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Mundo Económico

  • Enrique Vera

  • Enrique Vera Estrada
  • Mayor recorte al gasto público ¿bonanza económica?

 

Parece que la situación económica se complica a mediados de este 2016. En esta semana la Secretaría de Hacienda ya recortó sus estimaciones de crecimiento del PIB, de un rango de 2.6 a 2.2 por ciento. Anteriormente, había situado su pronóstico en una estimación que iba del 2.6 al 3.6 por ciento. En este mismo contexto, es posible ver que se han contratado coberturas petroleras para el 2017, lo cual nos hace pensar que los precios del petróleo seguirán deprimidos en todo lo que resta de este sexenio. El Gobierno de Enrique Peña Nieto tuvo la mala suerte de que se presentaran dos fenómenos que inhibieron el crecimiento y la generación de empleos en el periodo 2012 a 2016: la caída en el precio del oro negro y la volatilidad económica internacional. Sin embargo, yo no me explico el por qué si la economía de los Estados Unidos está pujante y crecerá a niveles cercanos al 2.5 por ciento en este año, ¿ por qué la economía mexicana no está siendo jalada por tal bonanza de la economía de nuestro vecino del Norte? Es un hecho que ni la inversión privada , ni el gasto público (que ya acumula en todo lo que va del sexenio un recorte totalizado de 460 mil millones de pesos), ni las exportaciones (a pesar de la depreciación del tipo de cambio y ese mayor poder adquisitivo en Estados Unidos) no contribuyó en mucho al crecimiento nacional.

Pero bueno, el tema de este artículo se refiere a una declaración de un importante organismo empresarial mexicano del sector privado, que ha propuesto que se recorte todavía más el gasto del Gobierno, para conseguir un superávit primario de 1.5 por ciento del PIB. El recorte o el “tijeretazo” al erario federal sería de al menos 250 mil millones de pesos para el año que viene. Mis reflexiones respecto a tal postura de dicho organismo empresarial mexicano son las
siguientes:

En primer lugar, yo no estoy de acuerdo que se utilice la expansión del déficit público para hacer crecer a la economía de nuestro país. Durante la década de los años 70, en pleno periodo populista, se utilizó el déficit presupuestal y la bonanza petrolera para poder crecer.

Sin embargo las consecuencias fueron claras: el déficit público fue causante de inflación y de desequilibrios fuertes en la balanza de pagos. De esa forma, muchos economistas ya han llamado como un Gobierno “responsable” al de Peña Nieto al decir que no ha incrementado ni la deuda externa ni la deuda interna de nuestro país.

En segundo lugar, yo creo que no es momento para tener superávits fiscales en un momento en que la economía nacional está prácticamente estancada. El querer tener ese 1.5 de superávit como porcentaje del PIB es hacer que el gasto público ya no sea un impulsor del crecimiento, sino más bien un elemento de contracción para la economía mexicana. El argumento de utilizar esos ahorros para pagar la deuda externa simplemente no es aceptable. Es el peor momento para tratar de desendeudar al país. La reducción de los pasivos externos se puede dar cuando la economía muestra un fuerte crecimiento y se generan excedentes con que pagar lo que debemos al extranjero. Sin embargo, tal organismo empresarial ya mencionado establece que a pesar del recorte del gasto público y a pesar de la fuerte austeridad con que se vive, se pide que el país viva con mayor austeridad. Yo creo que eso no es aceptable ni tampoco es un hecho de irresponsabilidad el rechazar que se tenga tal superávit para el 2017, pues como se sabe la deuda externa de México es relativamente baja, y equivale a un 3.5 por ciento de nuestro producto o renta nacional. Por tal motivo, la política fiscal contractiva que propone tal organismo hará que tengamos una menor deuda externa , pero a costa de sacrificar grandes cantidades de consumo público y de no realizar importantes obras de infraestructura que necesita el país. De la misma forma habría grandes recortes a los rubros de salud y de
educación.

En tercer lugar, es claro que sólo el consumo del sector privado ha mostrado una tendencia satisfactoria en este 2016. La economía mexicana se está basando en los gastos que hacen las familias, desde alimentos y ropa, hasta automóviles parta evitar una contracción fuerte. De esta forma queda claro que es indispensable que los mexicanos sigamos gastando lo más posible para mantener el ritmo de la economía (que no es el todo bueno) y para evitar que se pierdan empleos.

En cuarto lugar, ante el recorte del gasto público es evidente que se le está apostando a la Inversión Extranjera Directa (IED) para detonar el crecimiento. Sin embargo, ya está comprobado que no es del todo sano que se le apueste al capital extranjero para tener bonanza económica. Eso ya lo vimos en la última gran devaluación, hace 20 años, en donde el país le apostó a la entrada de dólares de Estados Unidos para financiar el ritmo de nuestro sistema económico. ¿Cuál fue el resultado final? Que el país se encontró en una total vulnerabilidad por depender de la entrada de inversión extranjera, y en cuanto se fugaron dichos capitales se dio la catástrofe económica. Es por eso que yo pienso que el crecimiento debe de estar sustentado en bases endógenas y nunca en la inversión extranjera, que es volátil, y que puede abandonar el país en cualquier momento. Sin embargo, la crisis de insolvencia quizás ya no se dé en estos momentos, pues se cuentan con muchos dólares en las reservas internacionales para pagar la inversión que hacen los extranjeros en nuestro país.