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Mujeres no, caballos sí / Gilberto D’ Estrabau / Juego de Palabras

  • Gilberto Destrabau

La biblia judeocristiana es el libro más leído del mundo y, forjada a su imagen y semejanza, la humanidad actual es la más degenerada, destructiva y clasista de la historia. En las páginas del llamado Antiguo Testamento, describen con minuciosidad y detalle todas las aberraciones sexuales, maneras escogidas de ch*ngar al prójimo, todos los medios que tiene el ser humano para degradarse y ponerse a nivel de las bestias. Como pornográfica, la Biblia le da 20 y las malas a toda la obra del Divino Marqués. Iba a decir que también es el más machista de los libros religiosos, pero mentiría. Esa dudosa distinción pertenece al Corán. Como ejemplo, apuntemos que en el paraíso mahometano se les permite la entrada a los caballos, pero no a las mujeres.

El machismo del Antiguo Testamento tendría cierta justificación, porque la sociedad judía del siglo primero A.D.E.C, que fue la época en que se escribió, era inflexiblemente patriarcal.

Dadas las enseñanzas de Jesús, y su relación con las mujeres, los cristianos debieron ser más inclusivos, pero no fue así. La Iglesia católica, la secta cristiana con más adeptos -aunque ha estado perdiéndolos continuamente durante los últimos cinco siglos- sigue siendo la institución andrócrata por excelencia. Los Gobiernos abren la puerta al talento y la sensibilidad femenina; los Ejércitos las incluyen, cada vez en mayores cantidades y con mayor éxito. La paridad de género en los parlamentos y la administración pública es constitucional en todas las democracias, pero el catolicismo solo acepta a las mujeres como devotas, siervas y últimamente, como muestra de la ilimitada generosidad y el liberalismo ilustrado de ese gran reformador de la Santa Madre que es el Santo Padre, como lectoras de homilías en la misa.

Esto se refleja en muchas de las palabras que escucharemos en estos días, como en todas las Semanas Mayores, y que se repiten y se han repetido tanto, “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace”. Sería, según Lucas 2:14, el mensaje con el que los ángeles anuncian el inicio de la vida del mesías que 33 años después la perdería, colgado de una cruz situada a apenas a 10 kilómetros -aproximadamente la distancia del Zócalo al Museo de Antropología- del legendario pesebre. Así que paz en la tierra a los hombres en quienes él se complace: ¿Y las mujeres? ¿No se complace la deidad en las mujeres, quienes son su obra perfecta?

(Por cierto: he preguntado a varios teólogos acerca de la posibilidad de que Dios sea mujer. La mayoría responde que en toda la Biblia se puede poner “Ella” en lugar de “Él “ y no pasa nada).

Viene todo lo anterior al caso porque, con motivo de la Semana Mayor, y dadas las precarias condiciones de la paz en el mundo, empeoradas por el terrorismo y la crisis de los refugiados, seguramente la cita lucana proliferará. Escuchémosla respetuosamente, pero añadámosle en nuestro corazón todo lo que le falta: paz también a las mujeres, a los niños, a la naturaleza. Paz también en la educación, en la economía, en la política, en las elecciones que se aproximan…

Buenos días. Buena suerte.

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