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Misión: imposible

  • Camilo Kawage

1.- El estruendoso despliegue publicitario que ha significado la cobertura del vergonzoso proceso de un vulgar pillastre, sugiere el abultado pago de una gran agencia de medios más que el ejercicio de un albedrío sensato y ponderado. Amén de una notoria falta de ingenio –que no de noticias que ameriten dar cuenta- de lo poco que deja ese abuso del espacio en los canales de información, es una poderosa sensación de envidia que provoca en los jóvenes parecerse al rufián de Veracruz y soñar con algún día concitar tanta atención de los medios y salir en todas las teles, hasta con su misma ropa y su nauseante actitud de desprecio a sus custodios, al Ministerio Público y a todo el aparato judicial.

2.- Entendido que la nota que no tiene color no vende, a muy pocos se les ha ocurrido explicar que el del ya famoso estafador será un proceso largo y deliberadamente difundido hasta el fastidio como parte de la estrategia de defensa del acusado. Falta por saber cuánto paga en propaganda esa defensa, ni si los medios que la transmiten lo hacen conscientes de que son utilizados para ese fin ni, finalmente, si el público al que se le impone esa publicidad vestida de información política, retrato de la corrupción y novedoso concepto de noticias, recibe algún beneficio u obtiene algún provecho más allá del instante en que es parte de la trama.

3.- No faltaron noticias para dar variedad a la semana, pues tras muchos años apareció de nuevo un expresidente que por sí solo es nota: solo un medio le dio cabida, pero Echeverría lució fornido y jovial como cuando tenía todo el poder hace medio siglo. Si la Visita de estado del presidente de Portugal no parecía relevante, sí lo fue la postura de México ante los hechos de Venezuela, anunciada desde el lunes. Y por supuesto, el trágico drama del socavón de la carretera de Cuernavaca, que no ha hecho sino ensancharse con las horas.

4.- La gravedad del tema, desde la sospecha en la licitación; los errores en la planeación y ejecución de la obra, la entrega apresurada, la publicidad que se le dio; luego, el accidente y el hallazgo de que las víctimas perecieron por asfixia, solo se hizo mayor por la torpe insensibilidad de las declaraciones del secretario de Comunicaciones. Lo que le pareció un mal rato de los deudos –que paliaría con un dinero- y el anuncio, siete días después del insuceso, de que en otras dos semanas tendría el dictamen pericial del derrumbe, para la población fue la explícita aceptación de una fatal ineptitud y una vergonzosa falta de probidad al no separarse del cargo, tras una más de las muy equívocas prácticas del funcionario.

5.- Puede decirse que todo lo que no ridiculice y denigre al Presidente y al gobierno no merece atención. Pero también es un hecho que ni uno ni otro parecen preocuparse por prevenirlo. Como si su aprobación lo permitiera, con esos desbarres y gratuito descrédito que parece que le encargan a sus enemigos, da la impresión que ya no hace falta que la oposición haga su trabajo, durante los aún largos meses que le sobran a la administración. Si es así, que les vayan avisando a los posibles candidatos para que no se sigan desgastando en buscar la postulación, y que de una vez cierre sus puertas el partido en el gobierno.

6.- Salvo que la estrategia de comunicación ya la opere el caudillo, con esas trampas de la fe el Ejecutivo y su equipo dejan la percepción de intentar a pulso una misión imposible: autodestruirse cada cinco segundos.
camilo@kawage.com