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Montaje obligado para todos

  • Entre Piernas y Telones : Hugo Hernández

Llueve fuerte; amontonados en el vestíbulo del teatro Orientación, atrás del Auditorio Nacional, intentamos no mojarnos más.

Hay un predominio de público joven. Unos preparatorianos se quejan. Están empapados, quieren irse a su casa, e intentan convencer a la maestra que les perdone la tarea. Ya con el hecho de haber llegado hasta ahí, sienten que cumplieron. Me quiero sumar a ellos e irme a mi casita a secarme y cambiarme los zapatos,
anegados también.

Sin embargo, la profesora es firme y no les permite irse. Mi voluntad se resigna, y todos nos quedamos. Híjole, se anticipa una función “con tormenta”, más fuerte adentro de la sala que la que ya vivimos afuera.
Pero…

La diosa justicia nos recompensa con una puesta en escena extraordinaria: Raíz, que cautiva a todo el mundo, especialmente a los más jóvenes con un montaje del que todos, gracias a la tecnología, nos volvemos parte.

No contaré mucho de la trama, porque arruinaría el gusto de descubrirlo a quienes decidan ir a ver esta obra, ya sea hoy domingo, o la siguiente semana (entre el jueves y el domingo), pues concluirá su temporada el día 26 de marzo.

Raíz es una creación conjunta del grupo Principio: Investigadores escénicos, y del colectivo Teatro Sin Paredes, y cuenta una historia que se ha ido construyendo a lo largo de millones y millones de años: la de la
humanidad.

Video, teatro de sombras, performance, danza, rituales, gran guiñol, muchas son las técnicas y los recursos a los cuales recurre el brillante grupo de creativos que encabezan Diego Álvarez Robledo (dramaturgia y dirección) y David Psalmon
(producción general).

Ovación para los trabajos de Daniel Primo (escenografía y multimedia), Andrea Pacheco (vestuario), Natalia Sedano (iluminación), Karla Sánchez (producción ejecutiva), e Isaí Flores
(acting coach).

Y por supuesto bravo, bravo, bravo para los seis actores-ejecutantes-performers: Zabdi Blanco, Josué Cabrera, Elizabeth Pedroza, Roldán Ramírez, Sol Sánchez y Mariana Villaseñor.

Raíz no es un trabajo científico y menos aún teológico, sino simple y complejamente teatral. Sin embargo, al final de la función, uno se queda con la sensación de que lo que acaba de ver en escena es un gran descubrimiento o una profunda ceremonia religiosa.

El final, que obviamente no contaré, es un golpe a la consciencia que todos los amantes del arte, más bien todo mundo, debiera ver.