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Mucho ruido y pocas nueces

  • Salvador del Río

Calmados ya los principales efectos mediáticos de la estridencia política del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, México y otros países han encontrado la forma de contrarrestar lo que a principios de este año parecía constituir una serie de amenazas para la economía internacional.

La relación entre países no puede estar basada en murmullos, sino en el respeto mutuo y el diálogo constructivo, señaló el presidente Enrique Peña Nieto al referirse a la entrevista que sostuvo con su homólogo estadounidense en el marco de la reunión del Grupo de los 20, celebrada en Hamburgo, Alemania. Las expresiones descabelladas de Donald Trump como su afirmación de que México, “absolutamente” pagará el costo del muro en la frontera sur de la Unión Americana, así como otras posturas, quedan para el anecdotario de un Presidente de la nación más poderosa del mundo que no ha entendido la importancia de su investidura en el contexto internacional y en el de su país.

El secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Mead, resumió en una entrevista la evolución que ha tenido la relación de México con Estados Unidos y las perspectivas para el futuro. El secretario de Seguridad Interna de los Estados Unidos, John Kelly, –recordó Mead—se reunió en México con el Presidente de la República y con altos funcionarios de la administración. Lejos de la rispidez empleada por Trump en sus ya cada vez más inútiles twits, las conversaciones con el secretario Kelly se desarrollaron en un ambiente de entendimiento y buenos propósitos, especialmente en materia de seguridad y comercial que involucra una política de cooperación en los problemas de intercambio de mercancías y personas a través de las aduanas y la línea fronteriza entre los dos países.

El secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, se encuentra en Washington sosteniendo reuniones tanto con funcionarios estadounidenses como con congresistas de ambas Cámaras legislativas. Lo mismo en círculos estadounidenses que en México se prevé  el desarrollo de las negociaciones para la revisión del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica en un clima de entendimiento y voluntad para mejorar ese instrumento en beneficio de los tres países que en él participan. México, por su parte, ha planteado la posibilidad de crear un mecanismo, similar al que opera con Canadá, para la contratación temporal de trabajadores agrícolas contratados a petición de las empresas de EU. Este instrumento retomaría el sistema de contratación temporal que funcionó entre México y Estados Unidos en los años 40 y principios de los 60, cuando a causa de la Segunda Guerra Mundial la Unión Americana tenía necesidad de brazos que suplieran el trabajo de los hombres que iban a la contienda.

La posibilidad de acuerdos como el de los trabajadores temporales es solo una parte de los programas que podrán ponerse en práctica como resultado de las negociaciones para la actualización del Tratado de Libre Comercio. En tanto, los ojos de una buena parte del mundo están puestos en México, especialmente en su relación con Estados Unidos. No tanto porque al mundo le interese particularmente el destino de México en especial, sino porque en esa relación, lo mismo en lo fiscal que en lo migratorio y en la seguridad, se encuentran posibles caminos para contrarrestar los propósitos del presidente Donald Trump.

La negociación con Estados Unidos, pero también los esfuerzos para integrar acuerdos y mecanismos entre los diversos países que pueden resultar afectados con la política estadounidense son, sin duda, el antídoto en contra de la estridencia del mandatario de EU que hasta ahora queda más en el discurso, en el twit, en el murmullo, que en la realidad.

Srio28@prodigy.net.mx