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Mundo Económico

  • Enrique Vera

  • Enrique Vera Estrada
  • La perspectiva de la economía mexicana

Para este 2016 se puede ver que los motores de nuestra economía se encuentran apagados. El gasto público está en una fase descendente (por el desplome de los precios del petróleo) y no se ve que pueda incrementarse en lo que resta de este sexenio.

Por el lado de la inversión privada, se puede advertir que se encuentra paralizada, si se observan los indicadores de la inversión fija bruta, tales como las maquinarias, el equipo productivo, y sobre todo la inversión en construcción. Este hecho nos hace ver que la confianza de los empresarios en el futuro del país no es la mejor.

Por su parte, las exportaciones al mercado estadunidense están en cierta forma aletargadas, a pesar de la depreciación de nuestra moneda. Muchos analistas establecen que para finales de este 2016 el peso cerrará en 20 unidades por dólar. Y a pesar de esta depreciación de nuestra moneda (que abarata enormemente nuestras exportaciones al exterior) es un hecho que las exportaciones de manufacturas, que constituyen más del 85 por ciento de lo que se vende al exterior, no están creciendo a los niveles esperados. Por tal motivo, a mí me parece sorprendente que a pesar de la depreciación cambiaria, el déficit en la cuenta corriente haya crecido a un nivel del 3 por ciento de nuestra renta nacional en este año. Por su parte es claro que cuando se presenta tal déficit en la cuenta corriente, el país compra más de lo que vende al extranjero. Por eso no es entendible que a pesar de los bajos ingresos que hay en nuestro país, las importaciones crecen sin parar. Y en este punto es importante también hacer notar que la depreciación progresiva de nuestra moneda debería de propiciar una reducción en las compras al extranjero. Ya no se da el escenario en que había sobrevaluación del tipo de cambio, que en muchas ocasiones hacía que fuera más barato comprar del extranjero que producir en forma doméstica muchos bienes y servicios, pues con un tipo de cambio muy fuerte se abaratan enormemente las importaciones. Eso sucedió en la década de los años 90 en nuestro país, y fue el responsable que  se disparara el déficit en cuenta corriente. Pero en este 2016 no se da tal situación, y el peso mexicano es muy débil y está sujeto a la volatilidad económica internacional. El reciente anuncio del Brexit y la crisis económica mundial ha hecho que los inversionistas se hayan refugiado en la moneda internacional por excelencia –el dólar americano– y por su parte muchos inversionistas e han refugiado en otro tipo de inversión que parece ser infalible: el oro. De esta manera es importante subrayar que el peso, según la mayoría de los analistas, seguirá perdiendo terreno con respecto al dólar estadunidense, y ello a pesar del “apretón monetario” que ha hecho el Banco de México, el cual ha subido la tasa de interés en dos ocasiones en 50 puntos base, para ubicarse en julio de este año en un rango de 4.25 por ciento. Mientras el dólar siga apreciándose o fortaleciéndose, nuestro banco central se verá en la obligación de subir cada vez más la tasa de interés de referencia, pues ya se sabe que a través de la depreciación cambiaria se puede colar algo de inflación desde el exterior a nuestra economía.

En cuanto a la inflación, es claro que el Índice de Precios al Consumidor está bajo control. La inflación no cerrará a finales de este año a niveles mayores al 3.5 por ciento. Y sin embargo, a pesar del repunte marginal de los salarios y de la caída de los precios, la economía mexicana casi no crece. No creo que la economía nacional crezca a niveles mayores al 2 por ciento en este año. Y nunca se había presentado un sexenio en donde en su primera mitad, la economía mexicana no creciera ni siquiera al 3 por ciento.

Pero la mala noticia es que si bien la inflación a los consumidores es baja, la inflación a los productores es mucho más elevada. En estos momentos se puede ver que dicha inflación es cercana al 6 por ciento. Y ello es debido a que los bienes de capital y las materias primas que se importan del extranjero se han encarecido, debido a la depreciación de nuestra moneda con respecto a la divisa verde. Por tal motivo, el incremento a los precios de los empresarios o productores, junto a los incrementos recientes en las gasolinas y la electricidad, pueden presionar a nuestro banco central a que suba todavía más la tasa de interés. De esta manera muchos analistas económicos esperan otra alza en la tasa de interés de referencia por parte de Banxico. De esta manera la tasa de interés en nuestra economía terminaría en niveles al menos de 4.50 por ciento. Y hay otra presión extra para que Banco de México suba su tasa de interés: la amenaza de la Reserva Federal de los Estados Unidos que seguramente elevará su tasa de interés en al menos 25 puntos base en lo que resta del año. Por esa razón es posible ver que la tasa de interés se incrementará gradualmente, y se seguirá una política monetaria totalmente austera. De esta manera se seguirá con un apretón monetario importante. Y a ello hay que sumar los “apretones” fiscales que hará el Gobierno, quien prefiere desendeudar al país y bajar el déficit público a hacer que la economía crezca por la vía fiscal. Es claro que para 2017 habrá un superávit primario, que hará que la economía crezca menos. Y ese menor crecimiento que yo sostengo es claro de observar en muchos países de América Latina, pues el saneamiento fiscal ha hecho que la demanda agregada se vea disminuida en forma importante.