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Mojados

  • Pablo Marentes

  • Pablo Marentes

El inminente Trump no sabe que quien llamó a los mexicanos a atravesar la frontera para trabajar en Estados Unidos la tierra, producir alimentos, cuidar jardines en ciudades, hoteles y en casas de familia, fue el presidente Roosevelt en 1940. A lo largo de los dos siglos que transcurren entre 1740 y 1942 fueron promulgadas en las 13 colonias, y en los demás territorios e islas que hoy se denominan Estados Unidos de América, 23 disposiciones y leyes de “Nacionalidad y Naturalización”. Las dos primeras de la era colonial del Siglo XVIII fueron la Ley de Plantaciones de 1740 y la Ley de Naturalización de 1790. En el siglo XIX entraron en vigor a partir de 1802 10 Leyes de Naturalización e Inmigración. En el Siglo XX fueron promulgadas la Ley de Naturalización de 1905, el Acuerdo de Caballeros de 1907, la Ley de Inmigración de 1917 conocida como la Zona de Exclusión Asiática, la Ley de Emergencia de 1921, la Ley de Cable de 1922, la Ley de Inmigración de 1924, la Ley de Tydings – McDuffie de 1934, la Ley de Reparación de Filipinos de 1935, la Ley de Nacionalidad de 1940 y El Bracero Program 1942-1960.

Trump ignora que el presidente Roosevelt fue quien propuso, en 1940, al presidente Ávila Camacho, la firma del Bracero Program. Roosevelt señaló que “la alianza fraternal entre Estados Unidos y México se ratificará cuando un ejército de trabajadores mexicanos del campo venga a suplir a los dos millones de jóvenes estadunidenses que salieron hacia los frentes de batalla europeos”. Los mexicanos sembraron, cosecharon los alimentos y cuidaron los ganados que antes sembraban, cosechaban y cuidaban los jóvenes enviados a la Segunda Guerra Mundial. La inmigración ilegal la establecieron y la propiciaron los granjeros del sur estadunidense.

La puesta en marcha y los resultados del Bracero Program los recrea una exposición de fotografías que diseñó y exhibió en Washington D.C. el Servicio de Exposiciones de la institución Smithsonian. Se le denominó Cosecha Agridulce. Aún se puede solicitar o comprarla. De esa exhibición ya hemos comentado algo en este espacio. Son dramáticas las fotos de los braceros descamisados, en calzoncillos, padeciendo el rocío helado, ofensivo, hiriente del DDT sobre sus pechos y espaldas mojadas. Los granjeros que los contrataron nunca cumplieron sus obligaciones de salarios, vivienda, medicina preventiva, alimentación y hospedaje digno. Cuando el oficial mayor de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Ramón Beteta, informó que ya no volverían ni habría más contrataciones por falta de cumplimiento de obligaciones concertadas, los gobernadores de Tejas, Nuevo México, California, se quejaron. La carta más conocida es la del gobernador de Tejas, Coke Stevenson: “Tejas verá en la negativa a continuar el programa una actitud hostil de México. Se están haciendo esfuerzos para extirpar las distinciones injustas y asegurar a los mexicanos el amparo de las Leyes Tejanas…”. Subraya enseguida “la necesidad urgente de que los trabajadores agrícolas mexicanos lleguen a regiones del Estado, en donde cientos de agricultores tejanos enfrentan la inminente pérdida de sus cosechas”. El calvario de los trabajadores agrícolas mexicanos, los wetbacks, lo documenta con crudeza estricta investigación histórica, el irrefutable maestro Gastón García Cantú, en el Tomo I de los seis que integran Idea de México, publicada en 1966 por el Fondo de Cultura Económica.