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Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

  • ¿Quién nos inspira?

 

“Nuestra existencia no es más que un

cortocircuito de luz entre dos

eternidades de oscuridad”

Vladimir Nabokov

 
¡Cómo cuesta encender motores! No se trata del tránsito del sueño a estar bien despierto, sino de la posibilidad de llegar a ustedes, que de ninguna manera, es sencillo. Toma tiempo. Pues antes de enfrentarse a la pantalla, uno ha venido reflexionando, para narrar y compartirles.

Queridos lectores: No entiendo bien a bien las razones de la Academia sueca para otorgar el Nobel de Literatura a Bob Dylan, pues siempre quisiera urdir en aquello del discurso que no se dice. Lo prioritario es siempre lo que no deja registro. Porque, lecturas que le dan, he revisado muchas. Sin embargo, sea éste, y no un pretexto menor, para bordar el tema sobre ¿quién o qué nos inspira? Pues esa sin duda, debió ser una de las razones para elegir a Bob, que además, no sabemos si aceptará el reconocimiento o qué estará planeando.

A lo largo de las existencias personales, estos que somos nosotros en este momento, nos hemos construido por aquellas cosas o aquellas personas que por algún instante nos han inspirado a actuar. Tal vez los tengamos cubiertos en nuestra memoria, tapados quizá, pero no está de más, hacer un alto y darnos a la tarea de recordar.

Cuando decidí titularme de la licenciatura, me inspiré en huir de un amor tóxico, poner tierra de por medio, y cambiar de aires. Muchos factores se unieron para lograrlo. Mi asesora de tesis, que me presionó magistralmente; un trabajo que me había invitado a independizarme y a quienes demandé; así como mi gran ocurrencia de titularme el día de mi cumpleaños, justamente un 27 de octubre (ya pronto), e hice todo para ello en tres meses. Dos días después de la titulación, viajaba a Canadá a estudiar.

El engranaje lo había armado, independientemente de los tropezones que me di. El primero, mi torpe ingenio de cambiar el título de la tesis (porque se escuchaba mejor) y mandar a imprimir los ejemplares… De más está decir que tuve que volver a imprimir con el título original;de otra manera, no procede. Ya no me alcanzaba el dinero, y vendí una moneda de oro que me había regalado una tía. Las carreras fueron tremendas, pero el objetivo estaba fijo: titularme y poner distancia. Ya tenía todo listo y no debía haber falla.

Ese fue un momento de mi existencia en que muchos factores me inspiraron a moverme. Ese novio que tenía, al que logré mandar al carajo. Y debo agradecer, sin duda, a Mercedes Durand, mi asesora de tesis, por su paciencia. Ella fue inspiradora, en primera instancia, porque cuando yo andaba tan dispersa, sin saber bien qué hacer, creyó en mí. La confianza, no se defrauda.

Es la gente que me ha enseñado a trabajar y me ha brindado oportunidades, la que no ha sido jamás egoísta; y aquella otra que ha sido fatal en mi vida, la que más motivos para inspirarme, me ha brindado. Así es, funcionamos por antinomias.

Cuando se me pone enfrente una persona a la que ni siquiera conozco, pero toca mi corazón, esa me inspira. Cuando un libro, por azares del destino llega a mis manos y me hace pensar o llorar; cuando una película lo logra; una travesura, un árbol, una flor, sea por belleza o fatalidad. Lo que de alguna manera nos mueve, nos inspira.

Cuando salta la rabia por el abuso, inspira a no repetirlo. Muchas ocasiones, nos inspira aquello que no queremos emular, lo que no queremos ni para nosotros ni para otros. Por eso nos gustan las biografías, para saber cómo le hicieron otros, no solo para tener poder o dinero o amores, sino para lograr equilibrios; buscamos ese espacio de humanidad, de duda, de sentimientos encontrados, ese espacio en que nos parecemos.

¿Quiénes nos inspiran pues? A mí me inspiran aquellos que muestran que la humanidad, el humanismo, es territorio propio; aquellos que me muestran que no nos es ajeno. Me inspiran aquellos que se han impuesto disciplina; aquellos anónimos; los que trabajan y no están esperando, y por lo mismo logran; aquellos que saben dar, desde una sonrisa.

Y si puedo, me gusta ver como boba a la gente que me inspira, aunque antes que ver, me gusta escuchar… Eso ha sido siempre. Me gusta ver como atarantada a alguien a quien escucho. Me inspiran las palabras, la conciencia, la imaginación… Me inspiras tú, que tomas unos minutos leyendo esto, para que yo te escuche y escriba. Desde luego, me inspira poner en juego todos los sentidos.
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