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Mujeres en busca de sexo

  • Mujeres en busca de sexo / Celia Gomez Ramos

  • Ese “sentido común”

Parecería una obviedad, pero no lo es. Si yo te pregunto a ti, a él, al que va por la calle azarosamente, a ustedes…, a cada una de mis amigas, con las que suelo reunirme, lo que entendemos por “sentido común”, podríamos llegar a definiciones francamente parecidas. Sin embargo, no ocurre lo mismo, cuando se trata de comenzar a poner ejemplos, pues todo tiene matices y sutilezas.

¿Será que por “sentido común” hacemos o evitamos, deseamos, tenemos sexo, amamos a alguien? ¿Será que por sentido común no rebaso, si veo que tengo encima ya al otro o no tengo espacio suficiente?¿Será que tampoco tocó el claxon al que arbitrariamente me estorba, porque podría detonar su coraje? ¿Será el sentido común la practicidad andante e instantánea? ¿Algo así como un instinto de supervivencia, pero más almidonado, más relajado?

Parece, al menos para mí, que el sentido común resulta bastante complejo y que pone en juego todos nuestros sentidos, y todavía más…

¿Será que por sentido común nos callamos o nos hacemos escuchar? ¿Será que apelando al sentido común, pretendemos autoridad frente a otros? ¿Será un sinónimo de cordura y de haber aprendido y adoptado bien las reglas sociales de nuestro entorno?

Resulta que así como lo reviso, el sentido común viene de todo aquello que ya traemos con nosotros en los genes-la filogenia-, aquello que nos ha permitido subsistir, y también, de lo que hemos aprendido de nuestro entorno, desde que nacimos.

Entonces recuerdo escenas de películas y de la vida diaria, en que el ser humano independientemente de ese “sentido común”, se expone. Y al preguntarme por qué lo hace, la única respuesta es: por medirse; por curiosidad; por descubrirse en sus capacidades a sí mismo, a sabiendas de que existen verdaderos indicios de que puede salir mal.

Descubro en ese momento, que ese “sentido común”, es como el mantenerse en la medianía, sin picos ni crestas, y que si de alguna manera permite llevar la fiesta en paz, no necesariamente es lo que soluciona cuestiones importantes, ni aquello que nos revoluciona…

Pues bien, todo esto vienea cuento, porque Carlota, una de las amigas, salió con que por “sentido común”, no debía Marcia, flirtear con el tipo que se encontraba en una mesa cercana a la nuestra, sobre todo si no sabía bien qué es lo que quería con aquél…

-¿Saber qué quiero? Le respondió Marcia, sin atorones en la lengua. Nada menos que reafirmarme, nada menos que coquetear y ver si puede haber algo. ¿Acaso no te pasa, dijo -dirigiéndose hacia Carlota-, que cuando vas a comenzar con tu periodo menstrual, sientes una humedad repentina entre las piernas y esa gran necesidad sexual? Con o sin “sentido común”, ¿te pasa o no te pasa? ¿Te percibes o no te percibes?

Carlota se quedó fría y sin respuesta inmediata. Todas comenzamos a mirarnos y a reconocer que sí, que sí nos ocurre, independientemente de si empezamos a buscar satisfacer nuestros deseos y coquetear con los varones o buscar la ocasión propicia. Obvio, no con todos, sino con alguno que nos agrade o varios.

-Si Marcia pensara en el sentido común, o yo también, afirmó Lucrecia, probablemente sería muy recatada y no voltearía a mirar a aquel hombre con la insolencia con que lo hace, porque podría ponerse a reflexionar en lo que aquél puede pensar. Eso sin duda, a ella no le importa al momento. No, ella prefiere jugar y divertirse, como es la vida.

Rosaura señaló también, cierto, el sentido común resulta como la convención, pero no necesariamente de ella, se obtienen los logros. A mí me parece más derrota no aventurarse, por más que pudiera ocurrir que aquél ni se interesara, no se diera por aludido o dijera que es casado y debe llegar a su casa. Si es así, bien por él…, pero, ¿y si no?

El sentido común nos puede decir que no debemos gritar en este restaurante, porque está lleno; que no debemos atravesar una calle sin verificar el semáforo y sin voltear hacia ambos lados; que deberíamos pedir auxilio antes de entrar, si vemos la puerta de nuestra vivienda abierta, pero lo cierto y por fortuna para la evolución, es que nos domina la aventura y la curiosidad, concluyó Leonarda con una mirada inspiradora. ¿Ustedes qué opinan? ¿Es mejor cruzar o no cruzar la línea?
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