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Mujeres que en la historia y la literatura evitaron la guerra y propiciaron la paz

  • Acordanza: Tere Ponce De León

Mi amiga Beatriz Lobo, presidenta de las Mujeres Líderes Internacionales, un poco antes del Congreso internacional que organizó con el tema de “La Mujer de hoy y su responsabilidad para el logro de la Paz” me pidió que le diera algunos ejemplos de mujeres en la historia y en la literatura que evitaron la guerra y propiciaron la paz… Encontré en mi biblioteca unos ejemplos muy divertidos y otros muy conmovedores que ahora comparto con ustedes, queridos lectores… El primero que se me vino a la mente es la comedia Lisistrata, del griego Aristófanes, quien escribió esta jocosísima obra hacia fines del siglo IV antes de Cristo, en 413, año en que el ejército de Atenas había sufrido un gran revés en las guerras del Peloponeso y el ejército de Esparta amenazaba con atacar la ciudad de Atenas… Por esta guerra civil -que por cierto marcó el fin de la Grecia clásica, las mujeres griegas se encontraban privadas de sus maridos -el sostén del hogar-, o lloraban a sus hijos muertos…También se encontraban empobrecidas. ¿Qué podían hacer para dar fin a la calamidad de la guerra?… Encabezadas por Lisistrata, en la comedia de Aristófanes, deciden recurrir a una huelga de sexo… En esta guerra hogareña, Lisistrata hace un acuerdo con las mujeres de Atenas y de otras ciudades griegas, inclusive con las de Esparta, para no hacer el amor con sus hombres. Toma por asalto la acrópolis de Atenas y obliga a los varones griegos, ayunos del amor de sus mujeres, a pactar la paz. La enseñanza que nos propone Aristófanes es que el hogar es de dos, cuando afirma en esta obra “Gozo que no es a dúo no es gozo para el macho”… Sin hogar no hay patria, si en el hogar falta el hombre o se pone en huelga la mujer, tampoco hay paz… Otro ejemplo de mujeres que propiciaron la paz, no los proporciona el escritor latino Plutarco en sus “Vidas Paralelas” En la biografía de Cayo Marcio Coriolano, relata que fue un gran general romano, cuya vida transcurrió en tiempos de la República, allá por el siglo V antes de nuestra era. Coriolano sobresalió en la guerra contra los volscos de Corioli, ciudad vecina a Roma… Debido a esa victoria Cayo Marcio recibió el sobrenombre de Coriolano… Por razones políticas, Coriolano fue exiliado de Roma. Entonces se refugió con los volscos y, para vengarse de quienes lo expulsaron, pactó con ellos una guerra en contra de Roma… Habiendo llegado a las puertas de esta ciudad con el propósito de incendiarla y saquearla, las matronas de la ciudad, encabezadas por su madre Volumnia y por Venturia, su esposa, salieron a su encuentro para convencerlo de no atacar a su patria… Decidida, Volumnia le dice que “si combate a Roma pasará sobre su cadáver” y razona: “pues no debo aguardar el día en que, o triunfan los ciudadanos de mi hijo, o él triunfa de la Patria. Y si yo te propusiera que salvaras a ésta con la ruina de los volscos, la prueba sería para ti, oh hijo mío, ardua y difícil; porque el destruir a tus conciudadanos no es honroso, y el hacer traición a los que de ti han confiado es injusticia, mas ahora la paz que te pedimos es saludable para todos”. Doblegado por las palabras de su madre, Coriolano se retira, sabiendo que los volscos le dará muerte… William Shakespeare tomó el relato de Plutarco y escribió una de sus últimas tragedias, y Beethoven compone una obertura sinfónica sobre este personaje. (Aunque debo aclararles que Beethoven para su obertura no se basó en la tragedia shakesperiana, sino en el drama que sobre Coriolano escribió el jurista y poeta alemán Heinrich Joseph von Collin, a quien se la dedicó expresamente… Otro ejemplo ya legendario, es el de Santa Genoveva, Patrona de París, en el siglo V después de Cristo… Resulta que cuando París se llamaba Lutecia, en el 451, habitaba en esa isla-ciudad en medio del Sena, en la Galia, una virgen cristiana dedicada al servicio de Dios y del prójimo llamada Genoveva… Atila, el mongol rey de los Hunos y azote de Europa, se acercaba con sus sanguinarias huestes a las puertas de la ciudad… El miedo era grande entre los lutesios porque se decía de este bárbaro que “donde él pisaba no volvía a crecer la hierba”… Traía cien mil guerreros dispuestos a sitiar Paris… Muertos de miedo, los parisinos estaban huyendo de la ciudad. Pero gracias a su fuerza de carácter, Genoveva los convenció de no abandonarla ni entregarla a los hunos, con estas palabras ya célebres: “Que los hombres huyan, si lo desean, si no son capaces de luchar más. Nosotras las mujeres, rogaremos tanto a Dios que él atenderá nuestras súplicas”… Efectivamente, Dios oyó sus ruegos porque Atila, intempestivamente y sin ninguna causa aparente, decidió no sitiar París y dirigirse a Orleans… Por este milagro y por otras acciones siempre a favor de la paz de su ciudad, a su muerte, Genoveva fue declarada santa y Patrona de París… Cerraré este recuento con la historia de la Reina Clotilde, otra santa francesa de finales del siglo V después de Cristo. Ella fue esposa de Clodoveo, el rey de los Francos, con quien caso en 492, D.C. y fue el factor decisivo para la paz de su reino, pues dos de sus hijos: Clotario I y Childeberto I peleaban la gran herencia que dejó su padre… Ambos se declararon la guerra y cuando ya estaban listos sus ejércitos para entrar en batalla, Clotilde se dedicó a rezar fervorosamente por la paz, pidiendo a Dios por la reconciliación de los dos hermanos. Dice la leyenda que antes de la batalla estalló una tormenta tan espantosa que ambos ejércitos tuvieron que alejarse sin de recibir la orden de ataque. Entre tanto Clotario y Childeberto hicieron las paces y fueron con su madre la Reina Clotilde, a prometerle que se tratarían como buenos hermanos y no como enemigos…