imagotipo

Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Definitivamente no se trata de que alguien vaya a tener un infarto ni taquicardia extrema. Tampoco que el corazón lata más fuerte e inconfundiblemente se perciba punzando en la cabeza, aderezado con un rubor pertinaz, calor y el compás haga lo suyo en las sienes, agitando… O, sí.

Hace décadas, existió una revista llamada Confidencias. No la viví, pero logré encontrarme algunas en un expendio de segunda mano (o vigésima mano, vaya usted a saber).

Era una revista tamaño esquela, de 64 páginas y que salía semana a semana. En su portada, tenía la imagen a colores, dibujada, de un rostro femenino. Contenía recetas de cocina que enviaban los mismos lectores, esperando que su nombre en blanco y negro apareciese, junto a su platillo descrito; también tenía historias de mujeres que habían encontrado el amor y la felicidad en las convenciones y perpetuando el estilo de vida marcado o el querido a reproducir, por los siglos de los siglos. Al final, buena parte de la revista, contenía avisos del corazón. La vida de Confidencias, fue en los 40 y 50 –incluso hasta los 60s- del siglo pasado.

Entonces, hombres y mujeres enviaban cartas, siguiendo una tradición del siglo XVIII, que cobró más y más terreno en épocas de guerra, en periódicos y revistas, para conocerse; mucho con Apartados Postales.

En este modelo mexicano, el editor de la revista reescribía todas las cartas recibidas, para ocupar un determinado espacio y formato, pensando en la posibilidad de que una pareja se encontrase. El medio hace el mensaje, escuché innumerables ocasiones en la Universidad, y sin pensar en enmendarles la plana totalmente, sí sería bueno señalar que también dependiendo del momento histórico y del entorno, las palabras tienen su significado.

Ahora gente entra en contacto por internet, se conocen en tinder, charlan y concertan citas. Sin embargo cuando la cuestión era la carta y generar interés, el editor era campeón organizando mensajes a los que colocaba determinado número y quien se interesara debía escribir a la revista, dando respuesta a ese número. La Revista Confidencias era el intermediario siempre, hasta que llegaba el momento en que se conocían.

¿Quién se imaginan ustedes que escribía primero? En aquél tiempo, me imagino un anuncio parecido: “Busco hombre serio para relación duradera, entre los ‘tales y tales’ años, con buenos sentimientos, trabajo estable y hogareño. Señorita educada, de no mal ver, con espíritu de servicio, y muy de su casa”. Serafina (Siempre se empleaba seudónimo).

¿Pondría alguien en aquellos anuncios de antaño: Busco hombre de mundo y mundano, que se las sepa de todas-todas en el sexo y el amor? Supongo que no.

Actualmente, ¿se imaginan qué escribiríamos si tuviésemos que utilizar las mismas herramientas de entonces, sin posibilidad de la tecnología? Simple y sencillamente: no internet, no correo electrónico, no teléfonos celulares. ¿Cómo nos describiríamos y qué atributos pretenderíamos o serían los importantes en algún hombre o mujer? ¿Podríamos encontrarnos unos a otros, con esta vida tan rápida y dispersa, regresando a aquel método?

Hagan por favor un ejercicio, damas y caballeros, y en tres líneas detallen cómo se describirían. Si yo escribo la verdad, diría:

Mujer sonriente y buena escucha, que detesta cualquier labor doméstica, y no sabe cocinar, pero sí preparar tragos; que disfruta mucho estar sola, escribiendo o leyendo; busca caballero para charlar, compartir un buen baile y/o una copa de vino.

Me troné la cabeza para intentar describir cómo soy. La verdad, imposible. Desde luego, con mi descripción, nadie me escribiría. Entonces, ¿qué poner? Mujer libre, busca amistades… No, fatal. En realidad me siento feliz de nunca haber intentado poner anuncio ni acudir a alguna aplicación para buscar una cita. Todo habría sido infructuoso.

Preguntaba a un amigo su descripción: Formal, feo, inteligente, intolerante con la mediocridad… Y bueno, hasta ahí nos quedamos, porque comenzamos a reír a carcajadas.

Suena totalmente ridículo. Ahora queremos compartir lo menos… Tal vez siempre hemos querido hacerlo, pero antes no lo decíamos. La aventura es lo que siempre ha existido, lo demás, lo demás viene después. Las palabras han perdido tono, profundidad, se han vuelto planas, qué tercera o séptima dimensión ni qué nada.

Hagan el ejercicio. Los invito a pasar un buen rato, riendo y aprendiendo de sí mismos.

celiatgramos@gmail.com