desde su campaña electoral, condenaba a las “tepocatas y víboras prietas” por tener nexos con los malosos y administrar la delincuencia. Y sería bueno que nos diga ¿qué hizo al respecto, porqué no pacto con ellos? Porque tampoco puede olvidar que fue en los dos últimos años de su gobierno, que inició la crisis de inseguridad y el descontrol social que se agudizó en el gobierno de Calderón y de Peña Nieto.

En su gobierno, se arrojaron en un table dance  de Uruapan, Michoacán, en un acto demencial y dantesco unas cabezas humanas y la guerra por Tamaulipas, detonó con un baño de sangre, también en el curso de su gobierno. Solo que ahora apostando a la desmemoria pretende pontificar sobre qué hacer, por un lado y condenando y estigmatizando a su sucesor, busca limpiarse de culpas. 

Habría que aclararle a este inefable ex, que el Estado, no negocia con criminales que violentan el orden jurídico. Una cosa son los criminales que ejecutan conductas sancionadas por la norma jurídica y otra muy distinta es la realización de diálogos de paz con grupos que buscan cambiar el orden social a través de una revolución.

En su argumentación afirma que así como se celebraron pláticas de paz con el EZLN, así se deben celebrar con el crimen organizado. Olvida o nunca supo y por eso su afirmación de que arreglaba el problema con los zapatistas en 15 minutos, que el levantamiento armada zapatista reivindicaba reclamos ancestrales de tres siglos y que constituye un movimiento político, social y cultural, muy lejos de lo execrable que significaba la actividad criminal.

En su abono, quizás mañana, pida que los exterminemos, que Calderón se quedó corto, que hay que ejecutarlos sin miramientos, ni juicios y, desde luego que con los criminales no se transa. Porque como la Chilindrina como dice una cosa, dice otra. Lo que sí es ya inmodificable, con todo respeto, es que no se le puede tomar en serio.