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Movilizados

  • Pablo Marentes

Pablo Marentes

En junio de 1967 el presidente Gustavo Díaz Ordaz conoció los primeros signos de descontento estudiantil en diversas escuelas de la UNAM. Fue durante una breve plática informal en una reunión familiar. Ya en los primeros meses de su Gobierno habían ocurrido los conflictos de los médicos residentes e internos de los hospitales del Seguro Social, del ISSSTE y de la Secretaría de Salubridad y Asistencia, entre noviembre de 1964 y septiembre de 1965. Díaz Ordaz le sugirió a su interlocutor que fuera a platicar con Francisco Galindo Ochoa, el “jefe” de prensa de la Presidencia. Él le explicaría cuáles habían sido los orígenes de esos “enfrentamientos con el Gobierno de la República”. El interlocutor afirmó que el proceso era más complicado. Una gran parte de la población mexicana estaba en plena movilización social, que desembocaría ineludiblemente en una nueva etapa de desarrollo político. El proceso ya lo había descrito Karl W. Deutsch, profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts, Yale y Harvard, como un fenómeno social en su  artículo Movilización social, publicado en la Revista Americana de Ciencia Política en septiembre de 1963. La definió como un conjunto de cambios que experimentan amplios grupos de la población en países en los cuales se han introducido nuevas formas de producir bienes y servicios, y experimentan intensos y constantes movimientos migratorios. Esto da lugar a que la población movilizada adopte nuevas formas de conducta y por lo tanto de organización, cuyo resultado es el crecimiento de lo que Deutsch denomina Estrato de población políticamente relevante: conjuntos de población a los cuales es ineludible tener presentes cuando se diseñan políticas de redistribución del ingreso, de creación de empleos, de sistemas de medicina social preventiva y curativa y políticas educativas y de salarios.

Destaca Deutsch que los grupos de poder habrían de dirigirse a esa población con palabras y lenguajes claros y sencillos. Comunicación simple. Nada de propaganda. Recomienda la persuasión, con base en la información amable, clara, razonada para convencer con la razón.

La movilización social se anuncia a través de dos umbrales o magnitudes: el umbral de anticipación y el umbral de crisis. Si se atienden los problemas y se resuelven a su inicio, el proceso de movilización social hacia el cambio producirá una nueva normalidad. Si por el contrario, el Gobierno lo soslaya y responde con amenazas o desplantes ofensivos, como aquel de “a aquellos que gritan ni los oigo ni los veo…” o confunde los síntomas como insolencias o “faltas de respeto” porque “dejan tendida la mano amiga” y responde con represión como en México de 1968, o con indiferencia como en l989, ocurrirán enfrentamientos en las calles de las grandes ciudades o en las regiones urbanas y rurales aledañas a las capitales de los Estados. El fenómeno ya se vivió en la Francia de Sarkozy, o en el Brasil de la Copa del Mundo, o en Regent Street de Londres hace poco más de tres años. También habrá violencia en las poblaciones rurales, en las grandes urbes y en los centros de educación media y superior, públicos y privados, como ha venido aconteciendo en el México de las coaliciones.

Los resultados de las elecciones del domingo enviaron un mensaje. El votante rechaza la omnipresente corrupción y los acuerdos cupulares entre partidos políticos y confederaciones patronales. Los ciudadanos exigen responsabilidad gubernamental y cuentas claras, todos los días.