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Amor en abonos | Mujeres en busca de sexo | Celia Gómez Ramos

  • Editoriales

“El viejo puritano reprimía el sexo y era apasionado; nosotros, los nuevos puritanos, liberamos el sexo y reprimimos el amor.”

Michel Foucault

Aquí no hablamos de dinero, ni de pagarés ni letras de cambio. Tampoco de contratos comerciales con restricciones, sanciones o lineamientos específicos, pero… no suena a ser lo mismo “abonar amor” que “amor en abonos”, ¿o sí? Aunque pareciera que ninguna a simple vista tendría una connotación positiva, qué decir propositiva. Y tampoco pensemos que abono es fertilizante, aunque de hecho sí…

He solicitado el apoyo y sabiduría de muchos que amablemente opinaron al respecto desinteresadamente, pues la idea era quitar esa connotación negativa a la palabra “abonos”, cuando finalmente permite obtener algo que se desea (hermosa palabra), puede ser al final o quizá desde el principio.

No se asusten con los temblores corporales, pero sí con los terrenales. ¿Por qué si hablamos de abonos siempre vamos a cuestiones comerciales, a pagos chiquitos, en partes, por partes, en tiempo o en raciones?

Dar o recibir, esa es la cuestión. Recuerdo a un novio que tuve que me salió con la bobada de: Aprendí a querer menos, pero a querer mejor. Supongo que cuando me dijo eso, tratando de explicar sus acciones presentes, debí haber retorcido la boca, pues sigo sin masticarlo. Poco recibí, y al menos, mi cariño le quité.

Hablando de sentimiento y no precisamente de sexo, lo que queremos es no reprimir el amor y tampoco darlo todo de una vez y que se acabe porque después ¿qué más?, ¿qué más?, nos preguntamos algunos.

En gotitas, en pagos chiquitos… A tiempo para evitar los intereses… Amor racionado, limosnas de amor, amor en parcialidades, a cuenta gotas, a pedazos; ir sumando amor hasta conseguir la abundancia en el recuento.

Dice un primo mío. “En trozos, cachos, cachitos, gotitas, gototas, y seguro el doble sentido lo entenderá el sexo masculino sin problemas”… ¿Ustedes creen que sí?

Amor de a poquitos. Pensando en eso, una chica le decía a un amor así, “mi jarabe”, como una pequeña porción que se iba dosificando, o qué tal, tomándolo en cucharadas cada ocho o doce horas, según la urgencia y la necesidad.

Dice el maestro que todos los amantes saben la respuesta, pero no la pueden definir porque el amor no es un intercambio, sino un acto de fe. Ustedes decidan.

En realidad, por mi parte, quedé sorprendida por tantas visiones existentes a partir de un juego de palabras. Entonces me pregunto, ¿cómo podremos darnos a entender y transmitir lo querido aquellos que escribimos? Cierto, la cuestión no es diáfana, porque pedí un significado positivo para “amor en abonos”. No obstante, algunos opinaron cosas que de ninguna manera eliminaban la connotación negativa. No imaginaron ir llenando o acumular, sino fraccionar.

Amor “embono”, sostuvo una voz. Embonar en el amor podría ser como la armonía.

Pero, ¿qué es lo que podría llevarnos a que el amor se de en parcialidades o en su totalidad? ¿Qué es lo que hace que sea poco a poco o de golpe? ¿Será acaso la sabiduría, acaso la necesidad, acaso la prudencia? ¿Acaso el otro es quien fija la pauta, la urgencia? ¿Cuáles son las condicionantes para que se dé, por acuerdo de voluntades, en parcialidades y en su totalidad? ¿Cuándo se plantea eso, quién lo hace? Aprendizaje o instinto.

Proponían una delicia. Disfrutar las fantasías alrededor de la anticipación de la futura cita, la preparación… Eso sí, con la cláusula estricta de no cancelar o faltar a la cita.

Lo tienes, pero no es tuyo. Tuyo, también me comentaron y quizá por ello mismo el esfuerzo debe perdurar. Esa idea de “cada día te quiero más” o “me voy dando, pero también me sigo construyendo”.

Y finalmente, resultó que contrario a lo que se cree, el amor en abonos podría ser el amor cotidiano, aquel que no se termina porque no lo das de una vez, sino día a día. Si hubiese que inventarle un término, sería “El Codiamor”. Si un término financiero, “Fideicoamor”. Un fideicomiso con un beneficiario que recibe cada día su dosis hasta agotarse. Y bueno, como el chiste es que no se termine, pues por eso es en abonos y necesitamos de expertos que hagan que los recursos duren toda la vida. Todo lo contrario al amor de indigente, que es el urgente y se acaba, o al menos, se apacigua por la tensión nerviosa reconfortada.

Tal vez sería bueno aventurarnos más a la morosidad, y cómo en una historia, la nuestra quizá, ir siendo testigos y cómplices para no agotarnos.

Comentarios: celiatgramos@gmail.com

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