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Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

Elevada apuesta

“Hacía tantos años que no alzaba la cara, que me olvidé del cielo”,

Juan Rulfo

Avanzando sobre el terreno de la semana pasada, ya no seguí contándoles sobre esos motivos superiores o inferiores, que hacen que una mujer sea infiel o monógama, que fueron con los que continuamos nuestra charla entre amigas cumpleañeras, gustos y regalos…

De esas enseñanzas que uno no sabe ni siquiera dónde leíste o escuchaste en la vida, pero hiciste tuyas, nos dijo Florencia: -Hace mucho, supe que un hombre es infiel solo porque sí, aunque pueda estar muy bien en la relación con su pareja. En el caso de la mujer es distinto, señaló: una mujer es infiel, sí, y solo sí, su relación ya no da para más. No le he hecho la prueba del ácido a estas sentencias, pero ¿ustedes qué opinan?

Al instante, todas permanecimos en silencio, reflexionando al respecto, y buscando hacer conexiones instantáneas en nuestra experiencia y lo visto sobre el terreno. La frase, así como así, no nos llenaba. Bien era cierto, que las tentaciones aplican por igual a mujeres que a hombres, independientemente de las conductas morales establecidas por cada época, incluida esa necesidad por reafirmarse y por la aventura, con la que hemos acabado en esta idea de tranquilidad, estabilidad y medianía.

Lucrecia fue la que tomó la palabra luego de nuestra mudez repentina, y mencionó que, desde el punto de vista biológico, solo el uno por ciento de los animales apenas es monógamo, lo que no incluía el caso del hombre, de por sí bastante complejo. Y me refiero como género humano, añadió.

Ella dijo que en ese caso no están los primates. Es más, procuró hablarnos de los últimos descubrimientos de la ciencia, y se refirió a las cuestiones químicas. Nos habló entonces de la dopamina, oxitocina y vasopresina. Si se preguntan cómo recuerdo estos nombres, es porque evidentemente los apunté, que por más que le confíe a mi memoria, no existe nada mejor que el papel y la pluma.

De la dopamina nos dijo que era aquella conocida como el neurotransmisor del amor, aunque en realidad lo era de todas aquellas conductas placenteras. Expuso también que, en una relación estable, este neurotransmisor incrementa sus niveles, generando precisamente esa monogamia.

Ah, pero entonces intervino Rosaura: -Sí, sí, de la dopamina ya hemos escuchado mucho, pero también sabemos que el periodo de enamoramiento solo dura tres años… Luego existen otros factores, que son los que hacen que las parejas se mantengan monógamas, la familia, la sociedad…

Espera, recuperó el timón Lucrecia, si el neurotransmisor se bloquea, los machos copulan con otras hembras.

No hubiera dicho eso Lucrecia, porque obviamente saltamos: -¿Y qué hay de los estudios sobre las hembras, pues? ¿Nos vas a decir que solo han hecho estudios sobre machos?

Resulta que al menos de lo que he leído, sí, todo circunda en los machos. Pero esperen un poco, repitió Lucrecia, ante la impaciencia de Marcia, Leonarda, Carlota (que parecía que ni la fumaba, aunque sí). Muchos estudios se han hecho con mamíferos también, por lo que piensan que así podría funcionar para los humanos.

Pero quería comentarles que se han hecho estudios sobre la oxitocina, que es esta hormona a la que le llaman de la “confianza”, y que esta se consolida en un abrazo y elimina también los temores a situaciones nuevas, sea lo que eso signifique… Investigaciones sobre ella han permitido determinar que influye en más lazos monógamos o al menos, intenta explicarlos. Esto lo descubrieron en las ratas de pradera, que son monógamas; comparando la función de la oxitocina en otro tipo de ratas, que no lo son.

Luego viene la vasopresina, una hormona que participa en la función cardiovascular y la presión sanguínea. La vasopresina entra en acción cuando observamos a alguien atractivo y aumenta -de inmediato- nuestro ritmo cardiaco, ¡ajúa! El estudio de ésta y su relación con un gen, nos explicó, se vio en humanos en Noruega, y el polimorfismo del gen, generaba conductas más o menos monógamas.

Por lo tanto, concluimos: la monogamia es una cuestión netamente volitiva y va contra la propia naturaleza biológica humana. Es por lo mismo, que el propio contrato social ha acabado por dejar fuera en mucha parte la cárcel frente a la infidelidad, lo único que ha podido hacer es que uno responda por sus actos, económicamente hablando.

Así que ya está, podremos hablar de cuestiones químicas y neurotransmisores, lo cual no significa ninguna enfermedad, sino nuestra naturaleza, en tanto que, si queremos mantenernos con una pareja, pues habremos de trabajar ambos en muchas cosas para lograrlo cada día, y ponernos nuestras propias reglas… Lo primero, en todo este asunto, será conocernos.

Comentarios: celiatgramos@gmail.com