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Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

  • Me dijeron rara

Todo aquello de lo que reniego, viene a darme frentazos en el momento más innecesario o necesario. ¡Vaya usted a saber!

Así pasa cuando no tenemos parámetros y/o no hemos repensado los límites sobre los foros; lo mismo que espacios físicos y virtuales que ocupamos en el mundo.

Cuántas veces soy la que no quiero ser, cuántas la que no creo ser, cuántas otras la que me enfermaría ser. Cuántas más, la que padezco ser. Cuántas…, la que me desdibujo de tanto querer afirmarme. La primera persona siempre ayuda a situarnos: Me dijeron rara.

La sobreexposición nos deja ese mal aliento. Esa falta de límite y el agobio por ello. Ese tiempo destinado a lo supuesto… Ese peso de las caricias visuales que así se quedan (en letras o imágenes), y que no apelan a las acciones. Ese goce público a las sonrisas o a emitir puntos de vista para debatir, con los que puedes acabar agredido “públicamente” (sacando a otro de su sombra) por expresar lo que piensas. Y, ¿quién puede ver lo que piensas? Se supone que tus conocidos, aunque en muchos casos no solo ellos.

Bien, pues esto es algo que ocurrió con una amiga mía, que de repente se cuestionó qué pues con el Facebook (red social), qué pues con el espacio que le dedicaba en su día a día. Lo último antes de cerrar los ojos, lo primero al abrirlos, y cuya dinámica le comenzó a parecer aburrida, predecible y mecánica. Sintió demasiado ruido en la cabeza y la necesidad de cerrarse de la gente que conoce.

V.G., que entre otras de sus linduras, da talleres sobre uso de redes sociales, se replanteó la exhibición en el Facebook, que parece ser tónica común. Porque la gente se acostumbra a verte ahí, pierdes privacidad, y te llama ‘rara’ si no te encuentra. Una herramienta con la que todo el tiempo estás disponible y todo el tiempo visible.

Decidió cerrar su cuenta por un tiempo, al sentir que había pasado la línea y publicaba demasiado, pero supone que el uso que se debe dar a una herramienta semejante es “sin expectativa”. Sintió alivio, al darse la oportunidad de encontrar significados.

Lo privado debe replantearse con tanto escaparate, me decía un académico de la UNAM, frente a estas dinámicas. Y eso sin la necesidad de pensar en si la información que viertes, más allá de lo útil al mercado, también deja cuenta de tus filias y fobias, de tu vida, conocidos y/o parte de tu pensamiento, para el uso de “otros”, llamémoslo así.

La sensibilidad es una práctica. Así lo es también, el manejo de nuestro entorno y los cambios existentes. Ni para todo necesitamos terapeutas; ni para todo, reglas. Tenemos que aprender a observar y tomar decisiones personales en consecuencia. Eso es libertad. También, debemos aprender a observarnos a nosotros mismos y combatirnos, por disciplina, por equilibrio.

Saber para qué son las herramientas, también es parte de esto. No dejarnos envolver, sino mantener una posición inconforme frente a las cosas, para modificarlas. Desde luego, de principio lo permites, después te retraes. Todo es un aprendizaje. La sensibilidad, decía, es una práctica.

Cuánto tiempo tomó descubrir todo el potencial de la imagen, cuánto el del texto, es más, ¿lo hemos descubierto? ¿Lo tenemos bajo control?

Ha cambiado nuestra manera de presentarnos en el mundo, nuestra manera de dejar huella (o al menos de querer dejarla). Hoy ya no escribimos en un diario, pensando en nuestra posteridad. Hoy dejamos huellas y pistas ‘raras’ de los que somos; y no sabemos si las dejaremos ahí abandonadas, por nuevas tecnologías o herramientas.

Quizá debamos aprender a sentirnos orgullosos de no ir en tropel, y tener la capacidad de parar en un momento determinado. Tomarnos un descanso y alegrarnos con una llamada telefónica en detrimento de una comunicación desfasada. Descansar en ocasiones es desafiarse a uno mismo.

V.G. comentaba que existen terapias para quitar la dependencia a las redes sociales, y con todo respeto, a mí eso me parece una vacilada. Es algo tan nuevo, que ni siquiera se tienen los conocimientos. Le das el poder a alguien sobre tus actos, le pagas y a partir de los casos que reciba, irá aprendiendo; y espero no publique los casos ¿verdad? Porque las consultas ya las pagaste.

Siempre habrá qué reflexionar sobre lo nuevo y lo viejo, sobre cómo nos situamos en el mundo, para el sostén y el avance.Pero, ¿y el otro? Qué puede y qué no. Cada quien que haga lo que quiera, ponga fotos y fotos, transcriba letras, comente situaciones personales o de todo un poco, dice ella.

Es una gran herramienta, pero parece mentira que se le de tanta importancia a lo que se publique ahí. Tiene razón. Que la gente se exprese o no, que esté ahí o desaparezca de la virtualidad. Que al fin y al cabo, no es desaparecer.

¡Bienvenidos los raros!
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