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Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

  • Garbo y amor propio

“La belleza sirve para muy poco.

Es un adorno que pocos saben apreciar”.

Elena Garro

Reencuentro de personajes
Ponerse en lugar del otro y no en el de uno mismo, a veces resulta más lindo (y sí, digo “uno mismo” en general, porque luego me pone muy mal eso a lo que se ha llamado el discurso de género… que no sé que opinen ustedes, pero el de “género humano” es el que deberíamos preservar), porque no nos gusta juzgarnos, pero subrayo,todavía aquello resulta más fácil –ponerse en el lugar del otro-, que ser capaces de hablar de nuestras virtudes, y más aún, de aquellas cosas que nos maravillan de nosotros mismos.

No nos educaron para creérnosla, y eso no quiere decir ser prepotentes, sino defender nuestras cualidades;tanto las que nos heredaron, como las que por tesón conseguimos. Muchas ocasiones somos hipócritas y falsos modestos. Peor todavía, no nos sentimos merecedoresni siéndolo. Vivimos pensando que debemos dar más y más, que nunca hacemos lo suficiente, porque crecimos con la idea de que “la modestia es la flor más preciada”. Pero, ¿para quién?

De eso platicábamos hace unos días mis amigas y yo, en nuestra primera reunión de 2017.

La voz cantante la llevó Carlota, que no obstante ser tan segura de sí misma, no se siente cómoda al hablar de sus cualidades, y miren que tiene muchas. Además de ser un gran ser humano, noble, luchador, echado para adelante, y concertador por si fuera poco, tiene problemas para decirlo en público… Si entre nosotras le sube el rubor, más al enfrentarse al mundo.

Sin embargo, pensábamos que no es solo un problema ‘carlotil’, sino de nuestra cultura mexicana. Conocemos nuestros puntos fuertes, creemos que los otros se dan cuenta de ellos, y que no necesitamos mostrarles cuáles son.  Confiamos demasiado en el punto de vista del otro, como reflejo nuestro, y nos falla, nos falla mucho;y no nos sabemos “vender” para contrarrestarlo, si es que no se dan cuenta. Desde luego, la palabreja “vender”, suena horrible, comentó Lucrecia, pero destacó que es una manera de mencionarlo, porque si tienes a alguien enfrente, por primera vez, la impresión que dejas puede determinar todo lo por venir…

¿Por qué en otros países la gente nos parece tan sobrada? ¿Por qué tan soberbia? ¿Tan pagada de sí misma?, y nosotros salimos con nuestra batea de babas, de que a nosotros no nos gusta ser petulantes, quesque porque se gana más sin serlo. Ysí, estamos de acuerdo con eso, pero no con el hecho de no saber frente a quienes estamos parados y cómo nos comportamos, o dejarlo al tiempo. Un poco de garbo y de creérnosla no nos viene mal a nadie, que por eso luego nos maltratan y acabamos resentidos con la humanidad entera, cuando nosotros ni siquiera fuimos capaces de decir, esta boca es mía. Debemos aprender a respetarnos a nosotros mismos, dijo Florencia, y también, a reconocer nuestros límites. Yo lo acepto, soy una cabra flotante con quien lo permite…

-¿Pero qué es eso? Le preguntó locuaz Marcia, porque una cosa es que tú no puedas llegar a ningún trabajo antes de las 11 de la mañana y aún así ser excelente en tu desempeño, y otra ser una “cabra flotante”…

-Bueno, porque suelo ensañarme con quien se deja, y contrarresto en algo nuestra herencia cultural. De mí para el mundo.

Pues sí, ella tenía razón, era la única de nosotras que no se ruborizaba hablando de las maravillas que ella tiene, de lo que sabe hacer. Ella sí es soberbia y es 100 por ciento mexicana. Así que nos dijimos que le debíamos aprender, porque así está muy feliz y aunque se preocupa de lo que ocurre en el mundo, pone manos a la obra en lo que a ella compete.

Leonarda, dijo que comenzará a sentirse mejor consigo misma, y no dejar que el paso de los otros cambie el suyo. Irá a su paso por la vida, procurando disfrutar y disfrutarse, pues entre sus muchas cualidades están la organización, la locura, apasionarse por los varones al extremo y además, es solidaria y ama la vida.

Rosaura, aunque un poco agobiada con tantos pendientes en su haber, al igual que obligaciones, sabe -aunque lo diga bajito- que es todopoderosa, pues logra todo lo que se propone. Donde pone el ojo, pone la bala.

Y todas les decimos la frase consabida: Ser y parecer… Hojeemos en los cuerpos e inteligencias, el libro infinito de los deseos… Eliminemos los fantasmas de nuestras mentes, y al contacto humano, pisemos tierra firme.
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