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Mujeres de la vida alegre | María Esther Estrada

  • María Esther Estrada

Ámsterdam, Holanda.- París 1850-1910 es sinónimo de vida bohemia. En ese tiempo y lugar vivieron y convivieron grandes artistas de la pluma y el pincel. De Émile Zola a Edgar Degas, de Gustave Flaubert a Vincent van Gogh. La lista es interminable. Muchos de ellos encontraron inspiración para sus obras entre los brazos de alguna mujer de la vida alegre.

Es por ello que en el París de fin de siglo XIX y principios del XX la prostitución fue un tema recurrente en la pintura, como podemos comprobar en la exhibición temporal: “Virtud fácil: Prostitución en el arte francés, 1850-1910”.

CAMA DECORADA, posiblemente propiedad de La Païva, Neuilly-sur-Seine, 1860.

CAMA DECORADA, posiblemente propiedad de La Païva, Neuilly-sur-Seine, 1860.

Henri de Toulouse-Lautrec, Pablo Picasso, Edouard Manet, Kees van Dongen y muchos otros artistas pintaron lienzos sobre diversos aspectos de este tema en el entendido de que el arte debía representar la vida moderna y estas mujeres formaban parte del París de ese periodo, en que las autoridades se debatían entre los beneficios de aceptarla y controlarla y los riesgos que implicaba para la salud y la moral.

A estas mujeres se les veía ofrecer sus servicios en los bulevares y en cafés, en burdeles o en elegantes salones. Al transeúnte, al cliente regular o a miembros de la aristocracia. Mientras algunas, la mayoría, vivían sumidas en el mundo de la pobreza y la enfermedad, otras gozaban del lujo y el glamour de la alta sociedad. De todas estas facetas queda constancia en las más de 100 pinturas, fotografías y objetos que forman la exposición.

ROLLA, 1878, Henri Gervex. Museo D’Orsay en préstamo permanente al Museo de Bellas Artes de Burdeos.

ROLLA, 1878, Henri Gervex. Museo D’Orsay en préstamo permanente al Museo de Bellas Artes de Burdeos.

INSEGURIDAD Y AMBIGÜEDAD

Se concentra en la prostitución en los espacios públicos que, para proteger la moral, sólo era permitida “a la hora del gas”, cuando las lámparas se encendían.

Pero, ¿cómo distinguir a una mujer de la vida alegre de otra “respetable” en la calle? Los artistas hicieron uso de poses, colores, miradas y situaciones para ese fin. “Mujer en los Campos Elíseos en la noche”, 1890-91, de Louis Anquetin y “Absinthe”, 1875-76, de Edgar Degas son dos ejemplos.

“Mujer subiéndose las medias”, c. 1894, Henri de Toulouse-Lautrec. Museo d’Orsay, París.

“Mujer subiéndose las medias”, c. 1894, Henri de Toulouse-Lautrec. Museo d’Orsay, París. Cortesía Museo Van Gogh

ANTICIPACIÓN Y SEDUCCIÓN

Muestra escenas de burdeles, de la vida diaria de las prostitutas. Les dio a los pintores la oportunidad de experimentar con nuevas formas de presentar desnudos femeninos, lo mismo que escenas domésticas como “Mujer subiéndose las medias”, 1894, de Toulouse-Lautrec.

EL ESPLENDOR DE LAS CORTESANAS

Nos muestra aspectos de la prostitución de lujo. Mujeres que compartían sus favores entre los ricos y los políticos, que gozaban de un cierto estatus, eran seguidas por la prensa e incluso marcaban tendencia en la moda.

Una de ellas fue conocida como La Païva (1819-84). Nacida en el seno de una familia judía pobre en Moscú, Thérèse Lachmann llegó a París y se convirtió en la cortesana de más éxito del siglo XIX. Se le conoció por sus fiestas extravagantes a las que acudían la crema y nata de la sociedad, además de muchos pintores y escritores.

NINI, BAILARINA del Folies-Bergère, 1907-8, Kees van Dongen. Centro Pompidou, París.

NINI, BAILARINA del Folies-Bergère, 1907-8, Kees van Dongen. Centro Pompidou, París.

 ESTE TEMA TAN SENSIBLE Y CONTROVERTIDO…

Se convirtió en un espacio para que los artistas se expresaran con gran libertad en el uso del color, la forma y la expresividad. Algunos las presentaron como mujeres sensuales y ligeras, mientras que otros las mostraron como prisioneras de un mundo tenebroso.

Vestidas o desnudas, sugerentes o atrevidas, incitantes o derrotadas, todas estas mujeres que posaron para los pintores tuvieron una historia, un motivo para dedicarse al oficio más antiguo del mundo.

París, la ciudad luz, fue el telón de fondo de estas y otras obras que hoy nos permiten reflexionar sobre la prostitución del siglo XXI. Porque este, el oficio más antiguo del mundo, existe desde tiempos inmemorables. Según la época y el lugar ha sido prohibida, tolerada, aceptada e incluso regulada.

Retrato de Julia Tahl, conocida como Señorita Alice de Lancey, 1876, Carolus-Duran. Petit Palais, Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París. Cortesía del Museo Van Gogh

Retrato de Julia Tahl, conocida como Señorita Alice de Lancey, 1876, Carolus-Duran. Petit Palais, Museo de Bellas Artes de la Ciudad de París. Cortesía del Museo Van Gogh

Pongamos por ejemplo la capital francesa. En 1843 había 235 “casas de tolerancia” registradas, para 1856 el número había bajado a 202. El año 1861 empezó con mil 929 “jóvenes sumisas” que trabajaban en los burdeles, que se redujeron a mil 206 para la misma fecha de 1870. La realidad no es que hubiera menos prostitutas, sino que cada vez más mujeres habían elegido trabajar de manera independiente y sin atenerse a las regulaciones vigentes, como “jóvenes insumisas”.

EN EL café d’Harcourt en París, 1897, Henri Evenepoel. Museo de la Ciudad, Frankfurt.

EN EL café d’Harcourt en París, 1897, Henri Evenepoel. Museo de la Ciudad, Frankfurt.

Los artistas que las pintaban no lo tuvieron tampoco siempre fácil. En 1877 el famosísimo Salón de París, el evento artístico más importante del mundo, rechazó obras como “Nana”, 1877, de Edouard Manet, que mostraba a la artista Henriette Hauser ¡en corpiño, fondo, medias y zapatos! El problema era que, aunque no mostraba su cuerpo, estaba en ropa interior. Al año siguiente le tocó a “Rolla”, 1878, de Henri Gervex, el “deshonor” de ser expulsada del Salón a pesar de que el artista se justificó diciendo que era la representación de una escena del poema del mismo nombre, escrito en 1833 por Alfred de Musset, en que antes de suicidarse, un joven mira a la mujer con la que pasó la noche.

EN EL café: Agostina Segatori en Le Tambourin, 1887, Vincent van Gogh. Museo Van Gogh, Ámsterdam.

EN EL café: Agostina Segatori en Le Tambourin, 1887, Vincent van Gogh. Museo Van Gogh, Ámsterdam.

El Museo Van Gogh organizó diferentes eventos y conferencias para tratar éste y otros temas relacionados. Entre ellos, la legislación holandesa en la materia, sus orígenes y aplicación.

Encuentra mayor información sobre esta exhibición, que se presentó con éxito en el Museo d’Orsay en París y actualmente está abierta al público en el Museo Van Gogh de Ámsterdam, donde permanecerá hasta el 19 de junio, en www.vangoghmuseum.nl

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IMÁGENES CORTESÍA DEL MUSEO VAN GOGH

FOTOS: MARÍA ESTHER ESTRADA M.A.

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